Mi otra “La escarpada subida”

La refundación de La Izquierda es ya inaplazable

Julio 6, 2009 · Dejar un comentario

Hugo Martínez Abarca

En las elecciones generales de 2008 toda la militancia y los dirigentes de Izquierda Unida coincidía: un 3.77% era un pésimo resultado. En las elecciones europeas de 2009 hemos obtenido un 3.71% que merecería una mirada igualmente autocrítica. Hemos mantenido los dos escaños (1+1), sí, pero eso no se debe más que a dos circunstancias: la ley electoral en las europeas es justa y los escaños a repartir son relativamente pocos lo que hace que el voto tenga que variar bastante para que varíe el número de escaños. Ni sociológica ni políticamente supone ningún avance el mantener esos dos escaños: sólo es un resultado de aplicar la ley electoral.

Probablemente el mensaje que ha intentado transmitir Izquierda Unida haya sido el correcto en un tiempo en el que el análisis es sencillo: la crisis económica pone en bandeja la crítica al sistema económico y a las instituciones para-democráticas. Además hemos centrado la campaña en propuestas mientras los dos grandes partidos se intercambiaban mierda. Pero no hemos conseguido que ese mensaje pasara de nuestro primer círculo de influencia: seguimos resultando inexistentes para amplias capas de la sociedad. Y a esas capas sólo podremos llegar si hacemos un esfuerzo importantísimo por tomar contacto directo con la ciudadanía (algo que se puede traducir en medidas concretas y que no sólo quiere decir acudir a las manifestaciones), complementado con nuevas formas de comunicación que sólo hemos empezado a ensayar en estas elecciones. No vale con quejarse de que los medios han decretado la inexistencia de IU (algo que es cierto con escasas excepciones), sino que hay que tomar medidas imaginativas para que ese decreto no se cumpla.

En noviembre de 2008 Izquierda Unida se dio un plazo de un año y medio para refundarse. Falta menos de un año y apenas hemos dado pasos. La refundación de IU no es sólo encontrar un coordinador que nos guste y tener un poco de paz interna. Eso es necesario pero absolutamente insuficiente. Ni siquiera es sólo cumplir la ley y hacer un censo nuevo, aunque también. Hace falta apelar a todas esas izquierdas dispersas a encontrarse con Izquierda Unida, desde la lealtad y desde la generosidad y también a reencontrarnos entre nosotros resolviendo los conflictos internos enquistados. Tenemos que dotarnos de estructuras radicales, novedosas y democráticas dispuestas a afrontar tiempos nuevos (y muy difíciles para todas las izquierdas): estructuras que sean coherentes con aquellas propuestas que lancemos a la ciudadanía y que por tanto vengan dictadas de abajo hacia arriba. Y esa refundación tiene que ser coral: debe realizarse en el conjunto de Izquierda Unida y en cada una de sus partes.

La refundación era inaplazable ya por motivos democráticos: era el mandato de la IX Asamblea. Ahora lo es también por motivos prácticos: las europeas nos consolidan en el suelo electoral de 2008. Y esa refundación exige muchas cosas, pero la primera que apartemos los palos en la rueda de un proceso refundador inexcusable. Para cumplir el proceso refundador ordenado por la asamblea tenemos que permitir que se ponga en marcha ya mismo para que antes de fin de año estemos en disposición de culminarlo y asentar una organización imprescindible para que haya alternativas a la podredumbre.

A por ellos, IU.

Quien mucho abarca

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Aprobación de la LEC y rechazo de la ILP sobre transgenicos ( Crónica del suicidio político del gobierno Tripartito de Catalunya)

Julio 6, 2009 · Dejar un comentario

Los mismos representantes políticos que en las sucesivas citas electorales desde 2006 en Catalunya (1) se lamentan sobre la desafección ciudadana ante las urnas y llaman a reflexionar sobre sus causas y a poner solución.., nos dieron la semana pasada dos actuaciones sumamente esclarecedoras de por donde marchan sus remedios y nos ofrecen pistas elocuentes sobre las causas del absentismo electoral, la desmovilización social, la desconfianza generalizada hacia los políticos, y sobre el malestar creciente que se acumula y extiende por todas partes aunque no encuentre todavía un referente político, social y ético que lo exprese, organice y movilice.

En medio del derrumbe de los mitos del libre mercado, en plena crisis económica del sistema capitalista internacional, cuando la “mano invisible” nos muestra su capacidad destructora, los gobernantes del PSC aplicando disciplinadamente la llamada “agenda o estrategia de Lisboa” (2), impulsaron el proyecto de nueva “llei d’Educació” (3), Llei que ha sido aprobada el pasado 1 de Julio en el Parlament de Catalunya con los votos favorables de PSC, ERC, CIU a su totalidad y el voto parcial de la Coalición ICV-EUiA (4).

El conseller del PSC Ernest Maragall ha construido con la LEC la autopista para la ofensiva de las políticas de derecha que se anuncian como salida a la crisis económica: “contrarreforma laboral”, “contrarreforma de las pensiones para 2010/2011”, recorte de salarios, recorte de gastos sociales, extensión de los procesos de privatización a otros servicios públicos, por consiguiente pérdida de derechos sociales, creciente amenaza sobre los derechos políticos y las libertades…

No es casualidad que en poco tiempo se haya producido tal condensación de hechos políticos: rebaja de impuestos a los ricos de Catalunya (a pesar de los problemas de financiación del presupuesto..), aplicación del plan Bolonia a espaldas del movimiento real de estudiantes y enseñantes, utilización de la “pedagogía” de las porras contra los disidentes, discurso del President Montilla ante los círculos de la patronal glosando las ventajas de la “contrarreforma laboral”, autorización de ERES y regalos sistemáticos a la Banca y grandes empresas multinacionales, aprobación de la LEC para gozo y disfrute del lobby de la enseñanza privada-nacional-religiosa en Catalunya, y para redondear y que nadie piense que se dejan cosas al azar se enmienda en el Parlamente la totalidad de la ILP sobre transgénicos que contaba con 105.000 firmas de apoyo el pasado 2 de julio….

Así pues cabe interrogarse sobre qué tripartito nos gobierna en la práctica. ¿El del PSC+ERC+Coalición ICV-EUiA cuando se golpea a los estudiantes que se movilizan contra el Plan Bolonia?, ¿el del PSC+ERC+CIU que aprueba la totalidad de artículos de la reaccionaria LEC?, ¿el de PSC+CIU+PP que rechaza la ILP contra los transgénicos…?. Una observación surge inquietante, el PSC aparece como “pal de paller” en todas las combinaciones tripartitas…

Insensibles ante las aspiraciones y necesidades de la mayoría ciudadana trabajadora, emigrante, femenina, ecologista, joven y pobre. Con actitud prepotente ante las sucesivas huelgas y manifestaciones de enseñantes y estudiantes contra la LEC. De espaldas a las demandas de todos los sindicatos, incluso de los que han dado pruebas de tanta moderación pactista y servidumbre, el gobierno tripartito bajo el férreo control del partido mayoritario PSC y de su Presidente Sr. Montilla prosigue firme y resuelto su andadura hacia el precipicio social, político y electoral.

Podemos tener dudas sobre cuales serán los efectos de ese desastre sobre el futuro del PSC dada su “flexibilidad” programática y de alianzas… Pero no hay que ser visionario para anticipar el descalabro que se cierne sobre los socios minoritarios del gobierno tripartito…

En efecto, ERC y la Coalición ICV-EUiA han ejecutado directamente o han sido cómplices de las políticas socialliberales aplicadas por el gobierno tripartito. Cuando por la presión de la calle y de sus bases más críticas tienen que modular su discurso, desmarcarse con la “boca pequeña”, o como en el caso reciente de la LEC la Coalición ICV-EUiA escenifica un gesto de oposición parcial en la votación de dicha de Llei en el Parlament, ya no consiguen convencer porque han perdido la credibilidad.

Cuando ERC y la Coalición ICV-EUiA juegan a una “oposición de salón”, su eficacia es nula y solo producen un efecto de estupor e incredulidad entre la ciudadanía que se pregunta: ¿Porque continuáis en un gobierno donde el socio mayoritario os impone políticas con las que estáis en desacuerdo, al punto que votáis públicamente en contra? ¿Acaso permanecéis en él porque defendéis intereses inconfesables aunque sobradamente conocidos?

En tales condiciones, seguir formando parte de ese gobierno solo estimula la desafección ciudadana, desmoraliza la base social de izquierda, dificulta la organización de la movilización social contra las consecuencias de la crisis y las políticas antisociales, y retrasa la recomposición o refundación de la izquierda transformadora, sobre nuevas bases programáticas y formas organizativas y de funcionamiento que necesita la clase trabajadora y la ciudadanía de Catalunya

La clase trabajadora de Catalunya, los ciudadanos/as necesitan otro gobierno muy diferente del “tripartito”: un gobierno verdaderamente de izquierdas, que impulse un programa de acción que vaya a la raíz de las causas de la crisis, que adopte medidas urgentes para poner la economía, recursos, medios y riquezas al servicio de las necesidades de la gran mayoría social ciudadana, trabajadora y pobre, que distribuya la riqueza y el trabajo de manera equitativa entre todos, que defienda y amplíe los derechos sociales y políticos y por tanto que recupere, desarrolle y refuerce los servicios públicos en salud, educación (y por tanto decrete la anulación de la LEC), vivienda, transporte, que adopte medidas enérgicas para restablecer el equilibrio ecológico y prohíba los transgénicos, desmantele la industria nuclear, etc. Un gobierno que emprenda con valentía y el apoyo popular la vía de la ruptura con el capitalismo y la construcción de una sociedad socialista, libre, solidaria y autogestionaria.

