Mi otra “La escarpada subida”

Entradas de Marzo 2008

Izquierda Unida: ¿por qué es necesario un proyecto autoinstituyente?

Marzo 28, 2008 · 1 comentario

Manuel Monereo Pérez y Ginés Fernández González

Habría que hacer un esfuerzo por cualificar bien qué tipo de crisis vive IU y, desde este análisis, buscar la alternativa para un proyecto que, en muchos sentidos, sigue estando vigente y, hasta cierto punto, más necesario que nunca. IU, no hay que engañar ni engañarse, vive desde hace tiempo una crisis de proyecto. La derrota de 2.004 fue una demostración más (que no la única ni siquiera la más importante de esta crisis) y los resultados electorales últimos expresan lo que podríamos llamar “una crisis en la crisis”.

Cuando hablamos de crisis de proyecto queremos decir, en primer lugar,que se ha producido un cambio sustancial de estrategia política. La conversión de IU en el ala izquierda del zapaterismopone de manifiesto el sometimiento a las lógicas políticas y mediáticas dominantes y evidencian elagotamiento, esperemos que temporalmente, de su carácter alternativo en su doble faceta: a las políticas neoliberales y a las formas de hacer política en estas democracias demediadas y crecientemente oligárquicas.

En segundo lugar, su progresiva institucionalización y burocratización. Resulta paradójico, pero es verdad: con apenas tres diputados y una menguadísima representación institucional y con gravísimos problemas económicos, IU ha centrado toda su actividad en sus relaciones privilegiadas y preferentes con el PSOE y el trabajo en las instituciones. Su implantación en la sociedad y su actividad en los movimiento sociales realmenteexistentes han quedado relegadas a un plano secundario y a la actividad espontánea de sus militantes. La actividadpolítica única de la organización, nos referimos a las impulsadas por la dirección federal, ha consistido en preparar las diversas campañas electorales y en ganar, por cualquier medio, poder interno, aún a costa, como pasó en la federación valenciana, de agudizar la crisis y propiciar su ruptura. No se ha tenido en cuenta que una fuerza como IU, precisamente porque quiere luchar de verdad contra el bipartidismo, tiene que ganar influencia social, relación con los movimientos (específicamente con el movimiento obrero) y protagonizar el conflicto de clases.

En tercer lugar, íntimamente unido a lo anterior, IU vive una crisis orgánica sin precedentes. Las organizaciones de base languidecen y apenas si tienen actividades relacionadas directamente con los ciudadanos y ciudadanas. Esta campaña electoral ha culminado un ciclo: los afiliados y afiliadas apenas si han contado y la estrategia de la misma ha desconectado explícitamente de ellos, de su movilización y de su tensión moral e ideal. Crisis orgánica también en una creciente desintegración territorial del proyecto y eninexistencia de una política común libremente aceptada. El equipo dirigente ya no dirige, gobierna una fracción multicolor que abiertamente conspira contra el propio proyecto y ha pretendido cambiar la naturaleza de IU aprovechando unas singulares primarias y una precampaña electoral que, lo diremos benévolamente, ha supuesto una agudización sin precedentes de la crisis estructural que IU viene anidando desde hace mucho tiempo. En un contexto así, no puede extrañar que centenaresde compañeros y compañeras hayan ido abandonando la organización y que la desmoralización y el desánimo cunda por doquier.

En cuanto lugar, la pluralidad de IU se ha ido reduciendo y ha terminado por hacer emerger las diferencias entre militantes (todos) con carnet del Partido Comunista que se alinean diversa y antagónicamente en el seno de IU. El problema no es de ahora y pone de manifiesto la enorme dificultad de hacer coexistir dos aparatos simétricos y paralelos que, a su vez, se encuentran cada vez más separados política y culturalmente.Gaspar Llamazares y su equipo siguen teniendo el carnet del PCE y muchos de ellos son miembros de su Comité Ejecutivo y de su Comité Federal. Es decir, la pluralidad de IU se ha sustituido por la pluralidad del PCE, haciendo prácticamente imposible que otros colectivos y personas puedan llegar a formar parte de IU en igualdad de condiciones y libres de dependencias.

Por último, la acumulación de crisis ha terminado por generar un verdadero bloqueo de identidad de IU. A estas alturas, los hombres y mujeres de IU no saben muy bien si son la izquierda del PSOE o la izquierda alternativa anticapitalista y con voluntad socialista. No saben si su tarea histórica es cambiar al Partido Socialista o crear las condiciones histórico-sociales para una alternativa de izquierdas en nuestro país. La alianza rojo, verde y violeta que sintetizaba programáticamentela alianza entre el movimiento obrero organizado y los nuevos movimientos sociales emancipatorios, se ha ido convirtiendo en un galimatías absolutamente incomprensible para los no iniciados, donde aparecen ecosocialistas que poco o nada tienen que ver con una perspectiva socialista ycon un ecologismo político digno de ese nombre y donde el pacifismo militante se combina, sin aparente contradicción, con el apoyo a unos Presupuestos Generales del Estado que, entre otros muchos elementos, incorpora un crecimiento imponente del gasto militar y de la investigación y ciencia dedicado a ello. Se ha perdido coherencia programática y emerge un debate ideológico trufado de tacticismo y de verdades a medias que someten a los afiliados y simpatizantes a la confusión y a una interpretación cada vez más esotérica de lo que viene de arriba.

Se podría continuar, pero creo que lo dicho supone una negativa de fondo a cualquier intento de cerrar el debate apenas iniciado y a un reajuste depoderes internos entre las Federaciones más poderosas económica e institucionalmente. De hecho, en los últimos años, esta estrategia ha sido intentada una y otra vez y ha fracasado siempre, precisamente porque ha ignorado el carácter y la profundidad de la crisis de IU y porque ha subestimado la nocividad de las políticas del actual grupo dirigente de IU.

El dato más significativo del que hay que partir es que IU, a pesar de todo, sigue teniendo una apreciable base social y electoral, una red organizativa que abarca prácticamente todo el Estado y un conjunto significativo de cargos públicos locales y provinciales que siguen apostando por IU y su futuro.

Cualquier solución sería a la crisis de IU debe propiciar la participación activa de todos y cada uno de los afiliados y afiliadas de IU y de los miles de hombres y mujeres que simpatizaron o simpatizan con un proyecto que durante muchos años fue una esperanza real para miles trabajadores y trabajadorasy para una ciudadanía cada vez más subalternizada a los poderes fácticos, mediáticos y económicos.

