Mi otra “La escarpada subida”

El capitalismo, estúpidos

Junio 5, 2008 · No hay comentarios

Julio Anguita González / Mundo Obrero / jun 08

Los bancos y las cajas piden al Gobierno que use el Fondo de Reserva de las pensiones contra la crisis crediticia. Los jefes de gobierno de la UE han pedido recientemente y de manera unánime que las demandas salariales se atemperen a fin de combatir la inflación. Desde todos los foros y ámbitos de análisis económico se viene advirtiendo que esta crisis es de una extraordinaria dimensión y tendrá consecuencias muy negativas, especialmente en España.

Por lo pronto algunas cajas de ahorros comienzan a sentir el dogal de la falta de liquidez, producto de sus alegrías inversionistas en el ladrillo y la subsiguiente especulación urbanística. En Diciembre del año pasado Javier Gómez- Navarro antiguo Ministro de Felipe González y actual Presiente de las Cámaras de Comercio de España declaraba sin ambages que los recursos del Estado deberían provenir en su mayoría de los impuestos indirectos (fundamentalmente el IVA) porque los pudientes tenían mecanismos de sobra para burlar a la Hacienda española en lo concerniente a sus rentas de capital.

Los impuestos sobre Patrimonio, Transmisiones y Beneficios empresariales comienzan a ser eliminados del horizonte impositivo español alegando que esas medidas promoverán la inversión y la “consecuente creación de empleo”. El Gasto fiscal representado en deducciones, exenciones y bonificaciones al capital no sólo se mantiene sino que aumenta “a fin de que se creen riqueza y puestos de trabajo”. El crecimiento económico medido a través del PIB (siglas mágicas para los gurús de la economía capitalista) sigue en un constante declinar previsión tras previsión. La precariedad avanza, el paro aumenta, las hipotecas siguen ahorcando a las economías familiares y los mileuristas son ya considerados unos privilegiados por colectivos cada vez más numerosos; es el cuento del hombre pobre que comía altramuces.

Las mujeres, en situación de paridad en los Consejos de Ministros y otras administraciones no perciben en infinidad de casos el mismo salario que los hombres en condiciones laborales semejantes. Sobre los inmigrantes sin papeles se ha decretado desde toda la UE la caza, captura y deportación consecuente tras internamientos o confinamientos ante el silencio total de la inmensa mayoría.

La crisis es triple: económico-financiera, energética y alimentaria. El monto monetario global multiplica por cinco el valor de los bienes que se supone debe representar. La inflación en estos y en los demás pagos tiene como componente fundamental el auge desmesurado de los beneficios empresariales y no los incrementos salariales. Sentencias de tribunales ya dan por buena y aplicable la directiva Bolkenstein. Y así casi hasta el infinito.

Las explicaciones que se están dando abundan en la idea de que el aumento del nivel de consumo de China e India está produciendo el desfase energético y alimentario. Ese argumento expresa, por otra parte, que el concepto de calidad de vida instalado por el capitalismo es incompatible con los Derechos Humanos aplicados a los 6.300 millones de habitantes del planeta Tierra. El propio concepto del PIB como medidor universal de lo que llamamos crecimiento sostenido comienza a ser cuestionado y en algunos trabajos de prospectiva se plantea ya el concepto de Decrecimiento aplicado a determinadas variables en la producción de bienes y servicios.

Ante este panorama la izquierda no puede realizar sus análisis en función de los espacios electorales y sus techos máximos. El lenguaje edulcorado que obvia una realidad en la que la radicalización del conflicto Capital- Trabajo viene expresada por la realidad insoslayable y también por las descarnadas declaraciones y propuestas de los administradores gubernativos de la Globalización.

Ante la Asamblea Federal de IU estas son las cuestiones que deben centrar el debate y la voluntad de organizar la respuesta. No hagamos más brindis al sol; el Capitalismo, estúpidos.

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«La militancia tiene que tomar en sus manos la dirección de IU»

Mayo 8, 2008 · No hay comentarios

Entrevista a Enrique Santiago

Jordi Escuer / Nuevo Claridad

El protagonista de nuestra entrevista hubiera sido Coordinador de IU si se hubiese respetado el resultado de la última Asamblea Federal. No obstante, una maniobra burocrática dio como resultado que esa responsabilidad recayera sobre Gaspar Llamazares. Ahora, tras el batacazo electoral de las generales, que culmina un declive que ya empezó en las de 2000, nos enfrentamos a una nueva Asamblea y queremos conocer los puntos de vista, valoración y propuestas de Enrique Santiago.

Muchos dirigentes de IU consideran el llamado «voto útil» como uno de los factores determinantes de los resultados de IU. Pero el voto útil siempre ha sido un factor constante para IU ¿Por qué en estas elecciones nos habría perjudicado más que en 2004?

El principal problema de IU no es el voto útil. A pesar del mismo, en el pasado hemos llegado a tener 21 diputados. Lo sucedido es que el electorado de izquierdas no ha apreciado que IU tuviera una posición absolutamente diferenciada del PSOE. La opción política de IU durante la última legislatura ha sido presentarse como el apoyo necesario para que las políticas del PSOE avanzasen hacia la izquierda, y eso ha supuesto renunciar a presentar nuestras propias políticas y asumir la alternancia. Lo que hay que discutir es si somos capaces de presentar una alternativa económica real a la del PP y el PSOE.

Planteas que no se puede responsabilizar sólo a Llamazares de la situación. ¿Qué opinas de nuestra participación en el «Tripartit» o en el Ayuntamiento de Leganés, donde se privatiza a pesar de las protestas de los trabajadores?

O, también podríamos añadir lo que sucede en el País Vasco, donde gobernamos con el PNV. Paralelamente a la pérdida de influencia política, de presencia en las calles y en los movimientos sociales, las distintas direcciones han ido adoptando cada vez posturas más posibilistas. Si bien el tripartit fue la opción para acabar con un gobierno de la derecha de años, al final ha entrado en contradicción con los intereses de los trabajadores como ocurre en el tema educativo. Igual pasa en muchos ayuntamientos. Es incongruente que IU defienda una sociedad socialista para al final optar por llegar a las instituciones a cualquier precio. En Leganés, igual se facilita que sea el PP el que llegue al gobierno que se vota a favor del PSOE quince días más tarde. ¿Cuál es el mínimo común denominador de ambas posiciones? Que IU de Leganés esté presente en el Gobierno con determinadas áreas de gobierno. Parece que al final se anteponen los intereses de los dirigentes a la política. Es evidente que no se puede atribuir a Llamazares la exclusiva responsabilidad por lo que ha pasado. Pero se puede ir más allá, incluso los que dentro de IU tenemos una posición distinta tenemos una parte de responsabilidad por no haber sido capaces de centrarnos en los objetivos fundamentales y anteponerlos a los matices o cuestiones secundarias. Hemos de ser muy críticos con lo sucedido en la propia ciudad de Madrid donde, a pesar de contar con un acuerdo mayoritario, no hemos logrado poner en práctica lo que predicábamos.

Tampoco los problemas son de los últimos cuatro años. El batacazo, en realidad, se produce en el 2000. Pasamos de la política de las «dos orillas» a tener un acuerdo preelectoral con el PSOE. Abogar por la unidad de la izquierda es una buena idea pero, ¿qué hicimos mal?

Al final del periodo de la Coordinación General de Julio Anguita hubo un gran debate interno, cuya manifestación más clara fue el conflicto con Nueva Izquierda. La política de las «dos orillas» no se entendió como la confrontación entre el pensamiento único —y las fuerzas de derechas y socialdemócratas que lo defienden— y el de una izquierda alternativa, sino que quedó reducida a un cierto posibilismo tendente a alcanzar acuerdos con quien fuera para enfrentarse al PSOE. En el 2000 tuvimos la reacción contraria, un movimiento pendular. Veníamos de rechazar cualquier tipo de colaboración con el PSOE, pero el PP ya había llegado al gobierno, y lo que IU intenta, sin mucho análisis, es variar su política. Este acuerdo no fue discutido en profundidad ni en los órganos de IU ni entre la militancia. Era animado por una especie de sentimiento de culpa, injustificado, de que pudiéramos tener alguna responsabilidad en que el PP estuviera gobernando, y que buscaba evitar la mayoría absoluta de la derecha. No es que IU no pueda llegar a acuerdos con el Partido Socialista, desde la independencia de su planteamiento político puede llegar a acuerdos puntuales y tácticos con otras fuerzas como el PSOE, pero cualquier acuerdo requiere una reflexión más profunda y colectiva de la que se tuvo entonces.

El acuerdo de 2000 recogía el respeto a Maastricht y a los compromisos con la OTAN…

Y se llegó a plantear que no nos presentáramos en diversas circunscripciones.

¿Por qué a IU le cuesta tanto separar el voto en la investidura de la entrada en los gobiernos? Una cosa no implica la otra.

Tampoco se entiende muy bien por qué si se entra en un gobierno se tiene que consensuar todo. La opción de acceder a un gobierno tampoco debemos rechazarla, pero IU tiene que tener claro que sólo le merece la pena entrar en un gobierno, bien en una situación de emergencia en el Estado, o bien, con la advertencia clara de que entra en una determinada área de gobierno para hacer su política.

Afirmas que las ideas no han fallado, sólo las personas. Sin embargo, cabe preguntarse qué ideas han defendido en la práctica algunos de nuestros dirigentes. Sabes que Ángel Pérez, portavoz de IU en el Ayuntamiento de Madrid, defendió como algo fuera de discusión el papel de mercado «como mecanismo de asignación, dinamización en innovación económica», en el Club Siglo XXI, ¿Qué te parece?

Es evidente que eso no es representativo de las ideas que se han adoptado en las distintas Asambleas de IU. Tendremos que asumir que en un movimiento político y social las personas puedan defender ideas que no coincidan con las propias de una izquierda transformadora, pero seamos conscientes de que propuestas como la formulada en el club siglo XXI hipotecan el futuro de la humanidad. Declarar incuestionable el mercado entronca con el núcleo duro del pensamiento único que en este país defienden tanto el PP como el PSOE.

El problema es defender esas ideas en el Club Siglo XXI y no hacerlo dentro de la organización. Pero en todo caso, sí encajan con medidas como apoyar operaciones especulativas como la de la Ciudad Deportiva del Real Madrid u otras cosas similares…

Aquí entra en juego el denominado «combate ideológico», en el cual la izquierda alternativa lleva años perdiendo terreno, salvo afortunadamente en lugares como América Latina. La izquierda real en Europa, y en nuestro país, ha renunciado a dar ese combate ideológico. No se puede entender que en este país, desde la muerte del dictador, las fuerzas de la izquierda alternativa no se hayan dotado de aparatos de propaganda, de comunicación y de trabajo ideológico y cultural, al igual que los tiene la oligarquía dominante. Nunca entenderé por qué el PCE cerró las emisoras de radio que tenía bajo la dictadura y por qué nunca se pusieron los medios para desarrollar medios de comunicación con impacto mediático real —como se hizo en Italia o Portugal—, y por qué se ha renunciado al trabajo cultural de base, de explicación de las ideas alternativas. El resultado es que no tenemos una herramienta sólida para poder presentar nuestras ideas. No es de extrañar que esa debilidad ideológica, ese miedo a salir de redil y diferenciarse, acabe calando incluso en dirigentes de nuestra organización. Todos es fruto del abandono del trabajo político cultural y ahí mi partido tiene una gran responsabilidad, pues tenía esas herramientas y funcionaban. Se confundió la aceptación del marco constitucional y la democracia burguesa, con renunciar a la batalla ideológica. Y eso tiene consecuencias, incluso en el tema del «voto útil». Si los propias organizaciones y militantes pierden esa capacidad ¿Qué podemos exigirle a la clase trabajadora?

Donde más se nota la crisis ideológica es en la incapacidad para presentar una alternativa económica global a la del sistema. Has defendido la necesidad de establecer un «control público y social» de la economía ¿cómo concretarías esta propuesta?