El gobierno “Tripartito” ha muerto, es la hora de la lucha, la movilización, del debate y la construcción de nuevas alternativas de liberación.

Jaume Botey, Miguel Candel, Rosa Cañadell, Ramón Franquesa, Eduardo Luque, Miquel Riera y Diosdado Toledano(*)

(*) Los firmantes del artículo son miembros de FARGA (Forum anticapitalista de reflexió y generació d’alternatives)

Notas:

(1) En las recientes elecciones europeas se ha incrementado notablemente la “desafección” de la ciudadanía en Catalunya, la suma de abstención, voto blanco y nulo son 5,5 puntos más que la media en el resto del estado. También son más de 5 puntos respecto de las elecciones europeas del2004.

(2) La “Estrategia de Lisboa” es la denominación del conjunto de acuerdos de orientación neoliberal alcanzados en marzo de 2000 en la cumbre del Consejo Europeo de la UE en la ciudad de Lisboa.

(3) Ver descripción y valoración efectuada por la USTEC de dicha Ley en su web: http://www.sindicat.net/vaga/1j/comu0107.php

(4) La Coalición ICV-EUiA votó en contra de 2 títulos especialmente inaceptables de la LEC (una veintena de artículos de un total de 204 que componen dicha Ley). PP y Ciutadans votaron contra el conjunto de la LEC….

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IX Asamblea Federal de Izquierda Unida. UN BALANCE CRÍTICO

Diciembre 2, 2008 · Dejar un comentario

Alberto Arregui, Jordi Escuer y Jorge Martínez.
(Delegados en la IX Asamblea Federal, de la federación de Madrid)
27 de noviembre de 2008

La celebración de la IX Asamblea Federal cierra una primera etapa en el intento de refundación de IU, para una recuperación plena de la democracia interna y un claro giro a la izquierda en su política como fuerza anticapitalista. Sabíamos de antemano que ese cambio no va a ser fácil de llevar a cabo, y lo hemos podido comprobar tanto en la Asamblea como en los meses previos. ¿Alguien podría sorprenderse de ello? Hace unos meses no podíamos estar seguros ni siquiera de si íbamos a llegar a su celebración, ni si IU sobreviviría tras ella. Pero este proceso también ha mostrado, y es lo más importante, que IU cuenta con muchos militantes dispuestos a pelear por esa transformación.

Somos conscientes de que el estado de salud de nuestra organización no es bueno pero quienes se han apresurado a enterrarla, siguiendo la estela de otros, y a abandonar la lucha por su transformación, se han equivocado. Todos los argumentos que se nos dan para firmar el acta de defunción de IU hubieran valido hace años, ¿qué ha variado? ¿La necesidad de dar una respuesta a la crisis económica? Pero eso no es un argumento para renunciar a pelear por cambiar IU. Paradójicamente, La crisis del capitalismo está volviendo a dar una nueva oportunidad a IU, y ya está teniendo consecuencias en ella, pues ha marcado el desarrollo de la propia Asamblea, y va a hacer cada vez más difíciles las políticas conciliadoras con el sistema.

¿Que ya no queda militancia? Precisamente lo que ha demostrado este proceso es que, a pesar de años de retrocesos, todavía seguimos en IU muchos militantes que estamos convencidos de la necesidad de una IU democrática y anticapitalista, socialista, pero necesitamos dotarnos de un plan común capaz de alcanzar esa meta. Y lo primero es tener confianza en esas ideas y ser capaces de hacer autocrítica de nuestra propia labor. Hay motivos para el optimismo, pero sólo si somos capaces de ver la realidad tal cual es, no como quisiéramos.

Refundar IU para ponerla en consonancia de las tareas históricas que se avecinan no es una tarea sencilla, pero es posible y necesaria. Nuestra organización no es patrimonio de sus dirigentes sino del movimiento obrero, a pesar de las erróneas políticas desarrolladas durante años por muchos de ellos, IU sigue siendo la más importante expresión política organizada de aquel sector del movimiento obrero que aspira a una transformación socialista de la sociedad.

En la I Asamblea de militantes y simpatizantes de IU, celebrada el 13 de abril de este año, concluimos que la situación era tan grave que no podíamos dejar en manos de los dirigentes, que nos habían llevado al desastre, la solución del problema. Dejamos claro que nuestro objetivo era recuperar el proyecto socialista y republicano, que quienes nos habían llevado a esta situación debían pasar a segunda fila en un claro proceso de renovación, y que no íbamos a ir a pactar cuotas de poder, sino a promover el debate político.

Teníamos muy presente que, si no conseguíamos ganar la Asamblea Federal para abrir un proceso en esas líneas, al menos debíamos crear un referente dentro de IU que lo defendiera consecuentemente. Es necesario hacer balance de todo lo sucedido a fin de sacar la conclusiones necesarias para continuar la labor que nos habíamos propuesto.

Se ha demostrado la necesidad que siente la base de la organización de llevar a cabo un cambio profundo en el régimen interno, los métodos organizativos y políticas prácticas de IU. Un sentimiento mayoritario entre la militancia, a pesar de lo maltrecha que está, que hubiera tenido una mayoría aplastante en la Asamblea Federal si no llega a ser por las inaceptables manipulaciones de los censos. Aún así, la candidatura del documento “de los cien” fue la más votada y, junto con la 4ª y 5ª listas que también defendían una política a la izquierda y la necesidad de recuperar plena democracia interna, tuvimos mayoría frente a las candidaturas de quienes han dirigido la organización hasta ahora.

Sin embargo, muchos salimos desalentados de la Asamblea Federal. La razón fue tanto el desenlace del Consejo Político Federal, en el que se renunció a someter a votación la elección de Cayo Lara —a pesar de que teníamos mayoría para ganarla—, y el propio desarrollo de la Asamblea que se caracterizó por ser aquello que queríamos evitar, una reunión del “no debate”. En lugar de abordar abiertamente las causas de la profunda crisis de la organización, las agudas diferencias en el análisis de qué había pasado, todo aquello que explicábamos y proponíamos en nuestro documento y en las enmiendas —la mayoría de las cuales provenían también de quienes lo respaldábamos—, se presentó como una ceremonia de unidad artificial que eludió la discusión de los temas conflictivos con el fin de darle la razón a la máxima: “algo debe cambiar para que todo siga igual”.

El riesgo es que el único cambio sea salir de la Asamblea sin coordinador, por primera vez en la historia de IU, pero que todo lo demás siga igual. Para evitar que eso suceda, es menester seguir luchando por los objetivos que nos marcamos, aprendiendo de la experiencia, de nuestros aciertos pero, sobre todo, de nuestros errores, a fin de enmendarlos en la segunda vuelta que será el proceso de las asambleas de las distintas federaciones y de refundación de la organización hasta la X Asamblea Federal.

El documento de los “cien”

Nuestro mayor logro fue aglutinar un movimiento en torno a un documento político. El documento, llamado “de los cien”, es el que más apoyos ha suscitado, como se reconoció en la propia asamblea. A pesar de sus carencias y de que el procedimiento de elaboración no fue el idóneo, pues no dimos suficientes cauces efectivos para una participación colectiva desde las distintas federaciones y desde la base, frente a las otras propuestas destacó con diferencia. Primero, porque fue más participativa su elaboración y, segundo, porque analizaba y hacía propuestas en los temas centrales de la crisis de IU: La necesidad de levantar una alternativa por la izquierda al PSOE, de defender una política y una práctica consecuentemente anticapitalista y la necesidad de un régimen interno democrático.

En esos tres aspectos, está la base de la explicación de la crisis y qué proyecto de refundación defendemos. Tras nuestra propuesta, todos se apuntaban a refundar IU, pero es necesario explicar cuál es el contenido de dicha refundación.

Frente al documento “de los cien” sólo teníamos realmente el texto de “Por una IU abierta”, que defendía la política aplicada en la legislatura pasada y planteaba, más allá de declaraciones formales “socialistas”, una política de gestión del sistema. A pesar de su corresponsabilidad con la misma política, el texto de la llamada NII era simplemente una declaración convertida en documento a última hora como una herramienta en la negociación de una nueva dirección, un texto lleno de generalidades que no defendía ni lo que hacen ni lo que dicen sus autores en otros foros.