Por lo tanto, lo fundamental aquí y ahora es tener un análisis veraz de lo que nos pasa y crear las condiciones colectivas para la superación de la crisis de IU.Muchos de nosotros defendemos una proceso autoinstituyente de IU, es decir, que los militantes, los afiliados y afiliadas, el soberano,defina las nuevas reglas, los principios y valores y los modos de organizarse y trabajar en la sociedad, haciéndolo de modo abierto e inclusivo, buscando que en el propio debate participen y converjan hombres y mujeres que estén dispuestos a organizarse en un proyecto de la izquierda alternativa. Crear ilusión, salir de uno marcos políticos y organizativos cada vez más limitados debe ser una tarea impostergable para afianzar el proceso. Queremos ser más, organizar más y generar expectativas positivas en una sociedad que vive con unos enormes déficits de izquierdas y que necesita de proyectos capaces de regenerar la vida pública y de mejorar las condiciones de vida y de trabajo de las mayorías sociales. Autoinstituyente, en este sentido fuerte, significa situar en el centro la Política, con mayúsculas.

En definitiva, deberíamos ir a un proceso en dos fases. La primera, la próxima asamblea, tendría como objetivo definir con precisión y claridad la apertura de este proceso autoinstituyente y como hacerlo factible política y organizativamente, creando un equipo colectivo de dirección capaz de atender las enormes tareas políticas pendientes. En este sentido, nombrar un nuevo coordinador general sería cerrar más que abrir el proceso y nos podría llevar a divisiones internas que favorecerían de nuevo las lógicas de poder y la perpetuación de dinámicas que bloqueen una salida en positivo de la crisis.

Una segunda fase, que comenzaría al día siguiente de la Asamblea, tendría como objetivo abrir un debate profundo en la organización y en la sociedad en torno al contenido de la izquierda alternativa hoy, de su programa y de su forma organizativa. Autoinstitución significa, es bueno insistir sobre ello, que del proceso puede surgir la refundación o la reconstrucción de IU o bien la creación de otra cosa; significa que esto se deje en manos del conjunto de la militancia y que el debate irá esclareciendo y definiendo.

IU tiene sentido, pero depende del compromiso moral e intelectual de los hombres y mujeres que seguimos pensando que otro mundo es posible, que el capitalismo no puede ni debe ser el horizonte insuperable de la humanidad y que la emancipación socialista sigue teniendo sentido.

Manuel Monereo Pérez, miembro de Presidencia Federal de IU,

Ginés Fernández González, miembro de la Permanente Federal de IU.

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Entrevista a Enrique Santiago

Marzo 28, 2008 · Dejar un comentario

No hay unidad sin cambio, no hay cambio sin unidad”

Mario Amorós

Rebelión

17-03-2008

El 9 de marzo Izquierda Unida sufrió la mayor debacle electoral desde su fundación en abril de 1986 y retrocedió… 75 años, hasta los registros del PCE de 1933, cuando obtuvo también un diputado, el médico Cayetano Bolívar, por Málaga. Gaspar Llamazares, su todavía coordinador general, será el único militante de IU que se sentará en el Congreso de los Diputados en la próxima legislatura. Con el 3,80% de los votos, Llamazares atribuyó esta derrota política al “tsunami bipartidista” y a una ley electoral muy perjudicial para la tercera fuerza nacional. Sin embargo, en los comicios de 1993 y 1996, también muy polarizados por la crisis del PSOE y un Partido Popular en ascenso, IU, con Julio Anguita como coordinador general y una línea política radicalmente diferente a la actual, conquistó 18 y 21 diputados con la misma ley electoral.

 

En esta entrevista Enrique Santiago, miembro de la Presidencia Federal de IU y secretario de Relaciones Políticas del PCE, analiza el horizonte que se abre a IU en el corto y medio plazo tras el anuncio de Llamazares de renunciar a presentarse a la reelección en la IX Asamblea Federal, que tendrá lugar en junio. En diciembre de 2004, este abogado madrileño encabezó la alternativa en la VIII Asamblea Federal de Izquierda Unida y sólo pudo ser derrotado con un cambio de los estatutos ad hoc que permitió la reelección de Llamazares.

 

- ¿Cómo valora el resultado global de las elecciones generales?

- Estas elecciones han supuesto un paso más en la tendencia de consolidación del bipartidismo en España y simultáneamente la eliminación o reducción de la pluralidad política, en un contexto de fuerte crispación estimulada por el PP, estrategia que le ha reportado a este partido importantes réditos electorales a pesar de no conseguir superar al PSOE. El electorado del PP, ahora ampliado respecto a las elecciones generales de 2004, constituyendo así un importante sector de la población, ha creído el discurso catastrofista de los dirigentes de ese partido: ruptura de España, invasión de inmigrantes, supeditación del Gobierno a las decisiones de la organización terrorista ETA, conspiraciones oscuras detrás del atentado del 11-M…Se consolida así una derecha española aún mas reaccionaria y fuerte si cabe.

Frente a eso, aparece un PSOE consolidado en torno al discurso políticamente correcto y vacuo de Jose Luis Rodríguez Zapatero, quien ha sustituido la ejecución real de políticas sociales redistributivas por una políticas de imagen vacías de contenidos de progreso profundos: Ley de Dependencia sin memoria económica ni recursos para llevarse a la práctica; reducción constante de impuestos a las rentas del capital, empresariales y a las rentas del trabajo más elevadas; debilitamiento de la protección social a los trabajadores mediante reformas del sistema de la Seguridad Social; ausencia de voluntad política para acabar con los privilegios de la Iglesia católica, o para reivindicar la memoria histórica de las victimas de la dictadura franquista…..