Acabando con una serie de anatemas. Por ejemplo, el mantenimiento de garantías sociales no tiene porque depender simplemente de la viabilidad económica del sistema de Seguridad Social. Es una falacia intentar presentar cada mecanismo de redistribución de la riqueza social de una forma aislada de los demás. Si la Seguridad Social empieza a ser deficitaria porque realmente asuma y satisfaga todas las necesidades sociales existentes, para eso está el sistema fiscal. Así se permitiría destinar ingresos fiscales para evitar que el sistema de Seguridad Social entre en quiebra. Si ya hay una renuncia previa de todas las fuerzas de izquierda a inyectar recursos públicos a los sistemas de protección social, estamos cayendo en asumir las propias políticas liberales. Hay que apostar por alianzas económicas con países que tienen intereses que coinciden más con nuestras políticas y que poseen recursos energéticos. Y aplicar otras políticas de intercambio. Por ejemplo Cuba, es un país que se ha especializado en desarrollar recursos humanos: profesores, médicos… Si consiguiéramos que los medios de las sociedades más desarrolladas se utilizaran para corregir las desigualdades en los países del sur, se establecerían otras relaciones económicas que nos beneficiaría mutuamente. Lo que hay que cambiar es el intercambio basado únicamente en el valor de cambio, para pasar a otro basado en el valor de uso.

Y cómo cambias esa política, cuando la realidad es que quienes ejecutan en la práctica la actividad económica son un pequeño grupo de grandes multinacionales privadas…

Es otra falacia considerar «españolas» nuestras grandes multinacionales. Las sociedades anónimas no tienen patria ni bandera. El segundo gran paquete accionarial de Repsol está en manos de un fondo de inversión estadounidense. La mayor parte de su capital no es español. Pasa algo similar con Endesa o con los grandes bancos. El capital únicamente conoce de fronteras cuando les interesa, por ejemplo para el control de flujos migratorios. Es un error confundir los intereses de las grandes multinacionales de matriz española con los intereses de España. No tiene nada que ver. Éstas no toman las decisiones con criterios «patrióticos», si no que priman exclusivamente los beneficios.

IU siempre ha defendido el desarrollo del sector público ¿cómo se hace eso?

Las empresas, igual que se han privatizado se pueden volver a asumir por el sector público y eso ya está pasando en otros países como Ecuador, Bolivia y Venezuela. En España se han privatizado las empresas públicas rentables o después de sanearlas con dinero público. No se actúo así para desprender al sector público de aquello que le era deficitario, sino para repartirlas entre los grandes grupos económicos. Es fundamental que el sector público aplique lo que recoge la Constitución española, la planificación democrática de la economía. Que apueste por el desarrollo de nuevas tecnologías, lo que tiene que ir ligado a invertir en educación, a la reforma del sistema educativo, y a parar la privatización que se está haciendo de forma sostenida con dinero público a través de los conciertos.

Sin embargo, en IU hay una resistencia enorme a eliminar los conciertos con la privada…

Renunciar a un control público de la educación es poner en manos del capital la formación en valores de la ciudadanía y permitir que se haga negocio con un bien social como es el derecho a la Educación. La privatización educativa y sanitaria está ligada a la especulación del suelo. Además de ceder la labor educativa y sanitaria a la empresa privada, el Estado les facilita suelo público que les permite más ingresos a costa de los bienes sociales, llegando a dejar que se especule con esos suelos, por ejemplo, construyendo aparcamientos privados. En materia educativa es todavía más delicado, pues estamos dotando de recursos al gran «partido» de la derecha de este país, que es la iglesia católica, para que combata cualquier avance progresista.

También has hablado de defender el modelo de Estado Republicano, federal y unitario, en el que «todos los ciudadanos se sientan libres». ¿Te refieres al derecho de autodeterminación?

El derecho de autodeterminación debe ser reconocido a todos los pueblos. Hay un consenso universal de que eso deber ser así, desde la descolonización. Lo que no vale es reconocerlo en términos generales y no cuando nos toca a nosotros. ¿En qué condiciones debe ejercerse? En aquellas que garanticen que no ocasiona lesiones a los derechos de otros ciudadanos. Hoy en día existen modelos donde se ha regulado dicho ejercicio como es la doctrina del Tribunal Supremo de Canadá. El reconocimiento de ese derecho es justo y posibilita alcanzar acuerdos que permitan unir a pueblos en modelos federales. Desde la izquierda somos partidarios de que los pueblos se unan, no de que se dividan, que aúnen esfuerzos y desparezcan las diferenciaciones, muchas veces promovidas por el capital para dividir a los trabajadores, como pasó en la Primera Guerra Mundial. El modelo que corresponde a nuestro país es uno federal, con el que se puedan conciliar los derechos de los pueblos —que se le reconozca sus características culturales, históricas y políticas—, con el respeto a los derechos individuales y a los mecanismos de solidaridad entre las personas. Sentirse cómodo en ese Estado pasa porque uno sepa que si no funciona tiene derecho a separarse. Este modelo de libre adhesión sólo cabe en un marco democrático y republicano, donde no haya instituciones inamovibles como la monárquica, que además tiene una vinculación histórica con una determinada cultura que simplemente es una más de las que forman dicho Estado. Es obvio que la monarquía no va a aceptar el derecho de autodeterminación cuando ni siquiera reconoce el derecho a elegir al Jefe del Estado. Por otra parte, es contradictorio que en la Unión Europea se reconozca el derecho a Kosovo a separarse de Serbia y que en nuestro Estado no seamos capaces de reconocer tal derecho.

Tampoco en el proceso de paz nuestra dirección ha sido capaz de marcar distancias con el PSOE. Aboga por la unidad de los «demócratas», pero es imposible convencer fuera de Euskadi de la necesidad de respetar el derecho a la autodeterminación de la mano del PP, cuando ésta sería la mejor arma de la izquierda para separar a ETA de su base social…

En cualquier proceso de avance social los distintos actores hemos de dirimir nuestras diferencias mediante el diálogo. No se puede admitir el terrorismo como forma de hacer política. Pero este país lleva cuarenta años padeciendo la violencia terrorista, a pesar de todo tipo de métodos policiales y represivos, que pueden haber debilitado a ETA, pero que no han reducido el sector de la sociedad vasca que defiende su derecho a separarse de España. Ninguna medida de índole policial ha cambiado eso. Si la solución que pretende darle el Estado sigue siendo vista como una imposición por parte de un sector de la sociedad, lo único que se conseguirá es reforzar a los sectores independentistas y estimular la violencia contra el Estado y por la separación. Mientras no se le ofrezca a este sector de la sociedad un modelo en el que tenga derecho a separarse, el problema persistirá.

Hablas de la «confrontación interna» como uno de los problemas de IU. Claro que si esta confrontación fuese en términos políticos no habría problema, todo lo contrario…

La oposición y lucha de contrarios es imprescindible para hacer avanzar cualquier proyecto de cambio social, como lo defendían los clásicos. Cuando se apela a la dialéctica a lo que se está apelando es a la inexistencia de verdades absolutas, ha de haber tesis contrapuestas de las que surjan síntesis superadoras y que nos permitan avanzar. Hay que sustituir la confrontación como elemento de parálisis, por una confrontación política de ideas que nos permita alcanzar una síntesis dialéctica común de toda la organización, que nos permita presentar propuestas creíbles a la sociedad y que todos los militantes hagan suyas porque han participado en las decisiones. IU, o cualquier fuerza de izquierda transformadora, no puede funcionar con una disciplina ciega sino con el convencimiento de todos sus miembros.

Hablas de las dificultades de la dinámica de «mayorías y minorías» pero lo cierto es que los grupos institucionales, una minoría de la organización, detentan el poder efectivo. No se trata de que la militancia «pese más» sino que sea la «dueña» democrática de IU ¿qué medidas propones?

Hay que limitar el poder de los aparatos, que han hecho un gran daño a IU. Cuánto más se han ido reduciendo, más numantina está siendo la defensa de sus privilegios. Hay que hacer reformas estatutarias que limiten la presencia en los cargos públicos y garanticen la rotación en los órganos de dirección a todos los niveles. Se puede ser tan dirigente de IU en un Consejo Político Regional como en una Asociación de Vecinos. Necesitamos otro modelo de órganos de dirección, en los que la mayoría de miembros sean elegidos directamente por las asambleas de base, de forma que puedan ser sustituidos de forma permanente. No tiene ningún sentido que IU se defina como un movimiento político y social, y partidaria de la democracia participativa, y que los órganos de dirección estén reservados a una élite dirigente. Tenemos que tomar medidas que estimulen la participación, el flujo de la información, si queremos que IU funcione como un movimiento político y social y no como un partido clásico. El problema es que hay núcleos dirigentes que, sin decirlo, apuestan por convertir IU en eso. Lo que no tiene sentido es apostar por una Asamblea donde se vaya a sustituir una dirección por otra, sin operar los cambios estructurales necesarios.

Propones una nueva coordinación colegiada como un mejor método de funcionamiento. ¿Pueden cambiar de hábitos quienes llevan décadas empleando métodos burocráticos?

La clave para la supervivencia de IU es que en esta próxima Asamblea consigamos que la militancia tome en sus manos la dirección del proyecto. Hay que acabar con la consideración de determinados dirigentes como estructurales, que llevan siéndolo desde hace veinte años o más, y que parece que tienen un derecho eterno a seguir siéndolo. Si ahora no se produce esa participación de la militancia para conseguir la renovación en las formas de trabajar y en la composición de los órganos —y no es un problema de edades, sino de oxigenación de la organización—, no saldremos de esta situación. La dirección colectiva, en lugar de un coordinador, ni es la panacea ni va a evitar determinadas confrontaciones. Lo que puede hacerlo es el trabajo colectivo de dichos órganos. Tenemos tres años hasta las próximas elecciones, debemos tomarnos esta asamblea como el inicio de un proceso de recuperación y adoptar un método tan sano como hacer una asamblea todos los años, donde se dé la voz a la militancia y valoremos como van las cosas. No se trata de encontrar la piedra filosofal para cualquier situación, sino de tomar las medidas adecuadas para este momento y, si no lo hacemos, esta organización perderá más credibilidad, en primer lugar, entre sus militantes, y, en segundo lugar, ante la sociedad.

Nuestra mayor dificultad, precisamente, es llegar a esa capa de militantes, la mayoría, que no participan en la actividad cotidiana. ¿Cómo podemos convencerles de que participen, que no va a pasar lo que decía Lampedussa, «cambiarlo todo, para que nada cambie»?

Nunca habíamos estado tan mal como ahora, y ante una situación excepcional hay que tomar medidas acordes. No va a motivar a la militancia que al final vayamos a una Asamblea pactada entre los barones de esta organización, donde el debate le sea hurtado a la militancia por una Comisión que, en lugar de preparar esa asamblea, caiga en la tentación de determinar sus conclusiones. Es vital una movilización de los militantes y cuadros de IU para romper las dinámicas de poder y manejos entre barones y familias, en torno al reparto de cargos y puestos institucionales. Seguir con esos métodos es pan para hoy y hambre para mañana, y nos llevarán a desaparecer. Ahora, todavía conservamos una importante presencia autonómica, municipal y social, que nos puede permitir salir de esta situación si hay ese revulsivo interno.

Por cierto, los compañeros se ha quejado del criterio de incluir en la comisión 10 federaciones, dejando al resto fuera. Parece lo lógico que o entran todas o ninguna ¿Qué te parece?

Se está primando a los mayores aparatos de IU, en lugar de los distintos puntos de vista o realidades. Las federaciones pequeñas tienen menos recursos, pero más mérito porque es evidente que están ahí por convencimiento, pues hay poco que repartir. De hecho, están creciendo en votos y quizás refleje esa actividad militante. Esas federaciones deben estar representadas en la comisión, de lo contrario no reflejaría la realidad de nuestra organización.

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«Hace falta una revolución en IU»

Mayo 8, 2008 · No hay comentarios

Entrevista a Alberto Arregui

Jordi Escuer / Nuevo Claridad

Alberto Arregui es miembro de la Permanente Federal de IU y miembro de la redacción de Nuevo Claridad. Tras las elecciones se ha opuesto a la Comisión elegida en la Presidencia Federal. En esta entrevista recogemos su valoración de los resultados electorales y la crisis de IU.

¿Cómo ves la situación de IU tras los resultados electorales de IU del 9-M?