El rechazo que suscitaba el documento “Por una IU anticapitalista…” entre quienes hasta ahora habían ejercido la dirección efectiva de IU, y su escaso interés en un debate político, se plasmó en el Consejo Político Federal del 14 de junio, cuando rechazaron la votación de los tres documentos presentados. Luego criticaban la incapacidad de la Comisión Unitaria de elaborar un texto de consenso, algo imposible porque las diferencias son de calado, pero usaron su mayoría en ese CPF, no para garantizar una propuesta base sobre la que trabajar, sino para abrir la ceremonia de la confusión dejando el debate sin ella. Nunca fue un problema que hubiera tres documentos —siempre ha habido varios—, sino establecer tres textos base ¿cuál enmendamos?.

Tras hacer eso, ellos mismos se dedicaron a decir por activa y por pasiva que no había diferencias de fondo. Si eso es verdad, ¿por que no permitieron que nuestro documento fuera el texto base? Porque las hay.

La preparación de la Asamblea

Sin embargo, era de esperar que quienes han dirigido IU estos años pasados se empeñaran en seguir con los mismos hábitos. Por eso, tenemos que preguntarnos qué hemos hecho para enfrentarnos a esos métodos.

Uno de los primeros errores fue aceptar la famosa “comisión unitaria”, que era “una gestora integrada por los mismos que nos han traído hasta este desastre”, como dijimos en el primer encuentro de militantes de abril donde acordamos rechazarla. La dirección del proceso debía recaer en los órganos de IU y, en particular, en su Consejo Político Federal en el que, por cierto, teníamos mayoría suficiente para imponer unas normas democráticas de desarrollo. Nuestro documento contaba con 100 firmas de miembros del Consejo Político lo que, en la práctica, lo convertía en el documento más votado.

Tampoco se ha hecho lo suficiente para enfrentarse a la manipulación descarada de censos que se ha producido en las principales federaciones, que distorsionaban la representación de las bases. El caso de Madrid es paradigmático, aunque no el único, con un censo para el Federal con unos 10.000 afiliados y otro en la federación con 6.000, además de grandes irregularidades empezando por un número de natos en la fase regional de la asamblea federal, superior a lo que establecen los Estatutos, el 11% (75, de una asamblea con 720 delegados electos). No había que haber validado semejantes actuaciones, como se hizo en la última Presidencia federal, aprobando el reparto de delegados.

Pero nuestras principales equivocaciones se darán en los días previos a la Asamblea, empezando con el pacto de la Declaración de Rivas sobre la crisis económica.

La declaración de Rivas-Vacíamadrid

Nunca debió aceptarse ni el contenido de la propia declaración ni la sustitución del informe de gestión por ella. En cualquier caso, debíamos haber presentando una crítica a la gestión desde semanas antes. Un documento sobre la crisis —con cuya necesidad estaremos todos de acuerdo— no puede votarse al principio de la Asamblea, sino que debe ser el resultado del debate en la misma, habiéndolo conocido todos los delegados con tiempo para poder participar en la discusión. Sin embargo, se nos presenta sin posibilidad de debate y en sustitución del informe de gestión. Y con la aceptación de nuestros representantes en la Comisión Unitaria.

La declaración alterna frases que señalan que el dilema es “socialismo o barbarie” y que no hay solución en base al capitalismo, con otras que las contradicen: “Esta crisis es el resultado de una decisión política, económica, social y cultural, realizada en los años 80 del siglo pasado, liderada por la derecha mundial y acompañada de manera entusiasta por la mayoría de la socialdemocracia, que, con el reforzamiento de las posiciones llamadas neoliberales, defendieron el papel del mercado como único regulador de la economía” (Página 2). Ésta es la tesis de que el responsable último de la crisis es el neoliberalismo, cuando sólo es su cómplice, pues éste ha sido la ideología que mejor le ha venido al capitalismo para seguir aumentando sus ganancias a costa de los trabajadores y el medioambiente. La crisis es el producto natural del capitalismo, que siempre las ha sufrido, también cuando se aplicaban políticas económicas keynesianas. No se trata de que el mercado deje de ser el “único regulador de la economía”, como se desprende de la misma tesis, sino de que éste deje definitivamente de regularla. Mientras exista una economía de mercado, esté más o menos intervenida, existirá capitalismo —van unidos— y las desigualdades tenderán a crecer, proseguirá la degradación del medioambiente y habrá crisis. Eso es así porque este sistema se basa en explotar a los trabajadores y la naturaleza para acumular ganancias privadas, gracias a la propiedad privada de los medios de producción, por eso no es reformable, no hay un modelo “bueno” y uno “malo”.

En el documento “Por una IU Anticapitalista…” lo dejábamos claro cuando decíamos que “…el problema, se reconozca o no, es el capitalismo y las lógicas de sus procesos de acumulación y reproducción” (página 6) y explicábamos que “el capitalismo no es la única opción posible y su lógica está en la base de los problemas. Con la crisis económica son legión quienes se aprestan a lamentarse de la falta de controles de las finanzas, pero de poco sirve quejarse si aceptamos la propiedad privada de los grandes medios de producción como algo inmutable, pues las principales decisiones sobre los mismos se decidirán en el ámbito privado” (página 13).

No es una cuestión de sutilezas teóricas. El planteamiento de la declaración conduce a propuestas en consonancia con él: “Los organismos económicos internacionales (el FMI, el Banco Mundial y otras Instituciones Financieras Multilaterales) deben ser radicalmente reformados para evitar la supremacía que en los mismos tienen Estados Unidos y otros países de la OCDE y puestos bajo la dependencia de las Naciones Unidas. La Organización Mundial del Comercio debe ser, así mismo, profundamente transformada, de forma que el criterio de la negociaciones que se desarrollan en su seno sea el del desarrollo sostenible de todos los pueblos y la colaboración, y no el de una supuesta libre competencia que ha tenido como consecuencia el aumento de la pobreza en el mundo” (página 8). Reformar el FMI, el Banco Mundial y la OMC es tan inviable como pretender hacerlo con la OTAN, o con el propio capitalismo. Semejante propuesta es una utopía estéril e irreconciliable con una política socialista. Son sus instituciones, adaptadas a sus necesidades, cualquier cambio en ellas sólo irá en la línea de preservarlo mejor, nunca en la de un cambio socialista de la economía.

Nosotros no abogamos por una “intervención al mercado” (sic), como dice la declaración (página 5), sino por poner fin a la “economía de mercado”. En nuestro documento explicábamos que “la piedra angular de la política económica que propone IU es la intervención y planificación de los recursos en función de las necesidades sociales y eso sólo es posible mediante el desarrollo de un sector público amplio y controlado democráticamente” (página 13). Y lo concretábamos más adelante con la “defensa de los servicios públicos de la educación, salud y transporte… y por la nacionalización de los servicios públicos privatizados y de los sectores estratégicos, banca, energía, agua, etcétera (página 16)”. ¡También la propia declaración trata de plantear lo mismo, en abierta contradicción de unas partes de la misma con otras! Si los sectores estratégicos de una economía son públicos y están sometidos a una planificación democrática, se acabó el mercado. Mercado y planificación económica son, en última instancia, términos excluyentes en los que uno de los dos tiene que imponerse al otro. Por eso, en el documento “de los cien”, rechazamos la existencia de sistemas concertados con la privada en educación o sanidad.

En resumen, en la práctica y a pesar de la apariencia socialista que trata de ofrecer, la declaración se queda en una defensa de la reforma del sistema, mediante la de sus instituciones, mientras nuestro documento proponía una transformación socialista consecuente de la sociedad. De hecho, respaldan con entusiasmo la declaración algunos que meses antes defendían el mercado con fervor.

El papel de la declaración

¿Cuál era el objetivo real de la declaración? Encubrir la falta de informe de gestión y propiciar un clima de unidad ficticio, tratando de aparentar que había acuerdo en los temas políticos centrales, cuando no es verdad, y así quitar hierro al debate de documentos. En lugar de un debate franco de ideas, se persiste en el hábito de usar el camuflaje ideológico.

¿Por qué lo aceptan los representantes de nuestra candidatura? Nunca se discutió el contenido de dicha declaración entre nosotros —con toda la pluralidad—, ni la idoneidad de presentarla al principio de la asamblea y menos sin debate. De hecho, la delegación de Madrid se había manifestado mayoritariamente en contra y había solicitado, sin éxito, una reunión de la delegación federal para tratar todos los temas de la asamblea el viernes previo. Tampoco hubo ocasión de hacerlo con las intervenciones de los portavoces de las delegaciones, pues eso no es un debate. Es más, a un miembro de la presidencia Federal que se manifestó en contra y que presentó un texto alternativo, no se le dio oportunidad de expresar su opinión. Hay pocas dudas de que si se hubiera abierto un debate serio, la declaración hubiese contado con muchos más votos en contra de los 16 que cosechó, incluido el del compañero Julio Anguita, pues la inmensa mayoría de nuestros delegados votó por confianza en nuestro dirigentes, ya que desconocían el texto.