En este contexto, Izquierda Unida (y otras fuerzas de izquierda nacionalista) no ha sabido o no ha podido articular un discurso político que fuera reconocido por buena parte de los ciudadanos de izquierda de este país como útil y posible de ser llevado a cabo, no ha sabido ofrecer estrategias de cambio y transformación social en las que los ciudadanos reconocieran una oportunidad de avanzar en el pleno cumplimiento de los derechos sociales reconocidos formalmente en la Constitución, como el empleo digno, el derecho a una vivienda, el fin del “cieneurismo”, la protección social efectiva de los sectores más vulnerables como son los ciudadanos dependientes, los pensionistas, los trabajadores que cobran el salario mínimo, las familias monoparentales…

El hundimiento de IU y la práctica desaparición de su capacidad de incidencia política en el Parlamento facilitará al Partido Socialista un giro aún más conservador en su política económica, una política social y fiscal aún menos redistributiva, su acercamiento a las fuerzas del nacionalismo conservador (o al PP llegado el caso) para pactar los grandes asuntos de Estado. Y también una política internacional más dependiente y supeditada a los intereses norteamericanos (permanencia en Afganistán o aceptación de facto de la independencia de Kosovo), especialmente en América Latina, donde nuestro país previsiblemente adoptará posiciones aún más confrontadas con los procesos de cambios políticos y sociales de progreso que se están produciendo en cada vez más países de esta región, anteponiendo los intereses del capital transnacional de matriz española frente a los de los pueblos latinoamericanos aún inmersos en el subdesarrollo social y económico a pesar de las inmensas riquezas naturales de esos países.

- ¿Cuáles son las causas principales de la debacle de IU?

- Sin duda, el sistema electoral es injusto, pero por sí solo no justifica este hundimiento. Con el mismo sistema electoral, Izquierda Unida obtuvo dos decenas de escaños en el Parlamento no hace tanto tiempo. La mayor parte de la responsabilidad de este descenso corresponde sin duda a la actual dirección de IU, que no sabido ni articular un discurso identificable como útil y de progreso por buena parte de la ciudadanía, ni tampoco pacificar internamente la organización para tener la “herramienta política” en las mejores condiciones para ir avanzando posiciones en el escenario político actual.

Sin embargo, las causas de este desastre sin paliativos no pueden situarse únicamente en los errores de la actual cúpula dirigente de IU, respecto a la cual, por cierto, muchos integrantes de primera línea ahora no se identifican ni reconocen, abjurando de su permanente presencia en la misma. Todos somos responsables en cierta medida. El descalabro actual no ha sido más que el resultado de una línea descendente continua en los resultados electorales iniciada después de 1996, perdiendo en cada elección general en torno a 300.000 votos, los mismos que se han perdido en las elecciones del 9 de marzo, aunque ahora esa pérdida haya supuesto la práctica desaparición parlamentaria de IU a consecuencia de un sistema electoral perfectamente diseñado para perjudicar en especial a la izquierda transformadora de este país.

Todos somos responsables de haber aceptado la conversión de IU, desde el movimiento político y social originario que era, en una mala copia de un partido político clásico con todos los vicios de “aparato” concentrados. Todos hemos aceptado en la práctica la sustitución de la síntesis dialéctica o el consenso como forma de toma de decisiones por la confrontación permanente entre mayorías y minorías, entre distintas familias políticas que en muchos casos han defendido con más pasión su estatus e intereses personales (económicos y laborales incluidos) que políticas realmente de izquierdas y comprometidas con el cambio social.

Todos somos responsables de aceptar dedicar más del 80% de nuestro tiempo de militancia a la discusión interiorizada, a la “fontanería organizativa” y al diseño de sistemas de representación internos aún más injustos que la ley electoral española, dejando sólo para el trabajo político en la calle, en los movimientos sociales, entre los ciudadanos, apenas el 20% de la fuerza militante de nuestra organización. Todos hemos aceptado, aunque en esto evidentemente tienen mayor responsabilidad quienes ocupaban la dirección y por tanto tenían que velar por la legalidad interna, la desaparición o anulación de las normas de convivencia internas y la utilización espúrea y maniquea de las mismas en beneficio propio: exclusiones injustificadas, expulsiones sistemáticas, negativa a cumplir los acuerdos de órganos o comisiones de garantías que pretendían solventar conflictos internos. Aún hoy, y a título de ejemplo, como si nada hubiera ocurrido la noche del 9-M, una importante federación de IU, como es la madrileña, se niega a acatar y hacer cumplir las decisiones de la propia comisión de garantías de IU-Comunidad de Madrid respecto a la obligatoria restitución de la totalidad de derechos de militancia de militantes y dirigentes de Alcalá de Henares “excluidos” por el actual núcleo dirigente de esta federación.

Desde mi punto de vista, un análisis simplista e interesado del actual desastre político que padecemos sería un pésimo punto de partida para intentar recuperar a la tercera fuerza política de este país.

- ¿El descalabro electoral es el fracaso de una línea política y de una concepción de IU?

- Sin duda, es el fracaso de una determinada forma de hacer política que para la derecha o la socialdemocracia puede resultar beneficiosa, pero que nunca lo será para una fuerza que se reclama transformadora desde un serio análisis político y un profundo compromiso ético y militante. A estas alturas, sólo los más obcecados pueden obviar que en el núcleo del actual fracaso electoral se encuentra un discurso político escasamente diferenciado de el del PSOE, o que es escasamente percibida esa diferenciación por nuestro electorado potencial. Lo anterior, sumado a un funcionamiento cada vez más burocratizado e interiorizado, abandonando el vínculo de trabajo con los movimientos sociales que suponían las áreas de elaboración colectiva de IU, se ha constituido en elemento decisivo para caer en el precipicio político en el que ahora nos encontramos.

Nosotros no podemos sustituir la elaboración colectiva y el contacto y presencia real en la calle por manifiestos de artistas e intelectuales, dicho sea con todo el respeto y sincero agradecimiento a quienes entre los anteriores han seguido prestando, contra viento y marea, su apoyo a IU, o por puestas en escena de actos mediáticos con la pretensión de suplantar la convergencia real entre lo político y lo social que debe constituir el motor de IU. La última supuesta “convención programática” de IU, celebrada en el periodo preelectoral, es sin duda una muestra de esto. Muchos han alcanzado la afonía dentro de nuestra organización por reclamar permanentemente un paréntesis en la confrontación interna para poder así centrarnos en dar la palabra a militantes y sectores sociales y políticos objetivamente afines a nuestras reivindicaciones y estrategias, con escaso éxito.

Y de “manual” es el error cometido por al actual dirección de IU tras las primarias de elección de nuestro candidato a la presidencia del Gobierno. Después de recibir el candidato el apoyo casi unánime de todo el Consejo Político Federal, sin causa ni justificación la dirección federal desató en pleno proceso electoral una auténtica caza de brujas que llevo a la “expulsión” de la Comisión Permanente de tres destacados dirigentes federales de IU, así como a la artificial creación de un conflicto en el País Valenciano que nos ha costado más que la pérdida de un diputado por Valencia. Sólo una irracional tendencia suicida de la dirección de IU puede justificar tamaño error de cálculo político y electoral.

