Mi otra “La escarpada subida”

«Hace falta una revolución en IU»

Mayo 8, 2008 · Dejar un comentario

Entrevista a Alberto Arregui

Jordi Escuer / Nuevo Claridad

Alberto Arregui es miembro de la Permanente Federal de IU y miembro de la redacción de Nuevo Claridad. Tras las elecciones se ha opuesto a la Comisión elegida en la Presidencia Federal. En esta entrevista recogemos su valoración de los resultados electorales y la crisis de IU.

¿Cómo ves la situación de IU tras los resultados electorales de IU del 9-M?

Los resultados de las últimas elecciones muestran una crisis de IU que nos sitúa en el límite de nuestras posibilidades de supervivencia como proyecto político. No es sólo una crisis electoral, ni ha aparecido como un rayo en un cielo azul, es un paso más, pero un paso cualitativo, en un proceso de crisis permanente de nuestra organización que viene deslizándose hacia este desastre desde las elecciones de 1996.

¿Crees que el bipartidismo, la injusta ley electoral y/o el papel de los medios de comunicación explican el retroceso de IU?

La crisis de IU claro que puede justificarse con la propaganda bipartidista, el papel de los medios de comunicación, la ley electoral… pero estos factores siempre han existido en menor o mayor grado, y darles un carácter absoluto sólo nos llevaría a proclamar la imposibilidad de construir una alternativa anticapitalista, y claro, desde esa perspectiva sólo nos quedaría ser “exigentes e influyentes” con la socialdemocracia (como ha hecho un sector de la dirección de IU estos años), o incluso abrazar la fe neoliberal (como ha hecho públicamente Angel Pérez).

Nuestra tarea no consiste en justificar unos malos resultados sino que tenemos que estudiar y comprender los procesos sociales y políticos de fondo, y sus efectos en la sociedad. Asimismo debemos valorar si nuestra actuación política ha tratado de hacer frente a la presión a favor del sistema, que domina la sociedad, o nos hemos dejado arrastrar por ella. ¡No se ha tratado de un “tsunami bipartidista”, irresistible, inevitable e imprevisible! Más bien ha sido un oleaje que ha barrido nuestra costa durante años, y las direcciónes de IU -tanto federal como de las federaciones principales- en lugar de ponerle remedio ha dejado cada vez más debilitada la organización, en lugar de prepararse para luchar contra el bipartidismo (que desde luego existe), se ha debilitado en todos los frentes, en el de las alternativas políticas, en el de la movilización y en el de la militancia de base. Porque si fuerte es la caída de votos, más fuerte es, proporcionalmente, la caída de actividad de nuestras organizaciones de base.

¿Cómo caracterizas la crisis que padece IU?

Debemos decirlo claro: ¡la crisis de IU es, ante todo, una crisis de dirección! Pero usando el término dirección en su sentido más amplio: quienes han compartido las tareas de dirección y determinado las decisiones de IU en la última década en el ámbito federal. Necesitamos direcciones que sumen, que multipliquen la fuerza de la organización, y hasta ahora hemos tenido direcciones que restan, que desgastan. Y no es sólo una cuestión de Gaspar Llamazares, o de la dirección federal. Es mucho más amplio; el nivel de burocratización se ha reproducido y a veces es más penoso aún a escala local (como en el caso patético de la ciudad de Madrid).

Es también una crisis de incapacidad de análisis político: se dijo que los resultados de las elecciones municipales demostraban la fortaleza y recuperación de IU, cuando era todo lo contrario. Se han buscado tablas de salvación en la entrada en los gobiernos de Euskadi y Catalunya, o en pactos municipales, para «tocar poder» a cualquier precio.

Es una crisis, en definitiva, que muestra el fracaso de un concepto de hacer política, siempre determinados por la política del gobierno del PSOE, siempre profesionalizados, sometiendo la organización a los grupos institucionales, contando con las bases sólo para las campañas. Y es una crisis agravada por una dirección que ha sido incapaz de dar la voz a la militancia, de garantizar la democracia interna. Los derechos de los militantes han sido violados incluso en sus aspectos más elementales en casos flagrantes como Madrid, Asturias, Salamanca…y, como broche final, la dirección federal se unió a esta praxis antidemocrática de algunas direcciones regionales y pretendió torcer la voluntad de la militancia del País Valenciano, abriendo un capítulo más de crisis interna en la víspera de la campaña electoral y empezando una purga en la Permanente Federal.

¿De dónde puede venir el impulso vital que cambie la dinámica descendente en la que parece atrapada IU?

IU muestra una dirección, en sentido amplio, totalmente agotada, y sólo una revolución interna, desde las Asambleas de Base puede dar a este proyecto el aire fresco que necesita. Un cambio de abajo a arriba, en el sentido más literal de la expresión: todos los implicados en la política de IU en los últimos años deben apartarse de cualquier cargo dirigente en la organización, y poco a poco, también, de los cargos públicos.