Los resultados de las últimas elecciones muestran una crisis de IU que nos sitúa en el límite de nuestras posibilidades de supervivencia como proyecto político. No es sólo una crisis electoral, ni ha aparecido como un rayo en un cielo azul, es un paso más, pero un paso cualitativo, en un proceso de crisis permanente de nuestra organización que viene deslizándose hacia este desastre desde las elecciones de 1996.

¿Crees que el bipartidismo, la injusta ley electoral y/o el papel de los medios de comunicación explican el retroceso de IU?

La crisis de IU claro que puede justificarse con la propaganda bipartidista, el papel de los medios de comunicación, la ley electoral… pero estos factores siempre han existido en menor o mayor grado, y darles un carácter absoluto sólo nos llevaría a proclamar la imposibilidad de construir una alternativa anticapitalista, y claro, desde esa perspectiva sólo nos quedaría ser “exigentes e influyentes” con la socialdemocracia (como ha hecho un sector de la dirección de IU estos años), o incluso abrazar la fe neoliberal (como ha hecho públicamente Angel Pérez).

Nuestra tarea no consiste en justificar unos malos resultados sino que tenemos que estudiar y comprender los procesos sociales y políticos de fondo, y sus efectos en la sociedad. Asimismo debemos valorar si nuestra actuación política ha tratado de hacer frente a la presión a favor del sistema, que domina la sociedad, o nos hemos dejado arrastrar por ella. ¡No se ha tratado de un “tsunami bipartidista”, irresistible, inevitable e imprevisible! Más bien ha sido un oleaje que ha barrido nuestra costa durante años, y las direcciónes de IU -tanto federal como de las federaciones principales- en lugar de ponerle remedio ha dejado cada vez más debilitada la organización, en lugar de prepararse para luchar contra el bipartidismo (que desde luego existe), se ha debilitado en todos los frentes, en el de las alternativas políticas, en el de la movilización y en el de la militancia de base. Porque si fuerte es la caída de votos, más fuerte es, proporcionalmente, la caída de actividad de nuestras organizaciones de base.

¿Cómo caracterizas la crisis que padece IU?

Debemos decirlo claro: ¡la crisis de IU es, ante todo, una crisis de dirección! Pero usando el término dirección en su sentido más amplio: quienes han compartido las tareas de dirección y determinado las decisiones de IU en la última década en el ámbito federal. Necesitamos direcciones que sumen, que multipliquen la fuerza de la organización, y hasta ahora hemos tenido direcciones que restan, que desgastan. Y no es sólo una cuestión de Gaspar Llamazares, o de la dirección federal. Es mucho más amplio; el nivel de burocratización se ha reproducido y a veces es más penoso aún a escala local (como en el caso patético de la ciudad de Madrid).

Es también una crisis de incapacidad de análisis político: se dijo que los resultados de las elecciones municipales demostraban la fortaleza y recuperación de IU, cuando era todo lo contrario. Se han buscado tablas de salvación en la entrada en los gobiernos de Euskadi y Catalunya, o en pactos municipales, para «tocar poder» a cualquier precio.

Es una crisis, en definitiva, que muestra el fracaso de un concepto de hacer política, siempre determinados por la política del gobierno del PSOE, siempre profesionalizados, sometiendo la organización a los grupos institucionales, contando con las bases sólo para las campañas. Y es una crisis agravada por una dirección que ha sido incapaz de dar la voz a la militancia, de garantizar la democracia interna. Los derechos de los militantes han sido violados incluso en sus aspectos más elementales en casos flagrantes como Madrid, Asturias, Salamanca…y, como broche final, la dirección federal se unió a esta praxis antidemocrática de algunas direcciones regionales y pretendió torcer la voluntad de la militancia del País Valenciano, abriendo un capítulo más de crisis interna en la víspera de la campaña electoral y empezando una purga en la Permanente Federal.

¿De dónde puede venir el impulso vital que cambie la dinámica descendente en la que parece atrapada IU?

IU muestra una dirección, en sentido amplio, totalmente agotada, y sólo una revolución interna, desde las Asambleas de Base puede dar a este proyecto el aire fresco que necesita. Un cambio de abajo a arriba, en el sentido más literal de la expresión: todos los implicados en la política de IU en los últimos años deben apartarse de cualquier cargo dirigente en la organización, y poco a poco, también, de los cargos públicos.

Sólo de estas organizaciones de base puede venir la recuperación de IU como lo que es: la expresión de una necesidad política, de un arma de lucha contra el sistema, no podemos admitir que IU sea un apéndice crítico de la socialdemocracia, ni una plataforma para llevar a las instituciones a políticos que viven de esto.

¿Cuál crees que debería ser el eje político de esa revolución interna?

La definición anticapitalista, por la transformación socialista de la sociedad, la planificación democrática de la economía a través de la propiedad social de los principales medios de producción y financieros debe constituir la columna vertebral de la política de IU. No puede ser una declaración a guardar en un cajón. Tiene que impregnar nuestra política cotidiana, por ejemplo exigiendo la nacionalización de los sectores financieros y de los grandes monopolios empresariales, de forma inmediata. O exigiendo la existencia de empresas públicas de la vivienda, oponiéndonos a financiar la enseñanza privada o la sanidad privada con un sólo euro público, y tantas otras cosas.

Pero no basta con eso, debemos acompañarlo con una renovación de todos los equipos de dirección y con una estricta democracia interna. Está en los estatutos de IU, pero casi nadie lo cumple: la asamblea es el marco de donde deben partir las decisiones, de abajo hacia arriba. Ahora es justo al revés. Esa sería la revolución: todo el poder a las asambleas.

En la reunión de la Presidencia votaste en contra de la composición de la Comisión que debe preparar la próxima Asamblea Federal, ¿por qué?

Porque es un apaño entre los de siempre que deja a la base al margen. Si se dice que en la Comisión tienen que estar las Federaciones representadas no es aceptable que estén unas sí y otras no. O todas o ninguna. Sin embargo solo estarán 10.

IU no puede ser una unión de reinos de taifas, tal como sucede en la actualidad, ni puede aceptar que las direcciones apoltronadas, de dos o tres federaciones fuertes, «se pongan de acuerdo» para controlar la organización. IU tiene que ser una auténtica organización federal, con verdadera solidaridad interna, además de asumir su defensa de un Estado federal, plurinacional y republicano.

¿Por dónde empezarías tú esa revolución interna que preconizas?

Los censos deben limpiarse de abajo a arriba, el sistema es sencillo: se abre un período de inscripción para la participación en la Asamblea Federal, con una firma presencial y el abono de una cuota extraordinaria para sufragar este proceso.

Exigimos una renovación completa de las direcciones y de los representantes en las instituciones y que se aplique una severa incompatibilidad de cargos públicos con cargos de dirección en la organización. Los grupos institucionales deben trabajar no sólo de acuerdo, sino bajo la dirección de los órganos de IU en sus ámbitos territoriales. Debemos acabar con los privilegios de una élite. Os pongo un ejemplo: alguien puede no venir nunca a los órganos de dirección a trabajar y discutir, pero sí dispone de un cargo público, por ejemplo alcaldesa de una ciudad o portavoz de un grupo institucional, hace declaraciones a la prensa diciendo lo que quiera acerca de IU, sin someterse a ningún control democrático. Esto, además de lo que supondría de deslealtad, sería trasladar el esquema burgués de «la democracia» a la vida política en IU, y es inadmisible.

¿Crees que esa revolución interna puede garantizar el futuro de IU?

En última instancia, la crisis de IU es un resultado de los procesos en la sociedad, especialmente tres. En primer lugar la vuelta al capitalismo en los paises del Este de Europa, la vieja URSS y China, que ha tenido un efecto desmoralizador y ha agudizado la crisis ideológica de la izquierda. A esto debemos unir, algo relacionado, un largo período de auge económico capitalista que ha llevado a muchos dirigentes de la izquierda —incluida IU— a «aceptar» el capitalismo como el único sistema posible. Y en tercer lugar la falta de movilizaciones sociales, en gran medida como consecuencia de los anteriores factores objetivos y subjetivos.

Por tanto, en definitiva, sólo de la movilización en la sociedad, de los jóvenes, de las mujeres, de las familias obreras, puede venir un cambio social en el que podamos basarnos para poder convertirnos en una fuerza decisiva. Por supuesto, la condición es recuperar la confianza en la transformación socialista de la sociedad. Todo esto no se hace en un par de días, pero es una necesidad ineludible.

La condición previa para ello es la movilización interna, una verdadera revolución en IU, un cambio que coloque la lucha por la transformación social por delante de cualquier otro interés, que no frustre todas las energías y esperanzas depositadas en IU, sino que sea capaz de convertir el apoyo social que aún tenemos, de casi un millón de votos, en una palanca poderosa de transformación social.

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Propuesta de Julio Anguita sobre Izquierda Unida.

Abril 14, 2008 · No hay comentarios

IU: un proyecto político en vías de extinción

Los resultados electorales del 9 M no han hecho otra cosa que evidenciar lo que ya era un hecho; IU no tiene más entidad política que sus siglas; una marca devaluada en el mercado electoral y mediático sin incidencia alguna en ningún sector social. La casi total pérdida de representación en el Parlamento no es otra cosa que un ajuste con la realidad.

El naufragio de IU comenzó a acentuarse cuando fue evidente para la opinión pública que estaba ante una organización carente de identidad específica y propia y por ello incapaz de fijar siquiera un mínimo estable de respaldo y apoyo.

Muchas cosas han cambiado en España y en el mundo desde que fue fundada el 27 de Abril de 1986, pero hay dos fundamentales: las consecuencias de la desaparición de la URSS y el giro de CCOO hacia un sindicato de servicios que comparte con UGT los favores de la administración. Y al hablar de las consecuencias quiero remarcar que me refiero a cómo estos hechos han sido vividos, cómo han sido introyectados en lo personal y en lo colectivo y cómo terminaron derivando hacia posiciones del borrón, cuenta nueva y superación de la fractura de 1920. En unos meses se borraron de la memoria la historia más inmediata y las evidencias del día a día político y sindical.

Precisamente su aparición como fuerza política venía a resítuar un espacio político en torno a dos ejes alternativos: El Programa como referencia para las relaciones con los demás y las otras formas de hacer política como el sello de una nueva alianza con la sociedad y especialmente con los sectores más dinámicos y avanzados de la misma. Estas dos características hacían del nuevo proyecto una entidad que pretendía crear instrumentos de intervención social en la política y en la actividad social desde posiciones orientadas a lo que vino en denominarse la Construcción de la Alternativa. Desde fuera vinieron pronto las operaciones dirigidas a insertar a la nueva fuerza dentro de la dinámica que el nuevo orden mundial preconizaba. El harakiri del PCI, la deriva hacia ese ejemplo de Iniciativa per Catalunya junto con las andanadas mediáticas en torno a las diversas denominaciones de la Casa Común las cuales contaban con grandes y sucesivas cabezas de puente en el interno de IU, marcaron con el estigma de la crisis permanente a la nueva organización. Desde entonces IU ha estado debatiéndose entre la consolidación de su manera específica de ser y la llamada hacia lo inerte: la homologación con el status político buscando en él la legitimidad y la normalización.

A pesar de las dificultades IU se desarrolló y avanzó electoralmente. Eran los tiempos del 14 de Diciembre, la Propuesta Sindical Prioritaria y la Iniciativa Sindical de Progreso. También eran los tiempos de un PSOE que evidenciaba la corrupción, el crimen de Estado, las privatizaciones, las desregulaciones y la beautiful people. El hecho de que a pesar de estos escándalos el PSOE mantuviera un suelo electoral muy alto debió servir de advertencia acerca de que el trabajo preferente de IU debiera hacerse en el seno de la sociedad, de las organizaciones obreras, de los colectivos alternativos y culturales. Era aquí donde el Movimiento Político y Social mostraba su necesidad de ser y trabajar.

Las alianzas y acuerdos con CGT y USO en torno a las 35 horas reiteraban la lección; IU no debía tener más referente sindical que el marcado por las luchas de cada día, los programas y las alternativas. IU sólo podía avanzar a partir de entonces si ella misma creaba y ampliaba el terreno sobre el cual su rareza política podía enraizarse, crecer y hacer cambiar el entorno. Instalarse en la lógica de cualquier fuerza parlamentaria y desde luego en la del PSOE y su discurso bifocal, era la muerte anunciada.