Posteriormente, la Mesa convirtió nuestro documento en el texto base para el debate. Parecía que habíamos ganado, pero lo cierto es que apenas hubo ocasión de debatir de los textos y, ahora, una comisión con representantes de los tres documentos tendrá que rehacerlos en un sólo texto. Dadas las contradicciones de fondo entre los tres, la decisión pasa de la asamblea a una comisión de sabios. Así pues, quienes se habían negado a elegir un documento base y habían propiciado una situación que hacía inoperativa la discusión política, se salen con la suya.

Por último, se pactó como resolución un documento político-organizativo, que ataba el resto de los cabos. Una documento que jamás debiera de haber ido como resolución, que los delegados desconocíamos, que no se discutió y que decidía toda la política práctica y organizativa. Tampoco, había sido discutida entre nosotros.

Así, la Declaración de Rivas, el proceso de no debate de los documentos y la resolución político-organizativa, han conseguido evitar un debate político abierto y a fondo de las diferencias que tenemos, exactamente lo contrario de lo que proclamamos en el encuentro de abril que dio origen a nuestra candidatura. Nos dejamos atrapar por los mismos métodos que aplicó la mayoría de la dirección de IU en Madrid, destacados líderes de la Nacional II. Al final, dos de los principales textos resultantes de la Asamblea, la declaración y la resolución político-organizativa, son el producto de decisiones cupulares, y ya veremos qué pasa con el documento principal que tiene que rehacer la dirección entrante. ¿Es que no se daba importancia a las serias diferencias políticas que manteníamos con la dirección saliente? ¿Podíamos permitirnos una asamblea del no-debate? Así renunciábamos de antemano a tratar de convencer a los delegados que inicialmente podían apoyar los otros textos o que estaban indecisos.

Si la política estaba acordada, sólo faltaba la dirección. Una lista conjunta era impensable, pues concitaba el rechazo contundente de todos los que respaldábamos el documento “de los cien”. Pero, si estamos de acuerdo en lo fundamental, que es la política, y muy “unidos” en un ejercicio que podríamos llamar de “buenrollismo” como se trató de escenificar en la reunión, ¿por qué no acordar la dirección —previamente a que decida la asamblea, claro—? Ese argumento lo esgrimirán constantemente, durante y después de la Asamblea, los principales dirigentes de la NII, los mismos que se han pasado todo el proceso previo explicando que no había diferencias de fondo entre los tres documentos.

Malos métodos en nuestra candidatura

Lo peor de todo este proceso es que fue hecho con el pleno acuerdo de la mayoría de los dirigentes de nuestra candidatura. No puede sorprendernos que quienes han dirigido la organización estos años pasados tratasen de escamotear el debate de la base, la política… pero no contábamos con que nuestros representantes les echaran una mano y, encima, nos aplicaran a nosotros la misma medicina. Los miembros de la delegación de Madrid que respaldábamos el documento de los cien, así como las de la Rioja y buena parte de la de Valencia, pedimos insistentemente la celebración de una reunión de los delegados. Ya la habíamos pedido con anterioridad, a mediados de la semana, pues nos parecía que debía ser el conjunto de los delegados los que debatieran y decidieran, tanto las principales cuestiones políticas de la intervención como que dieran el visto bueno final a la lista, al menos en sus primeros puestos.

Nos había costado mucho esfuerzo unir a compañeros de distintos sectores en torno al documento, y preservarlo exigía métodos cuidadosamente democráticos. Había que demostrar que nos aplicábamos la democracia interna que reivindicábamos para IU, pero nos encontramos con que acababa empleándose la actuación cupular que rechazábamos, en los temas decisivos. Ninguno de los delegados, salvo el núcleo dirigente, llegó a conocer la lista definitiva hasta el mismo instante en que se nos daba la papeleta de votación, y aún menos pudimos decidir en relación con quién se ponía al frente de la candidatura.

Éste era un tema de importancia. La designación de Cayo Lara, sin duda un compañero honesto a carta cabal, apreciado por todos y que demostró una gran humildad en todas sus intervenciones que le honra, no nos parecía la más acertada a muchos compañeros. Necesitábamos a alguien capaz de liderar una dura confrontación con quienes han conducido al desastre a esta organización, y que defendían el continuismo con todo tipo de medios a su alcance.

En esta decisión nunca tuvieron ocasión de opinar quienes no fueran del Comité Federal del PCE. Desde la óptica del Partido, lo coherente hubiera sido que encabezara la candidatura Marga Sanz, pues ella había sido la candidata frente a Gaspar Llamazares en las Primarias. No obstante, nosotros siempre hemos pensado que Enrique Santiago era la opción más adecuada para representar la refundación de IU y la mejor garantía de las aspiraciones expresadas por las bases. Si queríamos aglutinar al conjunto de la izquierda de IU y evitar que fueran en listas separadas, como finalmente pasó, alguien como Enrique tenía que estar al frente. De hecho, los compañeros de la 5ª candidatura habían respaldado nuestro documento en sus asambleas y habían participado en los encuentros de militantes y simpatizantes de IU que dieron lugar a esta candidatura.

Pues bien, a pesar de esta actuación incorrecta, ¡se ganó la asamblea! Y todos nos entusiasmamos con la posibilidad. Ya no había excusa, teníamos mayoría suficiente para abrir paso a un proceso de refundación que supusiera la democratización interna de la organización y un claro giro a la izquierda.

¿Por qué Cayo Lara no es elegido Coordinador al final de la Asamblea?

Los resultados que daban una mayoría a la izquierda de IU, ilusionaron a los delegados que respaldábamos esta candidatura, pues, tras enormes dificultades, se había ganado la Asamblea. La presión era tal que Lara se presentó como candidato a la coordinación pidiendo el apoyo de las otras dos listas, dado que ese era el sentir mayoritario en la Asamblea. Nada impedía tomar la iniciativa con la coordinación de IU en nuestras manos. Sin embargo, aunque las candidaturas encabezadas por Sabanés y Nuet se negaron a votar a Cayo Lara, no se eligió coordinador porque una parte de quienes conformaban nuestra lista se negaron a que se votase —Willi Meyer y Diego Valderas—, mientras otra intervino a favor de que se procediese a la elección —Enrique Santiago, Amanda Meyer, Miguel Gómez, Alberto Arregui, Gloria Marcos, etcétera—.

Algunos compañeros alegaban que faltaban compañeros, lo que nunca sabremos porque no se votó, pero eso sólo pondría de manifiesto una actitud frívola por parte de nuestra candidatura, cuando todos sabíamos que la victoria sería ajustada. En cualquier caso, era perfectamente posible que Lara saliese coordinador del Consejo. Incluso con la incorporación de los coordinadores, la candidatura de Cayo contaba con una mayoría, no holgada, pero suficiente.

Había un factor más a nuestro favor. La 2ª y la 3ª listas no se habían puesto de acuerdo en un candidato común, pues si en la madrugada del sábado acordaron presentar a Eberhard Grosske, ese acuerdo saltaría por los aires por la mañana por la oposición de la mayoría de la delegación de Madrid. Por tanto, carecían de candidato común. Es más, hubo miembros de otras candidaturas que manifestaron su intención de apoyar a Lara si se presentaba.

La oposición frontal a la elección del coordinador venía de la NII y de la dirección de IU y PC de Andalucía. Jordi Miralles, coordinador de EuiA —y miembro de la NII—, muy indignado porque Cayo Lara presentase su candidatura a la Coordinación general en el Consejo, se quejó de que por la mañana había llegado a un acuerdo con Valderas, Meyer, y otros compañeros, para formar una dirección “colegiada”, a partes iguales las tres listas principales, y posponer la elección del coordinador hasta el próximo Consejo Político Federal, y él pensaba que dichos compañeros eran “gente de palabra”.

¡Por eso no querían que se votase el coordinador! ¡justo quienes habían defendido que era imprescindible elegir uno y rechazaron la coordinación colegiada! En realidad, querían un coordinador suyo o ninguno, y necesitaban ganar tiempo para encontrar uno de consenso. Y una parte de nuestros representantes, los dirigentes del PCA, se lo dieron negándose a respaldar a Lara si se presentaba, en contra de la opinión de la otra parte de nuestra candidatura.

Ahora, todo depende de una comisión que, se nos dice, funcionará con voto ponderado para respetar el resultado de la Asamblea. Pero si va a ser así, ¿por qué la propia comisión no es proporcional a los votos de cada candidatura? Tal y como señaló el Coordinador de Cantabria en el Consejo para ello nuestra candidatura debería tener seis representantes en lugar de cinco, y debiera haber quedado conformada de la siguiente manera:

1ª lista 6
2ª lista 4
3ª lista 3
4ª lista 1
5ª lista 1
Total 15

Sin embargo, al final queda constituida con 14 miembros —con sólo 5 de nuestra lista—. En el Consejo, esta comisión se aprobó con 8 votos en contra, la mayoría de representantes de nuestra candidatura.

En resumen, si Cayo Lara no es coordinador el domingo 16 por la noche es porque una parte de nuestra candidatura se niega a que se elija, perdiendo una oportunidad histórica de tomar las riendas, y aprovechar el entusiasmo existente entre los delegados, de un genuino proceso de refundación. No se trataba de excluir a nadie, sino de hacer valer la mayoría de quienes somos partidarios de una refundación democrática y de izquierdas de IU, frente al continuismo. Se optó por echar un jarro de agua fría sobre todos los delegados que estábamos ahí exigiendo que se respetase el resultado de la asamblea.