- ¿Qué le parece la decisión de Gaspar Llamazares de no optar a la reelección como coordinador general en la próxima Asamblea Federal?

- Es lo mínimo que el todavía coordinador general puede hacer después del descalabro electoral que ha capitaneado, máxime atendiendo a que, en caso de que volviera a presentarse a la coordinación general, sería la cuarta vez que lo hiciera y necesitaría por norma estatutaria más de un 60% de los votos para ser reelegido. Desde un punto de vista estrictamente político, es obvio que el coordinador general y su equipo han fracasado y ello debe llevar aparejados cambios al frente de IU. Ya he dicho que no creo que sea correcto hacer a Gaspar Llamazares el único responsable del desastre electoral, ni tampoco exclusivamente a su círculo más próximo. Las responsabilidades han de ser compartidas, en primera instancia por el equipo extenso de la dirección federal, y, más allá de estos, por todos los que hemos sido parte de la dirección federal en sentido amplio, todos los que hemos sido miembros del Consejo Político Federal, incluso en los casos, como el mío, de quienes no hemos sido miembros de este órgano antes de la última Asamblea Federal de diciembre de 2004.

También creo que no es bueno ni conveniente que la actual dirección siga en funciones hasta la próxima Asamblea Federal, sea cuando fuere, sino que lo correcto sería, al igual que se va a crear una comisión plural que la prepare, proceder a una remodelación absoluta de la actual dirección y garantizar una dirección política plural, unitaria y cohesionada frente a la adversidad para sacar adelante los asuntos cotidianos y los posicionamientos políticos de IU, en un momento clave de la legislatura aún no nacida como es la investidura del Presidente del Gobierno y la posición que IU mantendrá al respecto.

- ¿La pérdida del grupo parlamentario y de la subvención estatal por no haber llegado al 5% para costear el mailing pone en peligro la supervivencia económica de IU?

- Sin duda alguna, éste es otro factor que debe tenerse en cuenta, aunque no creo que en este momento sea lo que más nos deba preocupar, ni mucho menos determinar nuestras posiciones políticas. A fin de cuentas, nos jugamos la desaparición real de IU como fuerza política de ámbito estatal y, ante esa posibilidad, el problema económico o el posible impago de los créditos electorales pasa a ser un problema más para los acreedores que para los deudores.

Distinto es abordar este asunto desde la perspectiva del relanzamiento de Izquierda Unida. Evidentemente, el resultado electoral y la subsiguiente pérdida de ingresos institucionales se nos presentarán en el futuro como un problema añadido para la revitalización de nuestro proyecto, aunque estoy convencido de que, si la vertiente política del problema se soluciona con cordura, unidad y cohesión interna, el problema económico seremos capaces de resolverlo entre todos. Aún existen importantes ingresos económicos de origen institucional en muchas federaciones de IU, tanto por cargos públicos electos como por pertenencia a organismos públicos. La solución a la crisis económica pasaría sin duda por ordenar y hacer más transparentes estos ingresos, redistribuyéndolos de forma solidaria entre todas las estructuras de IU, con especial atención a conseguir que las federaciones actualmente existentes en las llamadas “zonas blancas” electorales pudieran de alguna forma verse beneficiadas por mecanismos económicos de compensación solidaria interna.

- ¿Cómo debe ser el proceso hasta la Asamblea Federal que elegirá a la nueva dirección?

- La próxima Asamblea Federal no va a ser el final de este proceso de reconstrucción de Izquierda Unida, sino que debería convertirse en el inicio de dicho proceso, en el inicio del proceso reconstituyente, o instituyente, de la izquierda transformadora representada hoy por IU. Debe, por tanto, ser un proceso de unidad y cohesión ante todo, en el que todos seamos capaces de aparcar mediocridades y mezquindades, inquinas personales incluidas, y crear un nuevo clima de trabajo basado en la confianza y lealtad mutua entre todos los militantes y dirigentes, que para eso somos compañeros de proyecto político y nunca enemigos, ni siquiera adversarios.

Es fundamental garantizar que se escuche la palabra y la voz de la militancia de IU, especialmente de la que todavía no está “contaminada” por su participación en las guerras cainitas que hemos vivido en los distintos órganos de dirección. IU debe ser una fuerza política mucho más participada por su militancia y donde el peso de los dirigentes -que evidentemente no hemos dado la talla política, ni hemos estado a la altura de las circunstancias en los últimos años- disminuya frente al peso de los militantes, tanto en la próxima Asamblea Federal como en el futuro funcionamiento de todos los órganos de dirección.

Sería muy aconsejable una profunda renovación de los equipos dirigentes tanto federal como de las federaciones, empezando por mí mismo, y dando paso a nuevos equipos dirigentes más convenientes para encarar la reconstrucción del proyecto de la izquierda transformadora española, proyecto que sigue siendo IU. No hay unidad sin cambios y no habrá cambios sin unidad. Esta organización está necesitando urgentemente ambas cosas, unidad y cambios profundos.

IU debe ser el embrión de la recuperación política de la izquierda transformadora y anticapitalista española, sin descartar que al final de ese camino de la actual IU nazca una fuerza política diferente, un verdadero movimiento político y social con verdadera influencia política y capacidad de realizar los profundos cambios que nuestra sociedad demanda. Lo de menos entonces será la denominación de esa fuerza política.

- ¿Qué papel deben jugar los comunistas en este proceso?

- Los comunistas hemos sido el embrión, el impulso y el alma -en sentido figurado, obviamente- de Izquierda Unida y así deberá seguir siendo tanto en este proceso de recuperación de IU que estamos iniciando como en cualquier proyecto futuro de estructuración de un proyecto de izquierda alternativa y transformadora que contribuya a mejorar las condiciones de vida de todos aquellos que viven y trabajan en nuestro país, apostando por un modelo económico solidario, anticapitalista, y por una profundización de la democracia.