Dudando entre qué camino escoger o lo que es peor, picoteando de unos y otros, las características de IU comenzaron a difuminarse y la confrontación interna entre visiones parciales e interesadas del proyecto se multiplicó, se transformó en una serie de luchas endogámicas por razones más cercanas a las listas electorales que a otra cosa.. Y puestos en ese camino, optando por la vía de la lucha exclusivamente institucional los Estatutos, la democracia interna, la ética y la honestidad política que hacía tiempo venían degradándose empezaron a gozar de unas largas vacaciones. Recordemos las diferencias en cuanto a contenidos, alianzas estables, rigor y claridad entre el debate sobre Mäastricht y los otros muchos que le han seguido.

En el seno de IU comenzó a abrirse paso de nuevo la vieja idea de ser diferentes y diferenciados sin abandonar tampoco el rol que el PSOE y sus influencias habían montado en torno al bipartidismo; IU quiso ser la otra cosa pero dentro de un orden. En función de ello el viejo lema del discurso rojo, verde y violeta pasó a ser la denominación de una nueva entidad, el proyecto eco-socialista. Y de nuevo el viejo proyecto confederal de las Izquierdas Periféricas como posibilidad de frenar la caída electoral y crear una confusión calculada que sirviera las diferentes y a veces contrapuestas clientelas electorales.

En los últimos años, y ya en plena pendiente, los síntomas de muerte se han multiplicado: la supuesta federalidad ha sido sustituida por taifatos y cuotas de poder (aunque este problema venía de muy lejos), los grupos enfrentados nunca han constituido alianzas estables sino aleatorias y en función de las mejores tajadas en cada lista electoral. Quiero decir que nuestro proyecto de Estado Federal Solidario no ha sido aplicado en nuestra organización. Creo también que su existencia es tan ignorada como la Alternativa Energética, los 11 puntos o los análisis (y propuestas consiguientes) hechos sobre la UE.

Y lo que desde luego constituye un dogal para la asfixia total es la deuda que sin ingresos medianamente importantes, puede ser la puntilla que acelere la agonía.

¿Hay solución?

Desde hace varios años vengo diciendo que el proyecto de IU tal y como se está desarrollando, estaba muerto y que debíamos prepararnos para ese acontecimiento. No creo que con asambleas ordinarias, métodos clásicos y prácticas rutinarias se salga de esta, al menos como una fuerza política mínimamente estructurada, con una cierta solidez y como proyecto para el Estado Español. Las siglas podrán continuar durante algún tiempo en las CCAA y en las Administraciones Locales, pero irán siendo sustituidas paulatinamente por alianzas electorales de creciente color localista sin más aspiración que ser una bisagra recompensada con cicatería por el PSOE.

No, no hay razones ni siquiera indicios de una recuperación o de una posibilidad de remontar la deblacle, en ningún sitio. No nos engañemos con las lecturas de males menores, de avances sobre el mismo ladrillo o de pruritos en dar lecciones magistrales. Los resultados han sido malos, pero si además se presentan como victorias siguen siendo malos y además acompañados de la ceguera. Aquí y por ahora, no valen las comparaciones entre el ciego y el tuerto. El pesimismo con el que vemos la situación está más que fundamentado; no sólo por la curva decreciente de los procesos electorales sino por algo mucha más grave que eso: la degradación de la vida política, orgánica e incluso de relaciones personales en el seno de la organización. Creo que confiar en que la Asamblea venidera sirva para solucionar el problema es un ejercicio de candor. Hay un proyecto o si queréis una aspiración, a hacer de IU un trasunto confederal de una formación eco-socialista de viejísimo cuño en cuanto las relaciones de la misma con la sociedad y la opinión publicada. Las llamadas desde los medios de comunicación a la renovación, la apertura a la sociedad y a la izquierda plural acompañadas de la satanización de las siglas PCE ( como si los almuédanos de este mensaje no fueran en su mayoría también del PCE) forman parte de una técnica que hemos sufrido demasiadas veces en IU y en esta casa. Frente a esto no hay proyecto alternativo; hay cenáculos, movidas, alianzas que flor de un día, han durado lo que han tardado la confección de las listas. Es más, las invocaciones a palo seco a conceptos y expresiones como Movimiento Político y Social, Elaboración Colectiva o Democracia han sido manidos incumplidos cuando no prostituidos y será difícil limpiarlos de tantas excrecencias e impurezas.

Y sin embargo

Sobre esta tierra yerma parece casi imposible cultivar nada viable, serio y con pretensiones de durabilidad y muchísimo menos de ser instrumento de liberación social. Sólo hay un punto de posible regeneración que viene dado por la constatación de dos realidades:

1ª- El campo de acción para una fuerza política como la que pretendió ser IU es tan vasto como un océano. En él se inscriben movimientos de todo tipo que pretenden con sus luchas y sus actividades hacer bueno aquello de que “Otro mundo es posible”. Pero hace falta una organización política que respetando esos movimientos y trabajando lealmente con ellos realice una labor que demuestre como la intervención política no es otra cosa que la intervención de la sociedad para hacer de la Política sinónimo de Transformación social.

2ª- SOBRE LOS TRABAJADORES Y ASALARIADOS SE CIERNE, SO PRETEXTO DE LA CRISIS, UNA DE LAS MAYORES AMENAZAS DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. LA RECESIÓN ES UN HECHO. EL PARO AUMENTA. LOS GOBIERNOS EUROPEOS CLAMAN POR REBAJAS SALARIALES Y LA FLEXI-SEGURIDAD ES YA UN PROYECTO CUYA APLICACIÓN SE PRESENTA COMO INEXORABLE. MILLONES DE HOMBRES Y MUJERES VAN A SOPORTAR UNA AGRESIÓN QUE LOS CONDENARÁ A SITUACIONES DE PRECARIEDAD, EXCLUSIÓN Y MARGINACIÓN EXTRAORDINARIAS. AHÍ ESTÁ LA DERECHA; NO NOS CONFUNDAMOS POR LAS SIGLAS.

Esta situación a la que los trabajadores y asalariados se van a ver abocados y dentro de ella los colectivos más débiles (mujeres, jóvenes, pensionistas, etc) nos exige, nos clama y nos obliga so pena de traición a nuestra historia y al legado de tantos luchadores, a cambiar radicalmente y Esta coyuntura que se avecina puede y debe ser el agente externo que provoque lo que aún pueda quedar de vivo y nos convoque para sellar una alianza de compromisos en torno a la REFUNDACIÖN de IU.

Y esta Refundación sólo es posible desde un previo acto personal, intransferible y de compromiso a comenzar de cero que se condense en una atmósfera colectiva de voluntad interventora con los mecanismos políticos y las actitudes de una nueva práctica militante. Sin esto que debe ser preceptivo, no se podrá poner en marcha el resto. Estoy llamando a la responsabilidad y a la aceptación sin límites de unas reglas de juego democráticas y del resultado que del debate surja. La propuesta

La Asamblea federal próxima debe hacer en dos fases.

Primera fase

Desde el acuerdo en la necesidad de volver a empezar a causa de la excepcionalidad del momento, se imponen los siguientes pasos o fases:

1º- La Refundación de IU no puede hacerse en clave endogámica, sería un comienzo estéril. Es preceptivo hacer una Convocatoria abierta a colectivos, personas, ex –militantes, etc para comenzar un proceso ( que puede tener varias denominaciones) por el cual se debatirán y fijarán los ejes, compromisos y características de la nueva IU.

2º- Y ello implica como prenda de cambio y de nuevo comienzo la renovación de al menos el 50% de todos los órganos de dirección, desde la Federal hasta la agrupación básica con las condiciones y plazos que se fijen, pero antes de la primera parte de la Asamblea. Aquellos que hemos ejercido de responsabilidades durante años deberíamos pasar a una segunda fila y desde allí dar el rendimiento, el apoyo y la lealtad a las nuevas direcciones.

3º- Desde este momento la primera parte de la Asamblea debate y desarrolla los puntos y ejes que estructurarán a IU. A mi juicio son los siguientes:

3.-1 IU, Movimiento Político y Social Organizado que fija su objetivo en la permanente Construcción de la Alternativa a la sociedad, el Estado, la cultura existente y los valores dominantes. La superación del Capitalismo tendría como proyecto inmediato de trabajo la consecución de los objetivos que ya marcamos en IU: Una sociedad de Pleno Empleo de calidad. Una Economía desde la óptica del Desarrollo ecológicamente sostenible. Una Protección Social plena. Reparto del Trabajo. Y junto a ello las acciones de política económico-fiscal necesarias para ello.

3.-2 Democracia Radical en IU. Publicidad permanente de los censos de militancia y libre acceso para quien quiera consultarlos. Reglamentos que fijen con precisión la publicidad de los acuerdos orgánicos hacia la militancia, que regulen el régimen se sesiones, deliberaciones y acuerdos así como la información previa y documentada en cada sesión. Revocación de los cargos públicos por las asambleas competentes u órganos competentes que los eligieron como candidatos en las elecciones. Elección de direcciones tras la presentación de un programa del que rendirán cuenta en las sesiones habilitadas para ello. Finanzas claras, transparentes y co-responsables. Militancia efectiva según posibilidades.

3.-3 Elaboración Colectiva. Esta seña de identidad no es sino la aplicación en el marco de lo concreto de la alianza social en torno a objetivos, métodos y valores. Sin que los ciudadanos participen en la elaboración de las soluciones para sus problemas no habrá nunca conciencia de la realidad, sus límites y el papel que la Democracia tiene en el cambio social. Pero la elaboración colectiva no es la creación de un gabinete de asesores que elaboran papeles para los cargos públicos es básicamente un mecanismo de participación democrática en las decisiones de IU, es un mecanismo de aportación e intervención en las líneas de actuación de la actividad política y social y también en las políticas a realizar en las instituciones. Las Áreas como un mecanismo de elaboración (pueden haber otros más) deben ser organizadas de tal manera que los militantes y dirigentes participen en ellas habitualmente. En las elaboraciones que sobre ellas hemos en IU hay material suficiente para concretar su organización, funciones y participación política.

3.-4 IU es una fuerza política de carácter federal. Y esta apuesta que proviene de nuestra concepción del Estado no significa otra cosa que otra forma de concebir el acuerdo de un Estado unitario que busca su cohesión desde el consenso el acuerdo, la atribución clara de competencias, funciones y responsabilidades. La federalidad es incompatible con los taifatos. Una idea debe quedar clara: la federalidad es un reconocimiento a la diversidad pero en el marco de una visión común de la Transformación social. La transitoriedad de Estados , nacionalidades y entes territoriales ante la concepción de un mundo nuevo, solidario y sin fronteras debe estar siempre presente.

4.-4.- Escrupulosa legalidad. Una fuerza política que se pretenda democrática debe guiar sus actuaciones internas y su funcionamiento por el respeto y ejercicio de la legalidad. Estatutos, reglamentos, régimen de sesiones y toma de acuerdos deben ajustarse totalmente a las reglas de juego estatuidas libre y soberanamente por el colectivo. Las comisiones de Garantías no pueden ser concebidas con órganos para salir del paso cuando no como cementerio elefantes. Es inadmisible que los Estatutos sufran cambios para legalizar acciones o situaciones que contradicen abiertamente los principios éticos y políticos de IU.

4.-5.- IU no puede definirse por una serie interminable de adjetivos. La aceptación y desarrollo de los DDHH en sus tres generaciones, la asunción en la teoría y en la práctica de otras aportaciones a la causa de la plena emancipación humana es una seña de identidad irrenunciable para cualquier organización que pretenda ser revolucionaria o transformadora. Desde hace muchos años explicitamos que nuestro discurso es rojo, verde y violeta. No sigamos añadiendo adjetivaciones al sustantivo fundamental. Asumamos la historia del movimiento obrero y los nuevos proyectos de liberación. IU es un proyecto de Izquierda, sin más.