Esto ha puesto en evidencia que desde el principio ha existido un pacto entre dirigentes de los tres sectores para dar una salida continuista al proceso, sí, también entre nuestros representantes. Es necesario denunciarlo, pues su actuación es uno de los factores que ha restado credibilidad a nuestro proyecto. Detrás de todas las candidaturas hay militantes que miran con simpatía nuestra propuestas pero a los que tenemos muy difícil convencer, de que se enfrenten a sus dirigentes, si nosotros no predicamos con el ejemplo.

Esperamos y deseamos que el compañero Cayo sea el próximo Coordinador, pero mucho nos tememos que tendrá que ejercer, no respaldado por una mayoría de compañeros y compañeras convencidos y comprometidos con las ideas que defendía nuestro documento, sino rodeado de una mayoría que no lo está. Una amarga paradoja de esta asamblea podría ser que la dirección ejecutiva resultante refleje un giro en la dirección opuesto al que pretendíamos dar. Al final, la “renovación” sólo se produce por la “izquierda”, no por la “derecha”, con lo que la composición de las nuevas Presidencia y Permanente federales serán menos plurales que sus predecesoras y más escoradas hacia políticas conciliadoras con el sistema.

Algunas conclusiones

Las viejas capas dirigentes de la organización son incapaces de garantizar unas condiciones democráticas de debate en el seno de la organización. Pretenden resolverlo todo mediante acuerdos cupulares que garanticen el continuismo. Están atrapados en una dinámica que pone en peligro el futuro de IU, pues su prioridad es garantizar que los grupos institucionales controlan la organización, con lo que desalientan a la militancia y, paradójicamente, son los primeros responsables de la casi desaparición de IU de las instituciones.

Esta Asamblea Federal ha vuelto a demostrar que son incapaces de hacer las cosas de otra forma. Se ha actuado de tal manera que el debate político, franco y abierto de los problemas, no pudiera desarrollarse. Se han manipulado los censos de una forma sin precedentes, a fin de que los principales grupos de poder —los grupos institucionales de las federaciones más fuertes— se asegurasen el control del resultado final de la asamblea.

Desgraciadamente, una parte de quienes han respaldado el documento de los cien, particularmente los principales líderes de la Federación Andaluza, han actuado reproduciendo los mismos métodos frente los que nos habíamos conjurado quienes apoyamos dicha propuesta.

Al mismo tiempo, se ha demostrado que, a pesar de las consecuencias de las manipulaciones de censos, del deterioro de la democracia interna y de la política de los principales direcciones de la organización, existe un gran número de militantes que desean un cambio radical de la organización, con una democratización interna y una política coherente con nuestros postulados de izquierda. Si se garantizase un procedimiento democrático, esta postura sería ampliamente mayoritaria.

No debemos permitir que una parte de quienes han dirigido el colectivo plural del “manifiesto de los cien” malogren las esperanzas que se habían generado. Cambiar IU es posible, pero necesitamos generar un referente ejemplar en sus métodos democráticos, coherente en su política y actuación con las aspiraciones de una izquierda anticapitalista, y con dirigentes que estén convencidos de estos métodos y de esta política. No debemos permitir otra vez que la dirección efectiva de este movimiento recaiga en manos de quienes actúan de forma contraria con ambos, ni dejar fuera de nuestro bloque a quienes defienden nuestras mismas ideas.

Es necesario romper la dinámica interesada de presentar este conflicto como un enfrentamiento entre las direcciones del PCE e IU, como sinónimo de “izquierda” y “derecha”. Primero, porque la mayoría de los dirigentes de todas las candidaturas son del PCE, segundo, porque existen los mismos problemas —políticas oportunistas y el deterioro de la democracia interna— en las dos organizaciones. La lucha es contra quienes emplean esos métodos y políticas en ambas organizaciones.

La tarea es la misma en IU y en el PCE, luchar por una refundación de izquierdas y democrática. Debemos rechazar que nos dividan y enfrenten por motivos falsos.

Los riesgos a corto plazo son que el desánimo lleve a su casa a muchos de los militantes que quedan, y que quienes se preparan para un nuevo reparto del magro poder sobre los huesos maltrechos de nuestra organización, se salgan con la suya.

Si hacemos este balance público, claro y sin tapujos, es porque estamos convencidos de que no hacemos ningún bien ni a IU ni al PCE, ocultando o disimulando los problemas. En primer lugar, hemos de reconocer que ahora hemos sido derrotados y que la razón principal de ello está en nuestras propias filas, por todos los motivos que hemos explicado anteriormente. A pesar de estos errores, estamos convencidos de que se puede ganar la “contienda”. Hay que tener en cuenta que esto no se ha acabado, sino que todavía queda la segunda vuelta en las federaciones y el propio proceso de refundación.

Los errores pasan factura, pero, si se sacan las lecciones de ellos son la mejor escuela para alcanzar la meta. En esta Asamblea hemos visto a nuestros dirigentes utilizar la crisis económica como una hoja de parra con la que tapar sus vergüenzas. Sin embargo, al tiempo han puesto mucho empeño en aparecer con posturas aparentemente más a la izquierda de las que realmente defienden. Quizás perciben que, ante la crisis, puede quedar al desnudo que su política —la que han aplicado durante estos años en las instituciones— es incapaz de hacer frente a la realidad de la lucha de clases que configurará esta nueva etapa del capitalismo. Las ideas socialistas, la democracia interna, la organización basada en la labor de los militantes, que discuten y deciden la política efectiva, la participación institucional entendida como una herramienta más de la lucha por los derechos sociales y la transformación social, son la única política con futuro, la única que puede dar respuesta a los retos que esperan a IU y al PCE en esta próxima etapa.

Propuestas para la acción

- Es necesaria una reunión de todos los miembros del Consejo Político Federal, dispuestos a respaldar a Cayo Lara, para preparar el primer Consejo que vaya a celebrarse. Todos deben poder hacer propuestas de cómo abordar esa reunión.

- Hay que garantizar que la composición de la Presidencia y la Permanente federales tienen una representación fidedigna de la pluralidad, así como de compañeras y compañeros comprometidos con la defensa de políticas de izquierda y de la democracia interna.

- Debemos preparar una reunión federal del bloque que respaldamos el documento de los cien, para hacer un balance del proceso en el mes de enero. Mientras, animamos a todos a poner por escrito sus valoraciones. De forma inmediata, se pueden realizar reuniones en todas las federaciones para hacer su balance y preparar la reunión de enero.

- Invitar a esa reunión a quienes integraron y respaldaron la 4ª y 5ª listas.

- De entrada, hacemos las siguientes propuestas:

- Empezar un proceso de depuración de censos de forma inmediata. Se pone el contador a cero y se empieza un proceso de reafiliación voluntaria, personal, unida a una campaña de afiliación. Así se garantizan censos limpios para la las próximas asambleas regionales, que tendrían que celebrarse en primavera. Una comisión plural en cada federación deberá velar por la limpieza del proceso.

- Dada la gravedad de la situación económica, y en aras de la necesaria transparencia informativa, se preparará un informe financiero que permita a todos los militantes conocer el estado real de las cuentas de la organización.

- Se hará un informe exhaustivo del número de cargos públicos y de libre designación de IU, en todas las instituciones —grupos institucionales, empresas públicas, patronatos o agencias—, así como de sus ingresos y aportaciones a la misma.

- A partir de esa información se puede establecer un plan de saneamiento de las cuentas y de viabilidad de la organización, empezando por una nueva carta financiera de carácter federal que establezca las aportaciones mínimas de los cargos públicos a la organización.

- Frente a la crisis económica, a fin de demostrar cuál es la propuesta de IU frente al PP y al PSOE ante los trabajadores y los sectores más humildes de la sociedad, se planteará una serie de medidas a defender en los distintos ámbitos de representación: federal, autonómico y municipal. En todas ellas presentaremos propuestas orientadas a:

- Dar prioridad a la atención de las necesidades sociales, revisando con ese criterio todos los gastos de dichas instituciones y revisando todas las grandes obras, a fin de estudiar si son o no prioritarias.
- Garantizar unos ingresos mínimos dignos para todas las personas mientras se encuentren en situación de desempleo.
- Dignificar el Salario Mínimo Interprofesional, aumentándolo al nivel establecido por la Carta social Europea, el 60% del salario medio, con carácter inmediato.
- Establecimiento de la Jornada laboral semanal de 35 horas sin reducción salarial por ley, como primer paso para garantizar el reparto del empleo.
- Derogación de las leyes que permiten la privatización de los servicios públicos, a fin de evitar su desmantelamiento.
- Desarrollo de un plan de dotaciones sanitarias, educativas y de servicios sociales públicas acorde con las necesidades reales en el plazo de una legislatura, y a poner fin paralelamente a los sistemas privados concertados, a fin de garantizar que el dinero público se emplea en servicios públicos.
- Establecimiento de una ley de carácter estatal que garantice el derecho de vivienda a todo el que lo necesita mediante la combinación de las siguientes medidas:
- la prohibición de desahucios en el caso de viviendas de personas por debajo de un determinado nivel de renta.
- la obligatoriedad de alquilar bajo control público las viviendas vacías sin causa justificada.
- la creación de empresas públicas autonómicas de vivienda que edifiquen la vivienda protegida necesaria y realicen las rehabilitaciones.
- Toda vivienda pública se daría en régimen exclusivamente de alquiler.