La revitalización y el fortalecimiento del PCE sería una buena noticia para IU y para el proyecto de la izquierda transformadora española. Nuestro Partido debe recuperar su papel de intelectual colectivo, de escuela de cuadros políticos, y ganarse el reconocimiento como un sector de vanguardia dentro de la izquierda anticapitalista de este país. Ello no significa que debamos hegemonizar IU en solitario y excluir a otros sectores del pensamiento de la izquierda alternativa que en estos años, siendo copartícipes del proyecto de IU, han ganado sin duda un claro reconocimiento social y político por su leal compromiso, esfuerzo y trabajo en IU.

Particularmente, me siento muy orgulloso de esa pluralidad y de los espacios de normalización política que se han generado en torno a la convivencia de esa pluralidad de ideas de la izquierda anticapitalista en IU. Creo que han quedado superados enfrentamientos históricos, como por ejemplo las pugnas entre la Tercera y la Cuarta Internacional que tanto daño hicieron a la causa del socialismo durante el siglo XX.

- ¿Qué ideas aportará usted al debate colectivo con la militancia para la recuperación de IU?

- IU debe situarse claramente ante la sociedad como una fuerza anticapitalista, que cuestiona el actual modelo de producción y de vida por ser no sostenible y ser pernicioso para la supervivencia del planeta. No es posible generalizar el sistema de bienestar social que disfrutamos en el Primer Mundo, basado en un consumo irresponsable, superfluo y excesivo, al resto del planeta sin antes cambiar las relaciones económicas y sustituir el “libre mercado” por un control público y social de la economía. No es posible salvo que conscientemente asumamos la destrucción de nuestro planeta y la pobreza estructural que afecta a las tres cuartas partes de la población mundial.

IU debe apostar claramente por la profundización democrática, por métodos participativos de ejercicio democrático para los ciudadanos, por la elegibilidad de todas las instituciones y poderes reales del Estado, incluyendo aquéllos que nunca se han sometido al veredicto de las urnas, como es la Jefatura del Estado, el poder económico o el poder mediático.

IU debe exigir, y conseguir para los ciudadanos, el pleno cumplimiento de los derechos sociales contemplados por nuestra Constitución y por las declaraciones internacionales de derechos humanos. Ése debe ser el eje de nuestra política y condicionar cualquier posible política de alianzas, tanto en la calle como en las instituciones.

IU debe propugnar un Estado Republicano, Federal y Unitario, donde las tensiones nacionalistas desaparezcan al crearse un marco superador de las mismas en las que todos los ciudadanos se sientan libres y sean realmente iguales, consolidando así el sentimiento de pertenencia a un proyecto común de país

IU debe ser refundada con todos los activistas de la izquierda transformadora que están hoy en nuestras filas y con todos aquéllos que por hastío han ido abandonándolas. Igualmente, con todos aquéllos que objetivamente deberían estar organizados en nuestras filas. Debemos abrirnos a nuevas incorporaciones y sobre todo a la reincorporación de todos aquellos compañeros y compañeras que por aburrimiento o frustración abandonaron nuestras filas en los últimos tiempos.

IU debe funcionar con base en la construcción de síntesis dialécticas o consensos como método de toma de decisiones. Debe ser una obligación incluso estatutaria, como único mecanismo que permita la desaparición de intereses personalistas y su sustitución por los intereses del colectivo. Igualmente, este método posibilitará que todos nos sintamos más o menos cómodos con los acuerdos adoptados por reflejarnos en ellos de alguna manera, a la vez que impedirá que cualquier acuerdo sea permanentemente cuestionado por quienes, en una dialéctica de mayorías y minorías, se sentirían perdedores de uno u otro debate. La construcción de una sociedad más justa, del socialismo, no requiere de “perdedores” o “ganadores” en las filas de IU, sino sólo requiere construcciones colectivas, asumidas como tales.

IU debe funcionar de hecho como un movimiento político y social, con cauces internos que permitan la participación de los no militantes y de todos los militantes en sus órganos de dirección. Debemos construir la convergencia de la izquierda real de este país con los movimientos sociales alternativos. Sería conveniente abrir un nuevo proceso de adscripción individual a Izquierda Unida, donde pudieran participar los actuales militantes, los que lo fueron, los expulsados, los sancionados, todos aquellos a los que se les ha privado arbitrariamente de derechos de militancia. Así acabaríamos con la polémica y falta de legitimidad actual respecto a los censos internos de militancia. Borrón y cuenta nueva: nuevos censos para un nuevo periodo.

IU no necesita un coordinador o coordinadora general en este periodo, al menos hasta que el proyecto se haya revitalizado, máxime sabiendo que hasta dentro de tres años no afrontaremos el primero de los grandes retos electorales futuros: las elecciones municipales y autonómicas. Parece conveniente apostar por un órgano de coordinación colectivo que asuma las tareas de la coordinación general, al menos durante un periodo prudencial que concluya, más o menos en un año, en otra Asamblea Federal que evalúe el proceso de reconstrucción emprendido. De esta forma, evitaríamos que la próxima Asamblea se convirtiera, prima facie, en una disputa de “familias” por la coordinación general.

Y finalmente, la solución a los problemas actuales de IU no es la sustitución del actual equipo de dirección por otro heredado de la actual situación de degradación organizativa y descalabro electoral y corresponsable de ella o simplemente elegido en confrontación con otra parte de la organización.

Es imprescindible desterrar la dinámica de “mayorías” frente a minorías. Sólo la cohesión y la síntesis dialéctica o el consenso nos permitirán salir de esa situación y reconstituir una herramienta fuerte para operar las transformaciones sociales en las que creemos y que por cierto están realizándose en otros pueblos, muchos de ellos cultural e históricamente muy cercanos a nosotros. Sería un error apostar por una “nueva mayoría” en un momento de excepcionalidad como éste. La única mayoría posible es la que aglutine a prácticamente el 100% de la militancia, fundada en ideas y estrategias construidas de forma dialéctica por toda IU.

- De la crisis del PCE en 1982 y las movilizaciones por la salida de la OTAN nació Izquierda Unida, quien durante una década recuperó el espacio que llegó a tener el Partido en la Transición. En 1994-1996, IU llegó a plantear incluso el sorpasso, disputar la hegemonía al PSOE en el espacio social y electoral de la izquierda. ¿Es posible recuperar Izquierda Unida como un proyecto de convergencia de quienes luchan por la transformación de la sociedad?