4.-6.- IU no tiene más referencias sindicales que las derivadas de las alianzas coincidencias y movilizaciones que en cada momento puedan producirse El Programa estratégico, la coincidencia táctica, la acción puntual o la coyuntura favorable para una movilización acorde con los intereses de los que aspiramos a representar, es la única pauta para cualquier tipo de relación política y sindical.

4.-5.- IU se define como una organización republicana. La condición republicana de IU no es una mera adjetivación para la galería. La organización debe fijar en sus Estatutos, discurso y práctica política su decidida voluntad de que la III República española sea una realidad mediante el acuerdo activo, la participación democrática y la divulgación ciudadana de los valores, ética y contenidos de la Constitución de la III República. Nuestro republicanismo no está hecho de nostalgias sino de proyectos para hoy. El desarrollo de esta decisión implica una serie de actuaciones, formas de trabajo y expresiones públicas que sin caer en estridencias gratuitas manifiesten firme, serena e inequívocamente nuestra entidad y nuestra propuesta a la ciudadanía. En consecuencia uno de los trabajos de IU debe ser colaborar y aportar en la puesta en marcha del proceso constituyente de la III República.

Una vez que estos puntos hayan sido discutidos, asumidos y sistematizados en una única Tesis político- organizativa la primera parte de la Asamblea los aprueba y pone en marcha el desarrollo de los mismos.

Segunda fase. Una vez que la primera fase haya sido culminada se procederá a la convocatoria de la segunda. En ella se ratificarán lo hecho como desarrollo de la primera y se aprobará una Tesis político-organizativa para los años siguientes hasta la próxima Asamblea. Pretendo con esta distinción separar lo que para mí constituye una invariante, los principios de IU que no pueden estar siempre al albur de cualquier Asamblea, de las líneas políticas y programas que constituyen el mandato para casa Asamblea específica. En esta segunda fase las direcciones deben, con el mismo método que la anterior, proceder a su renovación en un 25% de lo que anteriormente no se renovó y al porcentaje o casos particulares que se estimen conveniente de los anteriormente renovados. Los Estatutos deberán fijar los años de duración de los mandatos.

Esta es mi opinión y mi propuesta. Sé que al hacerla puedo levantar suspicacias incluso escándalos pero creo que es la única manera de poner en pie una necesidad.

Comité Federal del PCE 12 de abril del 2008

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Sobre la situación de Izquierda Unida y la próxima Asamblea Federal

Abril 10, 2008 · No hay comentarios

Unión de Juventudes Comunistas de España / jueves, 10 de abril de 2008

1. Los resultados electorales han reabierto la sempiterna crisis en IU. Poco se puede añadir a lo que todas y todos sabemos. Son los peores resultados de nuestra historia. Y nuestros referentes están peor que nunca. Esta situación es peor que la de 1982 o 2000. Hay menos Partido, menos sindicalismo de clase y menos movimientos sociales.

En 1982 el Partido pudo reagrupar sus fuerzas en la estrategia de la convergencia política y social gracias al empuje del movimiento anti-OTAN y sin haber perdido su influencia sindical. En 2000, IU pudo vivir del cuento de la lechera por la movilizaciones contra la guerra, la LOU, la huelga del 20-J o el Prestigie, pensando que esa potencia movilizadora se transformaría mecánicamente en apoyo electoral sin mediar la intervención política organizada y unitaria de los instrumentos de lucha.

Este no es el fracaso de una persona o de un equipo, sino de una política que ha sido aplicada por muy distintas personas y equipos. A ellos en su conjunto les corresponde la responsabilidad.

Si Izquierda Unida se encuentra en una crisis de proyecto, entonces la autocrítica debe ser enérgica, profunda y afectar a todas las instancias, especialmente las que más responsabilidad han asumido por su condición de principal fuerza dentro de IU. Otra cosa sería falsear el debate.

Políticamente, lo hemos dicho ya todo: no hay espacio electoral para la estrategia del compromiso histórico, de ser el apoyo por la izquierda de la alternancia. Eso fomenta el bipartidismo, más, que cualquier debate electoral a dos.

A ello también ha influido otra nefasta política de comunicación. Si con Anguita, el interés de El Mundo y ABC era dar presencia a IU para erosionar al PSOE, con Llamazares PRISA ha dado minutos y páginas a IU para que viviera de la ilusión de un trato preferencial que ha acabado por revelarse un abrazo del oso.

Poco que decir a cerca de la Ley Electoral: la misma ley dio a IU 21 escaños en 1996, con un 10’4 %. Seguía siendo injusta, pero al menos, nosotros habíamos hecho los deberes y no nos dedicábamos a echar balones fuera a los tsunamis o leyes pactadas desde la transición. Tenemos que dejar de vivir de la ilusión de que el PSOE reformará la ley cuanto más amables seamos con ellos cuando es justo al revés: cuanto más cerca estemos del PSOE más irrelevantes seremos y menos necesidad habrá de de reformar la ley.

Dada esta situación, es imprescindible volver a empezar. Desde el principio. Zambullirnos en lo social desde nuestra estrategia política. Huir de cualquier tentativa de mantener lo poco que queda del status quo interno, de la inercia de seguir en las mismas. Sólo desde el impulso de la militancia podremos salir de esta situación. Si esperamos que el impulso salga de las instancias mediadores, sean federaciones o lo que sean, volveremos a equivocarnos. Eso es lo que ha destruido IU. Eso, y creer que construir la alternativa es negociar un par de leyes con el PSOE u obtener dos ministerios.

Sin querer ser pesimista, las cosas están lejos de haber tocado fondo. Podemos ir peor. Las contradicciones no se han manifestado con la suficiente contundencia y violencia como para que se dé una rectificación profunda, estratégica, organizativa y personal.

Es agotador repetirlo, pero lo haremos una vez más: ninguna solución saldrá del acuerdo entre aparatos. El pacto de las federaciones, el acuerdo entre aparatos, barones, jefes de capilla o como sea que se llame a la continuidad de los errores podrá arroparse por enésima vez de un discurso alternativo, obrerista o lo que toque, pero no pasará de ser lo que es: un reparto de la miseria.

La celeridad en la convocatoria de la IX Asamblea, los movimientos en prensa y las declaraciones de unos y otros confirman el pronóstico. Se quiere ir a una Asamblea atada y bien atada.

2. Esa no es nuestra opción. Nuestra opción es aquella que permita un debate a fondo, estratégico y democrático. Un debate sin tabúes ni cortapisas ni, sobre todo, que quiera ser punto y final. La próxima Asamblea debería cerrar el proceso de descomposición y abrir el de recomposición sobre la base política de la construcción de la alternativa al neoliberalismo en forma de III República con Democracia Participativa. Es decir, una Asamblea que reciba el único mandato de abrir un largo proceso constituyente, para lo que deberíamos contar con una dirección unitaria e integradora. Un proceso que trascienda la IU actual, que abra una nueva convergencia.

Condición indispensable para iniciar cualquier proceso de reconstrucción el fin del estado de sitio interno en IU, acabar con la permanente interinidad en la que está embutida la organización desde la VIII Asamblea. Es imprescindible para recuperar la normalidad interna y la credibilidad la readmisión de todas las y los expulsados, señaladamente nuestros camaradas de Salamanca y Asturias.

En este contexto, las y los comunistas (PCE y UJCE) deberíamos afrontar ese debate con el máximo grado de cohesión, nacida de un debate orgánico. Es absurdo que las y los comunistas vayamos a cohesionarnos con la pluralidad política y social dentro y fuera de IU sin estar nosotros mismos cohesionados ya de entrada.

Las y los comunistas debemos tener una línea estratégica que sepa articularse en las realidades concretas y que posea la necesaria flexibilidad táctica. Esa flexibilidad debe ayudar al objetivo, no sustituirlo, y reforzar el perfil de los comunistas como sujeto dentro de IU como movimiento político y social.

No debemos perder nunca de vista lo más esperanzador, y es que hay espacio social y político más que de sobra como para poner en pie un proyecto alternativo al neoliberalismo. Y perspectivas de lucha en el horizonte. Pero hay que tomar consciencia de los cambios operados en lo social. La necesidad de afrontar las nuevas problemáticas sociales y ser capaces de convertirlas en subjetividad creadora, transformadora, revolucionaria.

En definitiva, las tendencias y condiciones objetivas están ahí, muertas de risa, esperando a que alguien las organice y las convierta en potencia creadora, a que se intervenga políticamente sobre ellas para recomponer al sujeto revolucionario.

Como UJCE tenemos un buen bagaje teórico y práctico para enfrentarnos a esta coyuntura. Pero necesitamos instrumentos aglutinadores, convergentes, de elaboración colectiva (como fue IU) e instrumentos de impulso, hegemonía, vanguardia y vertebración (como debería ser el PCE).

Lo que nos toca es seguir en la calle construyendo movimiento juvenil combativo que luche contra la precariedad, que sirva de base real para la convergencia alternativa. A la hora de criticar una práctica que ha fracasado por su carácter destructivo, hay que oponerle otra práctica creadora. Eso es lo que podemos aportar a un proyecto de convergencia política y social: estar en situación, estar en los movimientos sociales, conocer su realidad.

Sin rechazar otras opciones, como es la de impulsar desde la cohesión con el Partido un movimiento que posibilite la recuperación real del proyecto, vamos a seguir trabajando sobre nuestro discurso, desarrollándolo, aplicándolo y contrastándolo con la práctica a través de la acción política.

Extracto del Informe Político aprobado por unanimidad en el CC de la UJCE del pasado 29 de marzo.

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Izquierda unida se abstendrá en la investidura de Zapatero: ¿Hemos aprendido la lección?

Abril 10, 2008 · No hay comentarios

Manuel Monereo Pérez | 09-04-2008 | Artículos de Opinión

Resulta increíble que una fuerza que se califica a sí misma de transformadora, alternativa y pacifista, se abstenga la investidura de Zapatero cuando practica este practica una política militar atlantista y guerrera.

El único diputado de Izquierda Unida se abstendrá en la investidura de Zapatero por decisión de la Permanente de la organización. El avance parece enorme: del sí a la abstención. El voto “no” fue rechazado por razones que ya son muy conocidas. La primera y fundamental, no coincidir con el Partido Popular. La segunda, más sofisticada, parte de interpretar que los votantes de IU han conseguido un gran éxito al impedir que el PP gane y que verían muy mal que coincidiéramos con la derecha. La tercera es más interna: la abstención es el punto medio de la organización y, por lo tanto, el que consigue mayor consenso.

Hasta aquí todo normal y las argumentaciones son las que se vienen sucediendo, al menos, en los últimos cuatro años. Hay un pequeño problema: IU ha obtenido los peores resultados electorales de su historia y se encuentra política y organizativamente al borde de su desaparición. Sin embargo, lo más significativo es que una fuerza como IU se pueda abstener en un debate tan importante y unos momentos en los que el modelo de crecimiento se encuentra en crisis, la inflación se dispara y elparo aparece como una amenaza real para miles de hombres y mujeres. Es más, IU ha realizado una campaña electoral criticando duramente las propuestas socioeconómicas del Partido Socialista, denunciando el giro delgobierno de Zapatero a la derecha y anunciando nuestra oposición más resuelta. Eso sí, se añadía que esta vez queríamos ministerios y que optaríamos por una vicepresidencia de sostenibilidad ecológica.

Lo que resulta increíble para una fuerza que se califica a sí misma de transformadora, alternativa y pacifista, es que nos abstengamos en la investidura de Zapatero cuando practica una política militar que incrementa sustancialmente los gastos de defensa, nos mete en la guerra de Afganistán y que, sin complejos, acaba de aprobar el despliegue del llamado “escudo antimisiles de la OTAN” y la ampliación a nuevos miembros de una organización presuntamente defensiva dirigida a contraponerse a un Pacto de Varsovia que ya no existe.

No puede extrañar que esta política se relacione con la aprobación del tratado de Lisboa que profundiza en el carácter neoliberal del proceso de integración y que anuda la dependencia de nuestro continente a los intereses del imperio norteamericano.