- En todas aquellas instituciones donde se gobernase en coalición con otras fuerzas se harán las propuestas institucionales acordes con estas medidas. Si éstas fueran rechazadas o se aplicasen medidas que entrasen en contradicción con lo que proponemos, se abandonaría la participación en dichos gobiernos, tras un debate y decisión de la asamblea del ámbito correspondiente.

Hemos de tener bien presente que, hoy por hoy, nuestra principal obligación es levantar un referente ideológico en IU que pueda aglutinar e ilusionar a la militancia de base, que hemos podido comprobar que sigue ahí, dispuesta a pelear por un cambio. Hay que evitar el riesgo de quedar atrapados y diluidos en el marasmo burocrático cotidiano, que todavía es demasiado fuerte. Un referente, tanto para la militancia como para los activistas que desde fuera miran hacia a IU, que les anime a unirse a nuestra organización y a pelear por transformarla.

Apéndice

1. Conclusiones del Primer Encuentro de Militantes y Simpatizantes de IU, celebrado el 13 de abril de 2008 (puede consultarse en www.iumps.org)

A) Causas de la situación de IU

– Pérdida del carácter de movimiento político-social para convertirse en un partido clásico.
– Ausencia de discurso y orientación política clara.
– Pérdida del contendido transformador de la política de IU.
– Pérdida de influencia en los movimientos sociales.
– Análisis político incorrecto de lo sucedido en los años 90.
– Falta de participación de la militancia.
– Pérdida de militancia y de atractivo político para ganar a nueva.
– Dominación de las representaciones institucionales sobre el resto de la organización. Traslado de las decisiones políticas de las bases a los grupos institucionales.
– No se han analizado y sacado conclusiones de las sucesivas crisis que ha vivido la organización.
– Se ha primado la entrada en los gobiernos a cualquier precio.
– Ha existido falta de autonomía política en relación con el PSOE.
– Creación de una gestora integrada por los mismos que nos han traído hasta este desastre.
– No hay “estado de derecho” en IU, pues no se cumplen las normas que establecen los estatutos. Impunidad en IU.
– Falta de memoria “histórica” en relación con nuestra propia trayectoria como organización (crisis de Nueva Izquierda, ICV, relación con Prisa,…).
– Existe un régimen a la “yugoslava” en la organización, donde las direcciones de cada federación hacen y deshacen en su terreno, “exterminando a las minorías”. No hay una auténtica organización federal.

B) Posibles soluciones

– Apertura a todos los sectores de IU y de fuera, de movimientos sociales, etc., para que participen en la organización.
– Proceso constituyente o instituyente de IU, una nueva refundación de la organización.
– Participación desde las bases en todo (toma del proceso por la militancia). La situación es tan grave que no se puede dejar en manos de los dirigentes.
– Hay que actualizar el programa de IU, recuperando el proyecto socialista y el discurso ideológico.
– Es necesario definir el socialismo para el siglo XXI.
– Nuestras propuestas programáticas tienen que ser “útiles” para atender las reivindicaciones sociales existentes.
– Hemos de recuperar una propuesta republicana.
– Propuesta federal.
– Hay que volver a poner en marcha las áreas de elaboración política y programática.
– Vuelta organizada a los movimientos sociales.
– Deben retirarse la mayoría de los dirigentes que nos han traído hasta esta situación tan desastrosa.
– Rechazo a la Comisión Federal propuesta (no es admisible una gestora integrada por los mismos que nos han traído hasta este desastre).

C) Propuestas

– Generar un movimiento amplio de militantes y activistas de la izquierda social que multipliquen la exigencia de avanzar a un proceso de Asamblea Federal participativo y abierto a repensar la izquierda transformadora. Generar estabilidad a este movimiento.
– Hemos de ser un movimiento que genere propuestas para IU.
– Hace falta una coordinación y organización. Se plantean tres posibles comisiones: una para actualizar el programa, otra de organización y participación, y una tercera que prepare nuevas convocatorias y organice la difusión de las propuestas.
– Dar apoyo a las luchas sociales en marcha.
– Crear un bloque político dentro de IU que se convierta en un referente.
– Promover un proceso de nueva adscripcion (reafiliación) a IU —nuevos censos, desechando los viejos—, sin exclusiones (en referencia a los represaliados). Partir de cero.
– Señalar que no todos los cargos públicos que tenemos actúan de forma caciquil. Hay que tener cuidado de no generalizar.
– Hay que generar un ambiente respirable dentro de IU.
– Tiene que haber un control y transparencia de la financiación de IU.
– Los Estatutos deben “blindar” los derechos de la militancia.
– Hay que ir a una Asamblea lo más abierta posible, en el sentido de facilitar la participación de militantes y de los movimientos sociales.
– No ir a pactar “cuotas de poder”, sino promover el debate político.

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¿Realmente estamos por refundar Izquierda Unida?

Agosto 8, 2008 · Dejar un comentario

Carta de Manuel Monereo a Enrique Santiago

Querido compañero y amigo:

Quisiera compartir contigo algunas preocupaciones sobre el próximo futuro de Izquierda Unida y la estrategia que estamos siguiendo

Hay que decirlo con claridad: las estupideces se incrementan y las cacicadas continúan como en los mejores tiempos de la mayoría gasparista. No hay exageración. El último Consejo Federal de Izquierda Unida decidió por una escasa mayoría, que lo documentos presentados no se votaran (es decir, se votó para que no se votara). Las razones, muy simples: la antigua mayoría de Gaspar Llamazares se puso de acuerdo para que no se viera su debilidad relativa y que el documento de la Plataforma de Izquierdas no apareciese como lo que es, la minoría mayoritaria al menos.

Como sabes, hace pocos días se reunió la Presidencia Federal de IU. Inenarrable. El objetivo real, cuadrar los censos y repartirse el nº de delegados para la próxima Asamblea Federal. Como los censos no son verdaderos y era necesario hacerlos presentables, era preciso un pacto capaz de convertirlos en legales. Todos sabemos que los censos de las grandes federaciones (especialmente Madrid y Andalucía) dependen no del nº de afiliados reales, sino de la capacidad económica de los responsables de finanzas. Para que las cosas encajaran era necesario un pacto entre, al menos, Andalucía y Madrid, es decir, un acuerdo entre la llamada “tercera vía” (Angel Pérez y una parte fundamental de la plataforma de izquierdas en la que está el PCE). Obviamente, tal mayoría se obtuvo. Por si fuera poco, la llamada “tercera vía” presentó un documento para intentar salir de la locura de una Asamblea Federal a la que se llegará con tres documentos y que ninguno de ellos es el oficial. Se aprobó una fórmula que no arregla nada y lo confunde todo y que lo único que pretende es forzar un acuerdo entre cúpulas en torno a un documento “descafeinado” lampedusiano: cambiar el orden de las piezas para que los jugadores sean los mismos.

Y es que las cosas están, más o menos, como estaban y sería ingenuo cerrar los ojos ante las múltiples evidencias. Hay, al menos, dos dinámicas transversales en la débil organización que es hoy IU. De un lado, la fuerza de unos aparatos regionales que, en un desierto organizativo, tienen recursos (humanos, materiales y económicos) para imponer sus decisiones. De otro lado, el convencimiento, también transversal, de una parte significativa del activo de IU de que esta está agotada en su actual formato y que hay que ir hacia la refundación. Se ha dicho, y es bueno repetirlo, refundación republicana, federal y socialista. El debate real continúa y, hoy por hoy, no se sabe muy bien cual de los contendientes va a terminar por hegemonizar el proceso.

Como queda dicho, el asunto está en los poderes y estos tienden a reproducirse. Puede parecer extraño y hasta anacrónico, pero una dinámica así establecida pugna por controlar el proceso de una formación política casi extraparlamentaria y con un 3 o 4% de techo electoral. El asunto estaba planteado desde hace mucho tiempo: era lo que se llamó o se llama “pacto entre federaciones”. Lo planteó claramente hace meses el “boss” de Madrid, Angel Pérez, con el sentido común que siempre se le adjudica y con su conocida capacidad para decir lo que piensa; lo que ocurre es que no siempre se le escucha y, las más de las veces se tiende a olvidar lo que todos sabemos que piensa. La cuestión se puede explicar, resumidamente, en lo que sigue: Gaspar Llamazares y su equipo (aunque no siempre se sepa cual es y las veces que Pérez está dentro o fuera del mismo) han llevado de Izquierda Unida a una crisis grave y es necesario un acuerdo entre las grandes federaciones, es decir, los que mandan, para encontrar una salida. Esta también se verbaliza para quien quiera escucharla, lo que podríamos llamar el Partido Socialdemócrata Español (PSDE). Las tres palabras expresan conceptos definidos que se explican y se aplican, sobre todo, en la Federación de Madrid.