- No me cabe ninguna duda. La sociedad española, europea, nuestro planeta, si quieren sobrevivir y acabar con las injusticias, las guerras y la destrucción de nuestro entorno, deben apostar por una fuerza como Izquierda Unida, llámese así o de otra forma. Quienes han fracasado hemos sido las personas, no las ideas.

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Votos ¿para qué política?

Marzo 27, 2008 · Dejar un comentario

Victor Casco  

Un comentarista de este blog me pregunta si los militantes de IU prefieren hacer política o tener votos. Más allá de la formulación de una pregunta algo extravagante, que podría tener una respuesta bastante lógica: votos para hacer política de izquierdas, lo cierto es que en los argumentos de “neopirate” lo que subyace es una concepción de la izquierda más allá del PSOE o a la izquierda del PSOE que yo combato.

Empecemos por plantear que concepción existe en el PSOE sobre las formaciones a su izquierda:

1. Durante la etapa de Felipe González, especialmente tras el giro a las políticas neoliberales dado por éste a partir de 1986, la concepción dominante entre los dirigentes del PSOE era la irritabilidad por la existencia de una fuerza política que desde postulados de izquierdas les combatía y ganaba votos. Se diseña entonces una estrategía para hacer desaparecer a IU: propiciación de movimientos internos en la organización para desestabilizar, marcada agresividad por parte de los medios afines al Partido Socialista contra IU, apelación al voto útil, etc.

2. Junto a esa concepción liquidacionista, coexistía otra que consideraba útil a IU como depósito de votos fugados del PSOE por sus políticas de derechas pero recuperables. IU sería así una especie de granero de electores en momentos de vacas flacas. Alfonso Guerra, sin ir más lejos, plantea esta estrategia en artículos publicados en la revista de debate teórico del PSOE “Sistema”.

3. La tercera idea, que parte de la anterior, considera que IU es necesaria para recoger los votos más extremistas y transformar los mismos en apoyo puntual o duradero en las instituciones bajo la premisa de impedir el acceso del PP. Esta idea es la que ha dominado durante buena parte del gobierno de Zapatero.

¿Y qué concepción tenemos de nosotros mismos?

1. Durante la transición el PCE moderó su discurso ante la idea concebida de que iba a ser el partido hegemónico de la izquierda. Dicha concepción carrillista fue brutalmente derrotada en las elecciones de 1979 y especialmente de 1982.

2. Junto a esa moderación, el PCE impulsó la teoría de la causa común: PCE y PSOE deben colaborar para impedir el acceso de las derechas a las instituciones.

3. Fruto de esa idea anterior, se considera que, primero el PCE y luego IU, estamos en esta mundo para oxigenar la política y para hacer girar al PSOE a la izquierda.

Es esta la concepción que se respira en el argumentario de neopirate: IU solo puede hacer política a través del PSOE, somos un complemento, un pepito grillo de la socialdemocracia, la mala conciencia frente a un partido hegemónico que tiene tendencia a realizar políticas de derechas.

No, ni mucho menos yo puedo defender esta idea. IU es una organización que se debe a un programa y que tiene un modelo de sociedad, por lo tanto su actitud en las instituciones y en la calle debe ser la de poner en pie dicho programa y dicho modelo. ¿Cúal era el programa original?

1. Una sociedad para el pleno empleo digno y de calidad.

2. Una sociedad para la paz, no a la OTAN

3. Una sociedad democrática.

Y junto a estos tres principios declarados en 1986, añadiríamos la defensa de la austeridad, del ecologismo, de las políticas de género…

IU debe aspirar a gobernar, y también a influir en la sociedad más allá de las instituciones. El programa anticapitalista se discute y se pone en práctica desde asociaciones, colectivos, asambleas de base… Es la idea de IU como movimiento político y social.

Durante estos años ha dominado la concepción interna de IU como subalterna al PSOE. Ya triunfó esta tesis con el pacto preelectoral Frutos – Almunia, que por cierto, sigue defendiéndose en lo interno como necesario.

IU ha influido en políticas actuales del gobierno de Zapatero, es cierto, y debe hacerlo. Y yo soy el primero en decir que no estamos aquí para permitir que el PP gobierne. Pero tampoco para avalar políticas de derechas que haga el Partido Socialista. Y he aquí el nudo gordiano: pensar que las políticas de derechas solo son patrimonio del PP. No, no. Ni mucho menos. En nombre de la izquierda se han aprobado tantas barbaridades que casi se vacía de contenido esa misma expresión de “izquierda”.

Las “políticas sociales”, amigo neopirate, son aquellas que persiguen extender un sistema de bienestar social entre los ciudadanos y que tienen como consecuencia un giro en la correlación de fuerzas “capital/trabajo” en beneficio del último.

Oh sí. El PSOE ha puesto en marcha políticas sociales – Ley de Depedencia y Ley de Igualdad – pero también ha dado cobertura a planteamientos neoliberales y en lo sustancial no ha contribuido a desequilibrar la correlación de fuerzas capital/trabajo que en los últimos 20 años beneficia fundamentalmente al capital. El simple hecho de que durante esta legislatura los beneficios empresariales – es decir, la plusvalía que enriquece las cuentas de los grandes ejecutivos - se hayan triplicado es un buen indicio de por donde van las cosas.  Pero veámoslo más detenidamente:

- La propia Ley de Dependencia bascula entre la iniciativa pública – para la cual sigue sin haber fondos económicos – y la iniciativa privada´. Esta última es la que se está primando.

- Al principio de la legislatura Zapatero, en ante el círculo de empresarios, manifestó que no tenía intención de modificar la Jornada laboral y que creía que en España “se trabaja poco” (se refería a que la jornada laboral debería aumentar en horas).

- Ha realizado una de las reformas fiscales más lesivas para la concepción social del Estado, primando a los grandes propietarios y fortunas del país. Hoy recaudamos menos – por ejemplo para poner en marcha la iniciativa pública de la Ley de Dependencia (más hospitales, geriátricos, etc) no porque haya menos dinero en circulación, sino porque las grandes fortunas se ahorran más ante el fisco.

- Es cierto que ha aumentado el número de contratos estables (no fijos, que ya no existen desde la reforma laboral de 1994), pero también lo es que no suponen el 10% de las nuevas contrataciones y, sobre todo, que eso fue posible gracias a una reforma del mercado de trabajo que volvía a abaratar – aún más – el despido improcedente. Llegará un día en que se planteé abiertamente el despido gratuito, y entonces todos los contratos serán estables.