Abstenerse ante un marco político así definido pone de manifiesto hasta qué punto ha avanzado la disolución política, organizativa y moral de IU. Si algo nos enseñó Julio Anguita en aquello de “programa, programa y programa” era que la autonomía (en positivo y a la ofensiva) de IU, se basaba en una propuesta colectivamente elaborada y defendida públicamente con orgullo y con dignidad. Programa significaba el consenso de la propia organización en torno a valores y principios, un pacto con los y las votantes y el fundamento de cualquier política de alianzas. No se pactó con el PSOE de Felipe González porque no estábamos de acuerdo con la política que realizaba y porque no era posible una convergencia programática sin traicionar los propios principios de IU. La autonomía de IU se fundaba en nuestra capacidad para sintetizar una propuesta y defenderla con coherencia. Votar en tal o cual sentido solo y fundamentalmente por no coincidir con una u otra formación política siempre pensamos que era un error y nos condenaba a la subalternidad.

Para muchos esta herencia tiene que ser recuperada en la próxima Asamblea de Izquierda Unida.

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Carta de Encuentro Plural Alternativo a las compañeras y compañeros del EPK y de la mayoría actual.

Abril 6, 2008 · No hay comentarios

Frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”

Antonio Gramsci

Pues no, no se vislumbra una Asamblea tranquila…, ni plural…, ni siquiera lo que se anuncia tiene pinta de ser una Asamblea. No nos engañemos, una Asamblea con fecha y organización sólo conocida por una minoría de EB y anunciada para sorpresa de la mayoría de la afiliación en una presidencia y aprobada en un CP una semana después de la fecha establecida para el cierre de unos censos repletos de irregularidades, difícilmente puede ser abierta y participativa. Con poco más de un mes para discutir unos documentos de los que la inmensa mayoría desconocemos su origen o proceso de elaboración, en una organización que aún no ha sido capaz de elaborar un simple informe para valorar unos catastróficos resultados electorales, creo que podemos coincidir en que no es el camino para relanzar e ilusionar una organización con una vida interna en decadencia.  Porque lo que prepara el Coordinador General, deprisa y corriendo, según los ritmos que mejor responden a sus propios intereses, fundamentalmente pretende su empoderamiento y perpetuación en EB durante unos años más….., y ya van casi 15. Y lo prepara a su estilo, como muchos de vosotros habéis padecido acaso mejor que nadie, con afiliaciones masivas, ciegas y en bloque, de última hora; con la exclusión, o el intento, de los sectores que le son incómodos; con la presión  e intento de compra de voluntades  según sus intereses; con las decisiones políticas y organizativas tomadas a menudo a título personal o fuera de los órganos internos; con……..

A las compañeras y compañeros del EPK

Todo esto lo sabemos nosotros, pero también vosotros, las compañeras y compañeros del EPK/PCE. Vosotros que lleváis más de 10 años excluidos y marginados por un Coordinador al que ahora se os plantea apoyar. Actitudes de desprecio personal y político hacia la militancia de vuestro partido, y lo conocéis demasiado bien. Vosotros que a lo largo del último año y en múltiples ocasiones habéis compartido con nosotros espacios de participación y trabajo colectivo. Y que en la última etapa habéis participado en la construcción de una alternativa a la Dirección y Coordinador actual, con compromisos concretos en un espacio de complicidad y confianza, personal y política.

El futuro de la EB que deseamos no pasa por Javier Madrazo, lo sabemos nosotros, lo sabéis también vosotros y seguramente ellos, los que nos están dejando de apoyar…. y de votar. Y si sabemos esto y tantas cosas más, y las hemos compartido y nos hemos comprometido con ellas, nos resistimos titánicamente a aceptar que in extremis se vaya a pactar, precisamente con quien simboliza todo aquello que nos proponíamos confrontar de forma abierta y democrática. Sinceramente, pensamos que nuestra organización y el proyecto transformador que aspira a ser EB necesita a esa militancia del EPK comprometida, crítica y rebelde contra el sectarismo, el liderazgo personal y la política sin ideología. Estamos a tiempo de impedir que el agotado proyecto que representa Javier Madrazo pueda extenderse casi hasta los 20 años, que son muchos y quién sabe si los últimos por el camino que vamos. Pero si no es así y dejamos escapar la ilusión de abrir ese nuevo espacio para EB, quienes hemos compartido con vosotros trabajo político, proyectos y compromisos, también nos merecemos algo más que una explicación. Porque seguiremos compartiendo el espacio político, incluso aunque éste siguiera siendo tan irrespirable para todos y todas.

Y porque, tenerlo por seguro, de la compañía que parece (sólo lo parece ;-) ser la elegida el lunes sólo cabe esperar la desertificación organizativa, la desaparición en EB de principios políticos dignos de tal nombre y, antes pronto que tarde, cuando ya no seáis necesarios para su salvación, la vuelta de vuestra marginación e intento de destrucción.

Mención aparte queríamos dedicar a los que durante meses os han representado. Tiempo habrá para echar la vista atrás y analizar en profundidad, esperamos que con una sonrisa, los vericuetos de tantos meses de negociaciones. Sólo queríamos reivindicar públicamente nuestro convencimiento de que son gente entregada en cuerpo y alma a la causa del PCE. Eso sí, igualmente, queremos expresar una convicción. Y es que en los últimos minutos de nuestra, hasta el momento, última y maratoniana negociación del pasado miércoles 2 de abril a las 23:30 de la noche, los miembros de EPA creímos ver en sus ojos el reconocimiento, de que tal vez, sólo tal vez, fuera posible alcanzar un acuerdo. Lo uno por lo otro, camaradas.

A quienes todavía se mantienen en la mayoría

Y en este momento en que estamos afrontando el futuro inmediato y estamos rozando con los dedos una nueva etapa para EB, las decisiones no pueden quedar sólo para “dirigentes” o miembros de los reducidos órganos de dirección. Han pasado suficientes cosas en el ámbito político y organizativo como para que ninguno de nosotros nos permitamos la delegación. Sabemos que dentro de nuestra organización y de la propia “mayoría” hay muchas compañeras y compañeros con quienes compartimos una sincera preocupación por el futuro de EB y la necesidad de renovar y relanzar nuestro proyecto. Personas con quienes hemos compartido el trabajo en asambleas y permanentes de base, áreas o consejos políticos, con quienes hemos establecido complicidades y compartimos referentes políticos y propuestas. Compañeros en definitiva con quienes nos sentamos en el Consejo Político y que a menudo nos habéis trasladado unas preocupaciones muy parecidas a las nuestras: que estamos perdiendo espacios de participación; que las áreas han quedado sepultadas por la estructura de las liberaciones; que las decisiones políticas están cada vez más lejos de los afiliados de base; y cada vez hay menos ideología y posiciones más parecidas a partidos que nunca fueron de izquierda y tantas cosas de las que a veces hablamos, pero un poco en la esquina como para que no se note demasiado.

Sabemos también de los intrincados y bastardos mecanismos de presión y secuestro a los que algunos os veis sometidos. Lo sabemos porque alguna de nuestra gente también los ha sufrido. Las servidumbres de los frutos del poder gubernamental de Javier Madrazo, son penetrantes y corrosivas. Tal vez ésta sea una de las dinámicas más diabólicas que el Gobierno Vasco introdujo masivamente en nuestra organización; la compra de voluntades. Sólo deciros cuánto mejor se duerme fuera de ella. Y a aquellos que nos habéis anunciado vuestro hartazgo e inminente retirada os proponemos rebelaros votando el lunes. Y de este modo, si lo conseguimos en cantidad suficiente, la retirada será no la vuestra, sino la de otros, que bien merecido lo tienen.

Lo dicho, este puede ser el momento para empujar a EB en una nueva dirección. Que igual que debemos aceptar, aunque sólo fuera porque otros ya lo han decidido, que la etapa política de la alianza estratégica con el nacionalismo conservador ha terminado, también lo puede hacer la etapa que inició hace 14 años el actual Coordinador General, aunque sólo sea porque eso es una decisión nuestra y nada nos debería impedir tomarla, si así lo queremos.

A todas y a todos

El lunes 7 de abril de 2008 en el CP nos jugamos perder o ganar una oportunidad  histórica en EB, que los acontecimientos nos han brindado. El Coordinador General, confiado y muñidor de las divisiones entre sus críticos, nos ha citado allí dónde se encuentra la única grieta de su todopoderosa fortaleza paragubernamental, el Consejo Político de Euskadi.

Estamos a tiempo, vistos los hechos y las voluntades de los miembros del Consejo Político de Euskadi, reconsideremos y en su caso seamos capaces de redituarnos. Podemos aún dar las riendas del futuro de EB a una comisión plural, que sustituya para siempre las formas actuales de dirección. No se lo esperan. Y sería un antológico final, para quienes creían que una vez más, se iban a salir con la suya.

Compañeras y compañeros lo que este lunes sucederá aún no ha sido escrito. Allí estaremos.

Sabin Zubiri

Angel Martínez de Antoñana

Angel Bao

Arantza Basagoiti

Ruben Belandia

Andoni Basterra

Txemi Peñas

Santi Martínez

Alicia López de Munain

Mikel Labeaga

Marce Fraile

Eneko González

Asun Merinero

Ritxar Bacete

Montse González

(Miembros del Consejo Político y de la Presidencia de Euskadi y del Consejo Político Federal de Encuentro Plural Alternativo-Elkargune Plural Alternatiboa)

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No cerrar el debate antes de que éste comience.

Abril 5, 2008 · No hay comentarios

Manuel Monereo Pérez | 05-04-2008 | Rebelión

Diversos amigos y amigas me piden que clarifique esta idea, expresada por varios dirigentes de Izquierda Unida (especialmente por Enrique Santiago), de ir a una Asamblea de IU en dos fases y propiciar una coordinación general colegiada, paritaria, democrática y plural.

La primera cuestión tiene que ver con el carácter de la crisis que sufre Izquierda Unida. Para algunos, la crisis sería algo pasajero y coyuntural y que bastaría un cambio de dirección y unos retoques en la política para salir de ella. Nuestra posición es radicalmente distinta: la crisis de IU es de proyecto, es decir, de estrategia política, de la forma organizativa y de su relación con la sociedad. Se trata de una situación excepcional que requiere soluciones excepcionales.

La segunda cuestión está relacionada con la constitución de la Comisión preparatoria de la Asamblea de Izquierda Unida. Esta Comisión, como es lógico, refleja el poder de las grandes Federaciones a las que se suman el Partido Comunista y la CUT. Aquí se da una paradoja: una Comisión, excepcional por su composición y funciones, pretende dar soluciones normalizadas y normalizantes, con el peligro de que el análisis y el debate sobre la crisis de IU y sus posibles salidas termine por convertirse en un reajuste de poderes por arriba que cierre, una vez más, el debate antes de que éste realmente comience. Mas allá del “realismo” de estas propuestas, lo que asombra es el autismo ante lo que realmente pasa y el desconocimiento profundo de que ya no hay donde replegarse y que la crisis puede ser terminal.

Los que hemos propuesto una asamblea en dos fases, es decir, un proceso autoinstituyente de IU nos referimos a:

1º) que de esta crisis solo se saldrá si somos capaces de implicar en su solución a los afiliados y afiladas de IU y a miles de hombres y mujeres que siguen considerando necesaria la existencia de un referente fuerte de la izquierda alternativa y transformadora española.

2º) que el contenido de la próxima asamblea debería ser una gran convocatoria para la izquierda que abriese una nueva convergencia social y generase un auténtico movimiento en favor de una izquierda para la alternativa a las políticas y a las formas de hacer política dominantes

3º) que, hecha esta convocatoria y dándole todo el protagonismo a las asambleas de base de izquierda Unida, se vaya organizando de abajo a arriba un movimiento que defina (de ahí su carácter autoinstituyente) la estrategia política, la forma organizativa y los instrumentos para hacer la política.

Lo fundamental, como queda dicho, es que se diagnostique bien la crisis y se propongan soluciones en el marco de un proceso que reconstruya socialmente el proyecto, refunda el programa y se pongan los mecanismos para regenerar democráticamente la organización. En este sentido, sería bueno no engañar ni engañarse, volver a dramáticos debates y a la lucha por el poder en torno a un coordinador o coordinadora de IU, sería bloquear cualquier proceso de reconstrucción de IU y daría una peligrosa marcha hacia atrás, hacia el abismo. Nuestra idea es muy simple: una coordinación colegiada, democrática, paritaria y plural que aproveche todos los recursos e iniciativas que esta organización sigue teniendo y que sea capaz de proyectarla hacia la sociedad, hacia una convocatoria para la izquierda que inicie una nueva convergencia político-social.