Sólo de estas organizaciones de base puede venir la recuperación de IU como lo que es: la expresión de una necesidad política, de un arma de lucha contra el sistema, no podemos admitir que IU sea un apéndice crítico de la socialdemocracia, ni una plataforma para llevar a las instituciones a políticos que viven de esto.

¿Cuál crees que debería ser el eje político de esa revolución interna?

La definición anticapitalista, por la transformación socialista de la sociedad, la planificación democrática de la economía a través de la propiedad social de los principales medios de producción y financieros debe constituir la columna vertebral de la política de IU. No puede ser una declaración a guardar en un cajón. Tiene que impregnar nuestra política cotidiana, por ejemplo exigiendo la nacionalización de los sectores financieros y de los grandes monopolios empresariales, de forma inmediata. O exigiendo la existencia de empresas públicas de la vivienda, oponiéndonos a financiar la enseñanza privada o la sanidad privada con un sólo euro público, y tantas otras cosas.

Pero no basta con eso, debemos acompañarlo con una renovación de todos los equipos de dirección y con una estricta democracia interna. Está en los estatutos de IU, pero casi nadie lo cumple: la asamblea es el marco de donde deben partir las decisiones, de abajo hacia arriba. Ahora es justo al revés. Esa sería la revolución: todo el poder a las asambleas.

En la reunión de la Presidencia votaste en contra de la composición de la Comisión que debe preparar la próxima Asamblea Federal, ¿por qué?

Porque es un apaño entre los de siempre que deja a la base al margen. Si se dice que en la Comisión tienen que estar las Federaciones representadas no es aceptable que estén unas sí y otras no. O todas o ninguna. Sin embargo solo estarán 10.

IU no puede ser una unión de reinos de taifas, tal como sucede en la actualidad, ni puede aceptar que las direcciones apoltronadas, de dos o tres federaciones fuertes, «se pongan de acuerdo» para controlar la organización. IU tiene que ser una auténtica organización federal, con verdadera solidaridad interna, además de asumir su defensa de un Estado federal, plurinacional y republicano.

¿Por dónde empezarías tú esa revolución interna que preconizas?

Los censos deben limpiarse de abajo a arriba, el sistema es sencillo: se abre un período de inscripción para la participación en la Asamblea Federal, con una firma presencial y el abono de una cuota extraordinaria para sufragar este proceso.

Exigimos una renovación completa de las direcciones y de los representantes en las instituciones y que se aplique una severa incompatibilidad de cargos públicos con cargos de dirección en la organización. Los grupos institucionales deben trabajar no sólo de acuerdo, sino bajo la dirección de los órganos de IU en sus ámbitos territoriales. Debemos acabar con los privilegios de una élite. Os pongo un ejemplo: alguien puede no venir nunca a los órganos de dirección a trabajar y discutir, pero sí dispone de un cargo público, por ejemplo alcaldesa de una ciudad o portavoz de un grupo institucional, hace declaraciones a la prensa diciendo lo que quiera acerca de IU, sin someterse a ningún control democrático. Esto, además de lo que supondría de deslealtad, sería trasladar el esquema burgués de «la democracia» a la vida política en IU, y es inadmisible.

¿Crees que esa revolución interna puede garantizar el futuro de IU?

En última instancia, la crisis de IU es un resultado de los procesos en la sociedad, especialmente tres. En primer lugar la vuelta al capitalismo en los paises del Este de Europa, la vieja URSS y China, que ha tenido un efecto desmoralizador y ha agudizado la crisis ideológica de la izquierda. A esto debemos unir, algo relacionado, un largo período de auge económico capitalista que ha llevado a muchos dirigentes de la izquierda —incluida IU— a «aceptar» el capitalismo como el único sistema posible. Y en tercer lugar la falta de movilizaciones sociales, en gran medida como consecuencia de los anteriores factores objetivos y subjetivos.

Por tanto, en definitiva, sólo de la movilización en la sociedad, de los jóvenes, de las mujeres, de las familias obreras, puede venir un cambio social en el que podamos basarnos para poder convertirnos en una fuerza decisiva. Por supuesto, la condición es recuperar la confianza en la transformación socialista de la sociedad. Todo esto no se hace en un par de días, pero es una necesidad ineludible.

La condición previa para ello es la movilización interna, una verdadera revolución en IU, un cambio que coloque la lucha por la transformación social por delante de cualquier otro interés, que no frustre todas las energías y esperanzas depositadas en IU, sino que sea capaz de convertir el apoyo social que aún tenemos, de casi un millón de votos, en una palanca poderosa de transformación social.

Categorías: 1 · Izquierda Unida · Izquierda revolucionaria/transformadora

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