- Y no es menos cierto que en los últimos quince años, empezando por los gobiernos del PP, el acceso a la vivienda se ha incrementado hasta cotas insostenibles y que los salarios más bajos no han aumentado.

- Por cierto, ¿sabes (ya que prefieres el tuteo) que junto al aumento del salario mínimo establecieron sin embargo una cosa que se llama IPREM? ¿Y qué es eso? Antes, las cantidades mínimas en pensiones, viudedad, etc se establecía en función del Salario Mínimo (el 40%, el 60% etc del SMI). Ya no. Se establece un IPREM que marca esas cantidades mínimas: el SMI actual está en 600 euros mensuales. El IPREM que rige para las pensiones y demás ayudas, en 540 euros. El antiguo SMI.

Y hablando de vivienda: es curioso como durante toda la campaña electoral un tema crucial como la corrupción urbanística ha desaparecido del mapa. PP y PSOE tienen manchadas sus manos, por eso no quieren ni oir hablar del pacto anticorrupción propuesto por IU.

En cuanto al acceso a la vivienda, está claro que las pretendidas ayudas (limitadas a los jóvenes menores de 30 años, como si los demás no alquilaran) no palían la situación. Ello solo es posible mediante una reforma estructural de la ley del suelo y de la propia concepción de la propiedad.

Y desde luego no olvidemos el reglamento de extranjería, ampliamente criticado por la asociaciones de solidaridad, el envío de tropas a Líbano y Afganistán, el mantenimiento de los acuerdos inconstitucionales Iglesia / Estado, el tráfico de armas (España es uno de los países productores de bombas de racimo), el apoyo a las políticas antisaharahuis de Mohamed V, la dependencia de la política exterior estadounidense…

El gobierno de ZP en la anterior legislatura ha tenido dos momentos: el de un giro a la izquierda, hasta la mitad de la legislatura, y el de un giro a la derecha con el apoyo de los partidos nacionalistas conservadores. Con ellos quiere gobernar en la presente legislatura.

Pues sí, esa es mi respuesta a la pregunta: votos para hacer políticas de izquierdas, un programa anticapitalista y coherente y derrotar las políticas de derechas… las haga quien las haga.

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Razones para una esperanza colectiva

Marzo 27, 2008 · Dejar un comentario

Manuel Monereo 

1.- Creo que era Ulrich Beck, cito de memoria, quien decía que existían ideas-zombi que se repetían continuamente aunque apenas reflejasen ya alguna realidad social o simbólica, convirtiéndose muchas veces en un obstáculo insuperable para avanzar en un debate de ideas en serio. Esto tiene que ver con las cosas que ha venido diciendo el actual grupo dirigente de IU a la hora de analizar y valorar los resultados de las elecciones generales del 9 de marzo. Son las ideas-zombi, machaconamente repetidas, al menos, desde el 2.004, que hacen referencia a situaciones excepcionales, a la apoteosis bipartidista y a un sistema electoral sustancialmente injusto.

El asunto está empezando ya a ser preocupante y estamos pasando de ideas-zombi a zombis sin ideas que dejan a la militancia perpleja y pueden conducir, si no se remedia pronto, a que a la decepción le suceda la desmoralización y, mas allá, el abandono de un proyecto que, en sus contenidos sustanciales, sigue siendo viable y necesario, no para los aparatos o las direcciones, sino para miles de hombres y mujeres que confían en que otro mundo sea posible y en que hay que organizarse y luchar para conseguirlo.

Lo primero que habría que señalar es que bipartidismo y sistema electoral fomentador del bipartidismo ha existido desde el comienzo de la ya no tan joven democracia española; es más, pocos recuerdan ahora que lo sustancial de la vigente Ley Electoral estaba ya en el espíritu y la letra de la ley de la Reforma Política aprobada por las cortes franquistas. Produce sonrojo que, con lo que ha llovido, Santiago Carrillo siga defendiendo bobaliconamente una transición que en su frontispicio estratégico tenía como objetivo reducir a la mínima expresión la indudable fuerza del Partido Comunista de España. Antes y ahora lo fundamental del bipartidismo es organizar un sistema político que no cuestione los poderes realmente existentes.

Por lo tanto, bipartidismo hubo con el PCE, con IU, con cuatro diputados, con veintiuno, con tres o con dos. El problema, antes y ahora, es el mismo: como combatirlo y para qué. Llamazares, en 2.004, emprendió una determinada estrategia que significó una ruptura nítida con la etapa anterior. Ahora hay que evaluar sus consecuencias organizativas, políticas y electorales. La posición mayoritaria de IU fue asociarse a la victoria electoral del Partido Socialista y, desde ella, condicionarla hacia su izquierda, esperando que una parte del electorado común premiase a IU, consolidándola como la izquierda reconocida y reconocible del PSOE.

El gobierno de Zapatero ha tenido algunos fracasos notables en esta legislatura, no ha hecho una política de izquierdas y no ha tenido, ni en la calle ni en el Parlamento, una oposición desde la izquierda. Las alianzas políticas nunca han sido solo una cuestión de ideas o de programas, sino de fuerzas organizadas. Pensar que con tres diputados se podría condicionar por la izquierda al gobierno Zapatero, era una ilusión y, lo que fue más grave, reducir la política de IU a pactos parlamentarios y a la presencia, más o menos permanente en los medios de comunicación. Esta estrategia terminó siendo suicida, ya que la única posibilidad real de influir era reactivar la base organizativa y electoral y promover el conflicto social. Institucionalizarse y burocratizarse con tan menguada fuerza parlamentaria, por mucho respaldo mediático que se haya tenido, terminó por dividir a la propia organización y por generar una pérdida de identidad con apreciables consecuencias en la militancia de IU.

Constatar la división interna de IU y la pérdida de referentes morales e ideales de su base social no requiere una gran sagacidad. Eso sí, se puede agravar haciendo anticomunismo y obteniendo el premio de unos medios de comunicación, siempre dispuestos a privilegiar renovaciones que se aparten del “fundamentalismo” del “programa, programa, programa”, lucha contra el neoliberalismo y demás “excentricidades” como situar en el centro de una política realmente de izquierdas la diferencia entre alternancia y alternativa. Se dijo y se dice que lo importante era hacer política. Por eso se apostó por apoyar a Zapatero, contraponer en abstracto derecha e izquierda y señalar al enemigo interno como el problema real. Esta concepción de la política es la que ha dado estos resultados.