Una cosa sí sabemos: Que una propuesta así generaría ilusión, nos sacaría del ensimismamiento que vivimos como organización y daría la señal de que estamos vivos y apostamos por la transformación social, empezando por transformarnos a nosotros mismos.

* Manuel Monereo Pérez. Miembro de la Comisión Permanente de IU

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Izquierda Unida: ¿por qué es necesario un proyecto autoinstituyente?

Marzo 28, 2008 · 1 comentario

Manuel Monereo Pérez y Ginés Fernández González

Habría que hacer un esfuerzo por cualificar bien qué tipo de crisis vive IU y, desde este análisis, buscar la alternativa para un proyecto que, en muchos sentidos, sigue estando vigente y, hasta cierto punto, más necesario que nunca. IU, no hay que engañar ni engañarse, vive desde hace tiempo una crisis de proyecto. La derrota de 2.004 fue una demostración más (que no la única ni siquiera la más importante de esta crisis) y los resultados electorales últimos expresan lo que podríamos llamar “una crisis en la crisis”.

Cuando hablamos de crisis de proyecto queremos decir, en primer lugar,que se ha producido un cambio sustancial de estrategia política. La conversión de IU en el ala izquierda del zapaterismopone de manifiesto el sometimiento a las lógicas políticas y mediáticas dominantes y evidencian elagotamiento, esperemos que temporalmente, de su carácter alternativo en su doble faceta: a las políticas neoliberales y a las formas de hacer política en estas democracias demediadas y crecientemente oligárquicas.

En segundo lugar, su progresiva institucionalización y burocratización. Resulta paradójico, pero es verdad: con apenas tres diputados y una menguadísima representación institucional y con gravísimos problemas económicos, IU ha centrado toda su actividad en sus relaciones privilegiadas y preferentes con el PSOE y el trabajo en las instituciones. Su implantación en la sociedad y su actividad en los movimiento sociales realmenteexistentes han quedado relegadas a un plano secundario y a la actividad espontánea de sus militantes. La actividadpolítica única de la organización, nos referimos a las impulsadas por la dirección federal, ha consistido en preparar las diversas campañas electorales y en ganar, por cualquier medio, poder interno, aún a costa, como pasó en la federación valenciana, de agudizar la crisis y propiciar su ruptura. No se ha tenido en cuenta que una fuerza como IU, precisamente porque quiere luchar de verdad contra el bipartidismo, tiene que ganar influencia social, relación con los movimientos (específicamente con el movimiento obrero) y protagonizar el conflicto de clases.

En tercer lugar, íntimamente unido a lo anterior, IU vive una crisis orgánica sin precedentes. Las organizaciones de base languidecen y apenas si tienen actividades relacionadas directamente con los ciudadanos y ciudadanas. Esta campaña electoral ha culminado un ciclo: los afiliados y afiliadas apenas si han contado y la estrategia de la misma ha desconectado explícitamente de ellos, de su movilización y de su tensión moral e ideal. Crisis orgánica también en una creciente desintegración territorial del proyecto y eninexistencia de una política común libremente aceptada. El equipo dirigente ya no dirige, gobierna una fracción multicolor que abiertamente conspira contra el propio proyecto y ha pretendido cambiar la naturaleza de IU aprovechando unas singulares primarias y una precampaña electoral que, lo diremos benévolamente, ha supuesto una agudización sin precedentes de la crisis estructural que IU viene anidando desde hace mucho tiempo. En un contexto así, no puede extrañar que centenaresde compañeros y compañeras hayan ido abandonando la organización y que la desmoralización y el desánimo cunda por doquier.

En cuanto lugar, la pluralidad de IU se ha ido reduciendo y ha terminado por hacer emerger las diferencias entre militantes (todos) con carnet del Partido Comunista que se alinean diversa y antagónicamente en el seno de IU. El problema no es de ahora y pone de manifiesto la enorme dificultad de hacer coexistir dos aparatos simétricos y paralelos que, a su vez, se encuentran cada vez más separados política y culturalmente.Gaspar Llamazares y su equipo siguen teniendo el carnet del PCE y muchos de ellos son miembros de su Comité Ejecutivo y de su Comité Federal. Es decir, la pluralidad de IU se ha sustituido por la pluralidad del PCE, haciendo prácticamente imposible que otros colectivos y personas puedan llegar a formar parte de IU en igualdad de condiciones y libres de dependencias.

Por último, la acumulación de crisis ha terminado por generar un verdadero bloqueo de identidad de IU. A estas alturas, los hombres y mujeres de IU no saben muy bien si son la izquierda del PSOE o la izquierda alternativa anticapitalista y con voluntad socialista. No saben si su tarea histórica es cambiar al Partido Socialista o crear las condiciones histórico-sociales para una alternativa de izquierdas en nuestro país. La alianza rojo, verde y violeta que sintetizaba programáticamentela alianza entre el movimiento obrero organizado y los nuevos movimientos sociales emancipatorios, se ha ido convirtiendo en un galimatías absolutamente incomprensible para los no iniciados, donde aparecen ecosocialistas que poco o nada tienen que ver con una perspectiva socialista ycon un ecologismo político digno de ese nombre y donde el pacifismo militante se combina, sin aparente contradicción, con el apoyo a unos Presupuestos Generales del Estado que, entre otros muchos elementos, incorpora un crecimiento imponente del gasto militar y de la investigación y ciencia dedicado a ello. Se ha perdido coherencia programática y emerge un debate ideológico trufado de tacticismo y de verdades a medias que someten a los afiliados y simpatizantes a la confusión y a una interpretación cada vez más esotérica de lo que viene de arriba.

Se podría continuar, pero creo que lo dicho supone una negativa de fondo a cualquier intento de cerrar el debate apenas iniciado y a un reajuste depoderes internos entre las Federaciones más poderosas económica e institucionalmente. De hecho, en los últimos años, esta estrategia ha sido intentada una y otra vez y ha fracasado siempre, precisamente porque ha ignorado el carácter y la profundidad de la crisis de IU y porque ha subestimado la nocividad de las políticas del actual grupo dirigente de IU.

El dato más significativo del que hay que partir es que IU, a pesar de todo, sigue teniendo una apreciable base social y electoral, una red organizativa que abarca prácticamente todo el Estado y un conjunto significativo de cargos públicos locales y provinciales que siguen apostando por IU y su futuro.

Cualquier solución sería a la crisis de IU debe propiciar la participación activa de todos y cada uno de los afiliados y afiliadas de IU y de los miles de hombres y mujeres que simpatizaron o simpatizan con un proyecto que durante muchos años fue una esperanza real para miles trabajadores y trabajadorasy para una ciudadanía cada vez más subalternizada a los poderes fácticos, mediáticos y económicos.

Por lo tanto, lo fundamental aquí y ahora es tener un análisis veraz de lo que nos pasa y crear las condiciones colectivas para la superación de la crisis de IU.Muchos de nosotros defendemos una proceso autoinstituyente de IU, es decir, que los militantes, los afiliados y afiliadas, el soberano,defina las nuevas reglas, los principios y valores y los modos de organizarse y trabajar en la sociedad, haciéndolo de modo abierto e inclusivo, buscando que en el propio debate participen y converjan hombres y mujeres que estén dispuestos a organizarse en un proyecto de la izquierda alternativa. Crear ilusión, salir de uno marcos políticos y organizativos cada vez más limitados debe ser una tarea impostergable para afianzar el proceso. Queremos ser más, organizar más y generar expectativas positivas en una sociedad que vive con unos enormes déficits de izquierdas y que necesita de proyectos capaces de regenerar la vida pública y de mejorar las condiciones de vida y de trabajo de las mayorías sociales. Autoinstituyente, en este sentido fuerte, significa situar en el centro la Política, con mayúsculas.

En definitiva, deberíamos ir a un proceso en dos fases. La primera, la próxima asamblea, tendría como objetivo definir con precisión y claridad la apertura de este proceso autoinstituyente y como hacerlo factible política y organizativamente, creando un equipo colectivo de dirección capaz de atender las enormes tareas políticas pendientes. En este sentido, nombrar un nuevo coordinador general sería cerrar más que abrir el proceso y nos podría llevar a divisiones internas que favorecerían de nuevo las lógicas de poder y la perpetuación de dinámicas que bloqueen una salida en positivo de la crisis.

Una segunda fase, que comenzaría al día siguiente de la Asamblea, tendría como objetivo abrir un debate profundo en la organización y en la sociedad en torno al contenido de la izquierda alternativa hoy, de su programa y de su forma organizativa. Autoinstitución significa, es bueno insistir sobre ello, que del proceso puede surgir la refundación o la reconstrucción de IU o bien la creación de otra cosa; significa que esto se deje en manos del conjunto de la militancia y que el debate irá esclareciendo y definiendo.

IU tiene sentido, pero depende del compromiso moral e intelectual de los hombres y mujeres que seguimos pensando que otro mundo es posible, que el capitalismo no puede ni debe ser el horizonte insuperable de la humanidad y que la emancipación socialista sigue teniendo sentido.

Manuel Monereo Pérez, miembro de Presidencia Federal de IU,

Ginés Fernández González, miembro de la Permanente Federal de IU.

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Entrevista a Enrique Santiago

Marzo 28, 2008 · No hay comentarios

No hay unidad sin cambio, no hay cambio sin unidad”

Mario Amorós

Rebelión

17-03-2008

El 9 de marzo Izquierda Unida sufrió la mayor debacle electoral desde su fundación en abril de 1986 y retrocedió… 75 años, hasta los registros del PCE de 1933, cuando obtuvo también un diputado, el médico Cayetano Bolívar, por Málaga. Gaspar Llamazares, su todavía coordinador general, será el único militante de IU que se sentará en el Congreso de los Diputados en la próxima legislatura. Con el 3,80% de los votos, Llamazares atribuyó esta derrota política al “tsunami bipartidista” y a una ley electoral muy perjudicial para la tercera fuerza nacional. Sin embargo, en los comicios de 1993 y 1996, también muy polarizados por la crisis del PSOE y un Partido Popular en ascenso, IU, con Julio Anguita como coordinador general y una línea política radicalmente diferente a la actual, conquistó 18 y 21 diputados con la misma ley electoral.

 

En esta entrevista Enrique Santiago, miembro de la Presidencia Federal de IU y secretario de Relaciones Políticas del PCE, analiza el horizonte que se abre a IU en el corto y medio plazo tras el anuncio de Llamazares de renunciar a presentarse a la reelección en la IX Asamblea Federal, que tendrá lugar en junio. En diciembre de 2004, este abogado madrileño encabezó la alternativa en la VIII Asamblea Federal de Izquierda Unida y sólo pudo ser derrotado con un cambio de los estatutos ad hoc que permitió la reelección de Llamazares.

 

- ¿Cómo valora el resultado global de las elecciones generales?

- Estas elecciones han supuesto un paso más en la tendencia de consolidación del bipartidismo en España y simultáneamente la eliminación o reducción de la pluralidad política, en un contexto de fuerte crispación estimulada por el PP, estrategia que le ha reportado a este partido importantes réditos electorales a pesar de no conseguir superar al PSOE. El electorado del PP, ahora ampliado respecto a las elecciones generales de 2004, constituyendo así un importante sector de la población, ha creído el discurso catastrofista de los dirigentes de ese partido: ruptura de España, invasión de inmigrantes, supeditación del Gobierno a las decisiones de la organización terrorista ETA, conspiraciones oscuras detrás del atentado del 11-M…Se consolida así una derecha española aún mas reaccionaria y fuerte si cabe.