Primero partido, poner fin a eso del movimiento político y social y, sobre todo, negar cualquier tentación de asambleismo. Lo fundamental es una organización articulada en torno al aparato institucional y de funcionarios, jerarquizada y con una definición precisa de los poderes de la dirección. El otro aspecto es también clave: el partido esta para actuar en las elecciones y para obtener el máximo de cargos públicos. Todo lo demás es secundario.

En sendo lugar, socialdemócrata. Como el PSOE se ha ido a la derecha, hay un espacio a su izquierda que hay que rellenar. Estos espacios no se crean o se construyen, sino que existen y hay que apoderarse de ellos, siempre teniendo en cuenta las opiniones mayoritarias de la clase obrera, sobre todo la organizada en torno a los sindicatos. Lo fundamental es dejar atrás el “extremismo”. Todo lo que choque con la cultura mayoritaria de esa clase obrera que se pretende representar, debe ser dejado a un lado. Y si, por ejemplo, está en peligro la oferta de energía que necesita España y los españoles (pero sobre todo los trabajadores), mantienen que hay que dejarse de tonterías y optar por la energía nuclear. Se podría seguir. Una alianza roja, verde y violeta, en serio, desde una lógica anticapitalista, nos condenaría, según ellos, al aislamiento social y nos impediría llegar a acuerdos con nuestro hermano mayor, el PSOE y, por lo tanto, realismo y atenerse a lo que piensan lo trabajadores.

En tercer lugar, español. La lógica es similar a lo dicho anteriormente. Atenerse a la realidad tal como está y romper con el extremismo. Esto significa, al menos, dos cosas: una, asumir el carácter central de las Constitución Monárquica del 78 y oponerse a cualquier aventura de reformas en un sentido republicano. La otra, prestar mucha atención a la unidad de España y poner límites al federalismo que pueda implicar le ejercicio del derecho a la autodeterminación.

Como la vida enseña, estos principios, son pocos pero se aplican con mucha flexibilidad. Pues bien, esta es la centralidad que se pretende construir en IU y que expresa a la perfección, con pequeñas contradicciones, la llamada “tercera vía” y que aspira a ser el centro geográfico de la propia organización. Ciertamente, como todos sabemos, el papel lo aguanta todo y se pueden defender estas u otras políticas confundiendo al personal y esperando que las lógicas de los poderes dominantes, externos e internos, se vayan imponiendo. También hay que decir que este proceso estaba muy avanzado, pero que ha sido frenado y desviado, al menos, por dos tomas de posición políticas: la tuya y, sobre todo, la de Julio Anguita.

Esto es también un consenso muy general entre diversas corrientes: poner fin definitivamente a la IU de Julio Anguita. Como el personaje sigue teniendo un respaldo sobresaliente entre los afiliados de IU y, sobre todo, en el PCE, se evita el choque frontal y se intenta impedir sus consecuencias. En esto tampoco podemos engañar ni engañarnos. Lo que se rechaza realmente de Anguita no es tal o cual política concreta, casi siempre distorsionada o abusivamente simplificada, sino su aportación real a la izquierda española, no aceptar el liderazgo del PSOE y enfrentarse a la trama de poderes económicos, políticos y mediáticos surgidos de la llamada transición a la democracia. Este fue siempre el verdadero problema y, todo lo demás, es ganas de confundir. Como no me he cansado de repetir, el bipartidismo fue y es un modo de organizar el poder para que no se cuestionaran los fundamentos de los poderes reales, es decir, de la plutocracia que nos gobierna.

Por esto, el problema central, repito, que transversalmente vivimos en IU es bien simple: cambiar para que todo, con los retoques suficiente, siga igual o abrir un proceso instituyente que busque una nueva convergencia político social de la izquierda transformadora en un proceso de refundación de la izquierda alternativa. Lo que está en cuestión, y me temo que lo seguirá estando hasta días antes de la próxima Asamblea Federal, es si esta va a ser la apertura a una nueva situación en la izquierda o el cierre en torno a los menguados poderes de una federaciones que conservan el residuo de una época que no volverá si no cambia realmente IU y todos y cada uno de nosotros.

La suspensión temporal de la Fiesta del PCE es una mala noticia y pone de manifiesto, como todos sabíamos, que la crisis de Izquierda Unida es también la crisis del Partido Comunista. Ambas organizaciones están imbricadas y lo que ocurre en una afecta a la otra y viceversa. Las razones que se dan para esta suspensión parecen serias y evidencian una crisis orgánica del Partido.

La primera reflexión que hago es que las crisis de IU han sido previamente crisis en el PCE. El caso de la llamada Nueva Izquierda es bien conocido. Pero no hay que irse tan lejos. Las tres áreas que hoy coexisten explícitamente en IU están dirigidas por conocidos militantes del PCE.

Una segunda reflexión que cabría hacer es que los consabidos llamamientos verbales a la defensa del Partido, son perfectamente compatibles con su real decadencia. Los que se abrazan a nuestras banderas rojas marcadas por la hoz y el martillo, en la práctica no hacen mucho para evitar la disolución del mismo, eso si, atacando con fiereza a todos los demás en nombre de una idealidad que ellos degradan hasta unos límites que producen vergüenza ajena.

Y es que el problema real no está entre los que dicen defender al Partido y los que están por su disolución. Solo una parte muy pequeña ha estado abierta (y hay que decir que honestamente) por la disolución del PCE. El problema real está entre los que convierten al Partido en un “lobby” o grupo de presión para repartirse el poder existente en IU y los que seguimos pensando en la necesidad de una organización de los comunistas, parte de Izquierda Unida y con un trabajo en la sociedad complementario y convergente con nuestro movimiento político y social.

En esto, como en otras muchas cosas, arrastramos una cultura política que evita los debates reales y los somete a descalificaciones previas que ocultan algo esencial: los poderes y su perpetuación. ¿Cómo hacer un debate que no esté marcado por intereses, la mayoría de las veces inconfesables?

Los problemas siguen abiertos y corren el peligro, de nuevo, de enfocarse mal y conducirnos a callejones sin salida que, en estos momentos, pueden significar la extinción de toda una cultura política rebelde, anticapitalista y con voluntad socialista.

Tuyo Manolo Monereo

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El capitalismo, estúpidos

Junio 5, 2008 · Dejar un comentario

Julio Anguita González / Mundo Obrero / jun 08

Los bancos y las cajas piden al Gobierno que use el Fondo de Reserva de las pensiones contra la crisis crediticia. Los jefes de gobierno de la UE han pedido recientemente y de manera unánime que las demandas salariales se atemperen a fin de combatir la inflación. Desde todos los foros y ámbitos de análisis económico se viene advirtiendo que esta crisis es de una extraordinaria dimensión y tendrá consecuencias muy negativas, especialmente en España.

Por lo pronto algunas cajas de ahorros comienzan a sentir el dogal de la falta de liquidez, producto de sus alegrías inversionistas en el ladrillo y la subsiguiente especulación urbanística. En Diciembre del año pasado Javier Gómez- Navarro antiguo Ministro de Felipe González y actual Presiente de las Cámaras de Comercio de España declaraba sin ambages que los recursos del Estado deberían provenir en su mayoría de los impuestos indirectos (fundamentalmente el IVA) porque los pudientes tenían mecanismos de sobra para burlar a la Hacienda española en lo concerniente a sus rentas de capital.

Los impuestos sobre Patrimonio, Transmisiones y Beneficios empresariales comienzan a ser eliminados del horizonte impositivo español alegando que esas medidas promoverán la inversión y la “consecuente creación de empleo”. El Gasto fiscal representado en deducciones, exenciones y bonificaciones al capital no sólo se mantiene sino que aumenta “a fin de que se creen riqueza y puestos de trabajo”. El crecimiento económico medido a través del PIB (siglas mágicas para los gurús de la economía capitalista) sigue en un constante declinar previsión tras previsión. La precariedad avanza, el paro aumenta, las hipotecas siguen ahorcando a las economías familiares y los mileuristas son ya considerados unos privilegiados por colectivos cada vez más numerosos; es el cuento del hombre pobre que comía altramuces.

Las mujeres, en situación de paridad en los Consejos de Ministros y otras administraciones no perciben en infinidad de casos el mismo salario que los hombres en condiciones laborales semejantes. Sobre los inmigrantes sin papeles se ha decretado desde toda la UE la caza, captura y deportación consecuente tras internamientos o confinamientos ante el silencio total de la inmensa mayoría.

La crisis es triple: económico-financiera, energética y alimentaria. El monto monetario global multiplica por cinco el valor de los bienes que se supone debe representar. La inflación en estos y en los demás pagos tiene como componente fundamental el auge desmesurado de los beneficios empresariales y no los incrementos salariales. Sentencias de tribunales ya dan por buena y aplicable la directiva Bolkenstein. Y así casi hasta el infinito.