2. La campaña no ha hecho otra cosa que señalar hasta la exageración las consecuencias de estos cuatro años de alianza estratégica con el gobierno del PSOE. No ayudó mucho que la precampaña fuese iniciada con la depuración, más simbólica que real, de conocidos opositores a la política del coordinador general. El “puñetazo en la mesa” de Llamazares tenía un doble objetivo: dar una señal de que estaba dispuesto a eliminar los obstáculos que impedían realizar el cambio de naturaleza de IU y, que en la nueva etapa se iba a exigir una fuerte disciplina y un grupo parlamentario claramente alineado con el coordinador general ya que se pensaba en una alianza de gobierno con Zapatero.

Era coherente pues, que desde el actual grupo dirigente de IU, la batalla contra la Federación Valenciana cobrase especial virulencia ya que el diputado valenciano era casi seguro y habría que conseguir, costase lo que costase, que fuese próximo al coordinador general. El resultado es conocido: ruptura de la Federación y la presentación de una candidatura alternativa a IU encabezada por la persona que representaba la política del coordinador general. Que en estas condiciones se perdiese el diputado era previsible.

No merece la pena hablar mucho de la campaña y de su estrategia. Sería un ejercicio inútil. Los fallos han sido tan evidentes, que creo que casi nadie la defenderá a estas alturas. Dos notas sí que merecen la pena tomarlas en cuenta. La primera, que el coordinador general se pasó casi toda la campaña criticando duramente al Partido Socialista y reclamando ministerios, para los que dio nombres, en un futuro gobierno de coalición con el PSOE. La segunda es que la campaña de IU, personalizada en su coordinador general, demostró el mismo error de percepción electoral y social de su estrategia política. Que votantes y simpatizantes del PSOE, así como los medios de comunicación próximos a él valoraran tan positivamente a Llamazares se justificaba porque lo sentían suyo, parte de su propia estrategia. De ahí a votar IU no había un paso sino un abismo. Lo peor de “súper Gaspi” no fue, obviamente lo de la quema de las fotos de la familia real, fue el pedir disculpas y retirarla.

3.- Seguimos donde estábamos en el 2.004, simplemente hemos perdido 4 años y muchas cosas en el camino. Lo más grave ha sido la pérdida de identidad y la disolución moral del proyecto. La derrota electoral del 2.004 indicaba atronadoramente que IU vivía una etapa de excepción. Las Casandras se vieron sometidas al destino que los dioses le asignaron: llevar razón y que nadie se lo reconociese, o muy pocos al menos. Se prefirió el atajo, la maniobra politicista y el buen sentido de los realistas de asociarse a los poderes realmente existentes. El estado de excepción se ha convertido en permanente y el proyecto de IU, en su actual formato, se ha agotado. Se podrá opinar si el vaso está medio lleno o medio vacío. Eso se pudo hacer con alguna credibilidad, en el 2.000 y en el 2.004; hoy es una estrategia zombi: no refleja realidad social, no refleja realidad organizativa y nos condena a una decadencia cada vez más acentuada.

Hacen falta ideas y propuestas. Anudar bien tradición y proyecto alternativo, señalar las continuidades y precisar mucho las discontinuidades. Como siempre, las salidas ya están en la realidad, se viven en la sociedad y en la propia militancia. Sabiendo que no hay atajos y que hay que reconstruir social, política y programáticamente el proyecto. El objetivo, parece claro: una fuerza política republicana, federalista y anticapitalista, con voluntad socialista. Por abajo, en medio y en lo alto, esta opinión es mayoritaria y lo será más si la dirección actual crea las condiciones para que haya realmente un debate democrático en el que todas y todos participen.

La peor tentación, y la que nos llevaría al fracaso seguro, sería un arreglo por arriba que maquille resultados y propuestas propiciando un reparto del poco poder que va existiendo en la organización. En nuestras actuales circunstancias, la lampedusiana propuesta de cambiar todo para que todo siga igual, no es otra cosa que decir “adelante y sin miedo” cuando estamos ante el precipicio. Sin la participación activa de todos y cada uno de los afiliados y afiliadas, sin recuperar el sentido y el orgullo de la pertenencia, la izquierda alternativa de este país no se recuperará y terminaremos frustrando unas esperanzas ya muy disminuidas.

Por lo tanto, a mi juicio es necesario:

1º) Ir a una Asamblea de Izquierda Unida con tiempo suficiente, no antes del mes de octubre próximo, que abra un proceso instituyente en el que los hombre y mujeres de IU estén dispuestos a participar activamente con otras personas y colectivos para construir una fuerza de la izquierda alternativa. Instituyente significa, al menos, que los hombres y mujeres de IU se autogobiernen, definan las reglas del juego, expliciten un programa, señalen los elementos básicos de una estrategia y digan como quieren trabajar en la sociedad y cuales serán sus relaciones con las instituciones.

2º) La comisión plural de la que se habla tiene que ser la dirección ejecutiva del proceso, dependiendo de la Presidencia y del Consejo. Lo fundamental es que en la próxima asamblea de IU se aprueben unas tesis políticas claras que fundamenten el proceso instituyente y que definan, tras una evaluación política y financiera rigurosa, el marco político organizativo del próximo periodo.

3º) Claridad en las reglas que definen mayoría y minorías y las legitimen democráticamente; sin esto será muy difícil recuperar los consensos básicos y la confianza a todos los niveles. Me refiero a que en IU prevalezcan la democracia y el Estado de Derecho. Eso requiere censos claros y verificables, elecciones con garantías y dotarnos de métodos de trabajo que propicien la unidad y la participación. A estas alturas todos sabemos como se puede y se debe de organizar nuestra vida política interna.

Julio Anguita nos enseñó algo precioso que hemos ido perdiendo en estos años: la dignidad. Somos una fuerza que tenemos un punto de vista “de parte”, nuestra referencia son los de abajo, las clases trabajadoras y nuestros enemigos son los poderosos, los que explotan, discriminan y dominan. Es lo que un viejo filósofo nos legó unos días antes de su suicidio para no caer en manos de la Gestapo: ver la historia desde los vencidos y luchar siempre contra este mundo duro y terrible sabiendo que la liberación es una tarea colectiva que exige un fuerte compromiso político-moral.

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