Frente a eso, aparece un PSOE consolidado en torno al discurso políticamente correcto y vacuo de Jose Luis Rodríguez Zapatero, quien ha sustituido la ejecución real de políticas sociales redistributivas por una políticas de imagen vacías de contenidos de progreso profundos: Ley de Dependencia sin memoria económica ni recursos para llevarse a la práctica; reducción constante de impuestos a las rentas del capital, empresariales y a las rentas del trabajo más elevadas; debilitamiento de la protección social a los trabajadores mediante reformas del sistema de la Seguridad Social; ausencia de voluntad política para acabar con los privilegios de la Iglesia católica, o para reivindicar la memoria histórica de las victimas de la dictadura franquista…..

En este contexto, Izquierda Unida (y otras fuerzas de izquierda nacionalista) no ha sabido o no ha podido articular un discurso político que fuera reconocido por buena parte de los ciudadanos de izquierda de este país como útil y posible de ser llevado a cabo, no ha sabido ofrecer estrategias de cambio y transformación social en las que los ciudadanos reconocieran una oportunidad de avanzar en el pleno cumplimiento de los derechos sociales reconocidos formalmente en la Constitución, como el empleo digno, el derecho a una vivienda, el fin del “cieneurismo”, la protección social efectiva de los sectores más vulnerables como son los ciudadanos dependientes, los pensionistas, los trabajadores que cobran el salario mínimo, las familias monoparentales…

El hundimiento de IU y la práctica desaparición de su capacidad de incidencia política en el Parlamento facilitará al Partido Socialista un giro aún más conservador en su política económica, una política social y fiscal aún menos redistributiva, su acercamiento a las fuerzas del nacionalismo conservador (o al PP llegado el caso) para pactar los grandes asuntos de Estado. Y también una política internacional más dependiente y supeditada a los intereses norteamericanos (permanencia en Afganistán o aceptación de facto de la independencia de Kosovo), especialmente en América Latina, donde nuestro país previsiblemente adoptará posiciones aún más confrontadas con los procesos de cambios políticos y sociales de progreso que se están produciendo en cada vez más países de esta región, anteponiendo los intereses del capital transnacional de matriz española frente a los de los pueblos latinoamericanos aún inmersos en el subdesarrollo social y económico a pesar de las inmensas riquezas naturales de esos países.

- ¿Cuáles son las causas principales de la debacle de IU?

- Sin duda, el sistema electoral es injusto, pero por sí solo no justifica este hundimiento. Con el mismo sistema electoral, Izquierda Unida obtuvo dos decenas de escaños en el Parlamento no hace tanto tiempo. La mayor parte de la responsabilidad de este descenso corresponde sin duda a la actual dirección de IU, que no sabido ni articular un discurso identificable como útil y de progreso por buena parte de la ciudadanía, ni tampoco pacificar internamente la organización para tener la “herramienta política” en las mejores condiciones para ir avanzando posiciones en el escenario político actual.

Sin embargo, las causas de este desastre sin paliativos no pueden situarse únicamente en los errores de la actual cúpula dirigente de IU, respecto a la cual, por cierto, muchos integrantes de primera línea ahora no se identifican ni reconocen, abjurando de su permanente presencia en la misma. Todos somos responsables en cierta medida. El descalabro actual no ha sido más que el resultado de una línea descendente continua en los resultados electorales iniciada después de 1996, perdiendo en cada elección general en torno a 300.000 votos, los mismos que se han perdido en las elecciones del 9 de marzo, aunque ahora esa pérdida haya supuesto la práctica desaparición parlamentaria de IU a consecuencia de un sistema electoral perfectamente diseñado para perjudicar en especial a la izquierda transformadora de este país.

Todos somos responsables de haber aceptado la conversión de IU, desde el movimiento político y social originario que era, en una mala copia de un partido político clásico con todos los vicios de “aparato” concentrados. Todos hemos aceptado en la práctica la sustitución de la síntesis dialéctica o el consenso como forma de toma de decisiones por la confrontación permanente entre mayorías y minorías, entre distintas familias políticas que en muchos casos han defendido con más pasión su estatus e intereses personales (económicos y laborales incluidos) que políticas realmente de izquierdas y comprometidas con el cambio social.

Todos somos responsables de aceptar dedicar más del 80% de nuestro tiempo de militancia a la discusión interiorizada, a la “fontanería organizativa” y al diseño de sistemas de representación internos aún más injustos que la ley electoral española, dejando sólo para el trabajo político en la calle, en los movimientos sociales, entre los ciudadanos, apenas el 20% de la fuerza militante de nuestra organización. Todos hemos aceptado, aunque en esto evidentemente tienen mayor responsabilidad quienes ocupaban la dirección y por tanto tenían que velar por la legalidad interna, la desaparición o anulación de las normas de convivencia internas y la utilización espúrea y maniquea de las mismas en beneficio propio: exclusiones injustificadas, expulsiones sistemáticas, negativa a cumplir los acuerdos de órganos o comisiones de garantías que pretendían solventar conflictos internos. Aún hoy, y a título de ejemplo, como si nada hubiera ocurrido la noche del 9-M, una importante federación de IU, como es la madrileña, se niega a acatar y hacer cumplir las decisiones de la propia comisión de garantías de IU-Comunidad de Madrid respecto a la obligatoria restitución de la totalidad de derechos de militancia de militantes y dirigentes de Alcalá de Henares “excluidos” por el actual núcleo dirigente de esta federación.

Desde mi punto de vista, un análisis simplista e interesado del actual desastre político que padecemos sería un pésimo punto de partida para intentar recuperar a la tercera fuerza política de este país.

- ¿El descalabro electoral es el fracaso de una línea política y de una concepción de IU?

- Sin duda, es el fracaso de una determinada forma de hacer política que para la derecha o la socialdemocracia puede resultar beneficiosa, pero que nunca lo será para una fuerza que se reclama transformadora desde un serio análisis político y un profundo compromiso ético y militante. A estas alturas, sólo los más obcecados pueden obviar que en el núcleo del actual fracaso electoral se encuentra un discurso político escasamente diferenciado de el del PSOE, o que es escasamente percibida esa diferenciación por nuestro electorado potencial. Lo anterior, sumado a un funcionamiento cada vez más burocratizado e interiorizado, abandonando el vínculo de trabajo con los movimientos sociales que suponían las áreas de elaboración colectiva de IU, se ha constituido en elemento decisivo para caer en el precipicio político en el que ahora nos encontramos.

Nosotros no podemos sustituir la elaboración colectiva y el contacto y presencia real en la calle por manifiestos de artistas e intelectuales, dicho sea con todo el respeto y sincero agradecimiento a quienes entre los anteriores han seguido prestando, contra viento y marea, su apoyo a IU, o por puestas en escena de actos mediáticos con la pretensión de suplantar la convergencia real entre lo político y lo social que debe constituir el motor de IU. La última supuesta “convención programática” de IU, celebrada en el periodo preelectoral, es sin duda una muestra de esto. Muchos han alcanzado la afonía dentro de nuestra organización por reclamar permanentemente un paréntesis en la confrontación interna para poder así centrarnos en dar la palabra a militantes y sectores sociales y políticos objetivamente afines a nuestras reivindicaciones y estrategias, con escaso éxito.

Y de “manual” es el error cometido por al actual dirección de IU tras las primarias de elección de nuestro candidato a la presidencia del Gobierno. Después de recibir el candidato el apoyo casi unánime de todo el Consejo Político Federal, sin causa ni justificación la dirección federal desató en pleno proceso electoral una auténtica caza de brujas que llevo a la “expulsión” de la Comisión Permanente de tres destacados dirigentes federales de IU, así como a la artificial creación de un conflicto en el País Valenciano que nos ha costado más que la pérdida de un diputado por Valencia. Sólo una irracional tendencia suicida de la dirección de IU puede justificar tamaño error de cálculo político y electoral.

- ¿Qué le parece la decisión de Gaspar Llamazares de no optar a la reelección como coordinador general en la próxima Asamblea Federal?

- Es lo mínimo que el todavía coordinador general puede hacer después del descalabro electoral que ha capitaneado, máxime atendiendo a que, en caso de que volviera a presentarse a la coordinación general, sería la cuarta vez que lo hiciera y necesitaría por norma estatutaria más de un 60% de los votos para ser reelegido. Desde un punto de vista estrictamente político, es obvio que el coordinador general y su equipo han fracasado y ello debe llevar aparejados cambios al frente de IU. Ya he dicho que no creo que sea correcto hacer a Gaspar Llamazares el único responsable del desastre electoral, ni tampoco exclusivamente a su círculo más próximo. Las responsabilidades han de ser compartidas, en primera instancia por el equipo extenso de la dirección federal, y, más allá de estos, por todos los que hemos sido parte de la dirección federal en sentido amplio, todos los que hemos sido miembros del Consejo Político Federal, incluso en los casos, como el mío, de quienes no hemos sido miembros de este órgano antes de la última Asamblea Federal de diciembre de 2004.

También creo que no es bueno ni conveniente que la actual dirección siga en funciones hasta la próxima Asamblea Federal, sea cuando fuere, sino que lo correcto sería, al igual que se va a crear una comisión plural que la prepare, proceder a una remodelación absoluta de la actual dirección y garantizar una dirección política plural, unitaria y cohesionada frente a la adversidad para sacar adelante los asuntos cotidianos y los posicionamientos políticos de IU, en un momento clave de la legislatura aún no nacida como es la investidura del Presidente del Gobierno y la posición que IU mantendrá al respecto.

- ¿La pérdida del grupo parlamentario y de la subvención estatal por no haber llegado al 5% para costear el mailing pone en peligro la supervivencia económica de IU?

- Sin duda alguna, éste es otro factor que debe tenerse en cuenta, aunque no creo que en este momento sea lo que más nos deba preocupar, ni mucho menos determinar nuestras posiciones políticas. A fin de cuentas, nos jugamos la desaparición real de IU como fuerza política de ámbito estatal y, ante esa posibilidad, el problema económico o el posible impago de los créditos electorales pasa a ser un problema más para los acreedores que para los deudores.

Distinto es abordar este asunto desde la perspectiva del relanzamiento de Izquierda Unida. Evidentemente, el resultado electoral y la subsiguiente pérdida de ingresos institucionales se nos presentarán en el futuro como un problema añadido para la revitalización de nuestro proyecto, aunque estoy convencido de que, si la vertiente política del problema se soluciona con cordura, unidad y cohesión interna, el problema económico seremos capaces de resolverlo entre todos. Aún existen importantes ingresos económicos de origen institucional en muchas federaciones de IU, tanto por cargos públicos electos como por pertenencia a organismos públicos. La solución a la crisis económica pasaría sin duda por ordenar y hacer más transparentes estos ingresos, redistribuyéndolos de forma solidaria entre todas las estructuras de IU, con especial atención a conseguir que las federaciones actualmente existentes en las llamadas “zonas blancas” electorales pudieran de alguna forma verse beneficiadas por mecanismos económicos de compensación solidaria interna.

- ¿Cómo debe ser el proceso hasta la Asamblea Federal que elegirá a la nueva dirección?

- La próxima Asamblea Federal no va a ser el final de este proceso de reconstrucción de Izquierda Unida, sino que debería convertirse en el inicio de dicho proceso, en el inicio del proceso reconstituyente, o instituyente, de la izquierda transformadora representada hoy por IU. Debe, por tanto, ser un proceso de unidad y cohesión ante todo, en el que todos seamos capaces de aparcar mediocridades y mezquindades, inquinas personales incluidas, y crear un nuevo clima de trabajo basado en la confianza y lealtad mutua entre todos los militantes y dirigentes, que para eso somos compañeros de proyecto político y nunca enemigos, ni siquiera adversarios.

Es fundamental garantizar que se escuche la palabra y la voz de la militancia de IU, especialmente de la que todavía no está “contaminada” por su participación en las guerras cainitas que hemos vivido en los distintos órganos de dirección. IU debe ser una fuerza política mucho más participada por su militancia y donde el peso de los dirigentes -que evidentemente no hemos dado la talla política, ni hemos estado a la altura de las circunstancias en los últimos años- disminuya frente al peso de los militantes, tanto en la próxima Asamblea Federal como en el futuro funcionamiento de todos los órganos de dirección.

Sería muy aconsejable una profunda renovación de los equipos dirigentes tanto federal como de las federaciones, empezando por mí mismo, y dando paso a nuevos equipos dirigentes más convenientes para encarar la reconst