Las explicaciones que se están dando abundan en la idea de que el aumento del nivel de consumo de China e India está produciendo el desfase energético y alimentario. Ese argumento expresa, por otra parte, que el concepto de calidad de vida instalado por el capitalismo es incompatible con los Derechos Humanos aplicados a los 6.300 millones de habitantes del planeta Tierra. El propio concepto del PIB como medidor universal de lo que llamamos crecimiento sostenido comienza a ser cuestionado y en algunos trabajos de prospectiva se plantea ya el concepto de Decrecimiento aplicado a determinadas variables en la producción de bienes y servicios.

Ante este panorama la izquierda no puede realizar sus análisis en función de los espacios electorales y sus techos máximos. El lenguaje edulcorado que obvia una realidad en la que la radicalización del conflicto Capital- Trabajo viene expresada por la realidad insoslayable y también por las descarnadas declaraciones y propuestas de los administradores gubernativos de la Globalización.

Ante la Asamblea Federal de IU estas son las cuestiones que deben centrar el debate y la voluntad de organizar la respuesta. No hagamos más brindis al sol; el Capitalismo, estúpidos.

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«La militancia tiene que tomar en sus manos la dirección de IU»

Mayo 8, 2008 · Dejar un comentario

Entrevista a Enrique Santiago

Jordi Escuer / Nuevo Claridad

El protagonista de nuestra entrevista hubiera sido Coordinador de IU si se hubiese respetado el resultado de la última Asamblea Federal. No obstante, una maniobra burocrática dio como resultado que esa responsabilidad recayera sobre Gaspar Llamazares. Ahora, tras el batacazo electoral de las generales, que culmina un declive que ya empezó en las de 2000, nos enfrentamos a una nueva Asamblea y queremos conocer los puntos de vista, valoración y propuestas de Enrique Santiago.

Muchos dirigentes de IU consideran el llamado «voto útil» como uno de los factores determinantes de los resultados de IU. Pero el voto útil siempre ha sido un factor constante para IU ¿Por qué en estas elecciones nos habría perjudicado más que en 2004?

El principal problema de IU no es el voto útil. A pesar del mismo, en el pasado hemos llegado a tener 21 diputados. Lo sucedido es que el electorado de izquierdas no ha apreciado que IU tuviera una posición absolutamente diferenciada del PSOE. La opción política de IU durante la última legislatura ha sido presentarse como el apoyo necesario para que las políticas del PSOE avanzasen hacia la izquierda, y eso ha supuesto renunciar a presentar nuestras propias políticas y asumir la alternancia. Lo que hay que discutir es si somos capaces de presentar una alternativa económica real a la del PP y el PSOE.

Planteas que no se puede responsabilizar sólo a Llamazares de la situación. ¿Qué opinas de nuestra participación en el «Tripartit» o en el Ayuntamiento de Leganés, donde se privatiza a pesar de las protestas de los trabajadores?

O, también podríamos añadir lo que sucede en el País Vasco, donde gobernamos con el PNV. Paralelamente a la pérdida de influencia política, de presencia en las calles y en los movimientos sociales, las distintas direcciones han ido adoptando cada vez posturas más posibilistas. Si bien el tripartit fue la opción para acabar con un gobierno de la derecha de años, al final ha entrado en contradicción con los intereses de los trabajadores como ocurre en el tema educativo. Igual pasa en muchos ayuntamientos. Es incongruente que IU defienda una sociedad socialista para al final optar por llegar a las instituciones a cualquier precio. En Leganés, igual se facilita que sea el PP el que llegue al gobierno que se vota a favor del PSOE quince días más tarde. ¿Cuál es el mínimo común denominador de ambas posiciones? Que IU de Leganés esté presente en el Gobierno con determinadas áreas de gobierno. Parece que al final se anteponen los intereses de los dirigentes a la política. Es evidente que no se puede atribuir a Llamazares la exclusiva responsabilidad por lo que ha pasado. Pero se puede ir más allá, incluso los que dentro de IU tenemos una posición distinta tenemos una parte de responsabilidad por no haber sido capaces de centrarnos en los objetivos fundamentales y anteponerlos a los matices o cuestiones secundarias. Hemos de ser muy críticos con lo sucedido en la propia ciudad de Madrid donde, a pesar de contar con un acuerdo mayoritario, no hemos logrado poner en práctica lo que predicábamos.

Tampoco los problemas son de los últimos cuatro años. El batacazo, en realidad, se produce en el 2000. Pasamos de la política de las «dos orillas» a tener un acuerdo preelectoral con el PSOE. Abogar por la unidad de la izquierda es una buena idea pero, ¿qué hicimos mal?

Al final del periodo de la Coordinación General de Julio Anguita hubo un gran debate interno, cuya manifestación más clara fue el conflicto con Nueva Izquierda. La política de las «dos orillas» no se entendió como la confrontación entre el pensamiento único —y las fuerzas de derechas y socialdemócratas que lo defienden— y el de una izquierda alternativa, sino que quedó reducida a un cierto posibilismo tendente a alcanzar acuerdos con quien fuera para enfrentarse al PSOE. En el 2000 tuvimos la reacción contraria, un movimiento pendular. Veníamos de rechazar cualquier tipo de colaboración con el PSOE, pero el PP ya había llegado al gobierno, y lo que IU intenta, sin mucho análisis, es variar su política. Este acuerdo no fue discutido en profundidad ni en los órganos de IU ni entre la militancia. Era animado por una especie de sentimiento de culpa, injustificado, de que pudiéramos tener alguna responsabilidad en que el PP estuviera gobernando, y que buscaba evitar la mayoría absoluta de la derecha. No es que IU no pueda llegar a acuerdos con el Partido Socialista, desde la independencia de su planteamiento político puede llegar a acuerdos puntuales y tácticos con otras fuerzas como el PSOE, pero cualquier acuerdo requiere una reflexión más profunda y colectiva de la que se tuvo entonces.

El acuerdo de 2000 recogía el respeto a Maastricht y a los compromisos con la OTAN…

Y se llegó a plantear que no nos presentáramos en diversas circunscripciones.

¿Por qué a IU le cuesta tanto separar el voto en la investidura de la entrada en los gobiernos? Una cosa no implica la otra.

Tampoco se entiende muy bien por qué si se entra en un gobierno se tiene que consensuar todo. La opción de acceder a un gobierno tampoco debemos rechazarla, pero IU tiene que tener claro que sólo le merece la pena entrar en un gobierno, bien en una situación de emergencia en el Estado, o bien, con la advertencia clara de que entra en una determinada área de gobierno para hacer su política.

Afirmas que las ideas no han fallado, sólo las personas. Sin embargo, cabe preguntarse qué ideas han defendido en la práctica algunos de nuestros dirigentes. Sabes que Ángel Pérez, portavoz de IU en el Ayuntamiento de Madrid, defendió como algo fuera de discusión el papel de mercado «como mecanismo de asignación, dinamización en innovación económica», en el Club Siglo XXI, ¿Qué te parece?

Es evidente que eso no es representativo de las ideas que se han adoptado en las distintas Asambleas de IU. Tendremos que asumir que en un movimiento político y social las personas puedan defender ideas que no coincidan con las propias de una izquierda transformadora, pero seamos conscientes de que propuestas como la formulada en el club siglo XXI hipotecan el futuro de la humanidad. Declarar incuestionable el mercado entronca con el núcleo duro del pensamiento único que en este país defienden tanto el PP como el PSOE.

El problema es defender esas ideas en el Club Siglo XXI y no hacerlo dentro de la organización. Pero en todo caso, sí encajan con medidas como apoyar operaciones especulativas como la de la Ciudad Deportiva del Real Madrid u otras cosas similares…

Aquí entra en juego el denominado «combate ideológico», en el cual la izquierda alternativa lleva años perdiendo terreno, salvo afortunadamente en lugares como América Latina. La izquierda real en Europa, y en nuestro país, ha renunciado a dar ese combate ideológico. No se puede entender que en este país, desde la muerte del dictador, las fuerzas de la izquierda alternativa no se hayan dotado de aparatos de propaganda, de comunicación y de trabajo ideológico y cultural, al igual que los tiene la oligarquía dominante. Nunca entenderé por qué el PCE cerró las emisoras de radio que tenía bajo la dictadura y por qué nunca se pusieron los medios para desarrollar medios de comunicación con impacto mediático real —como se hizo en Italia o Portugal—, y por qué se ha renunciado al trabajo cultural de base, de explicación de las ideas alternativas. El resultado es que no tenemos una herramienta sólida para poder presentar nuestras ideas. No es de extrañar que esa debilidad ideológica, ese miedo a salir de redil y diferenciarse, acabe calando incluso en dirigentes de nuestra organización. Todos es fruto del abandono del trabajo político cultural y ahí mi partido tiene una gran responsabilidad, pues tenía esas herramientas y funcionaban. Se confundió la aceptación del marco constitucional y la democracia burguesa, con renunciar a la batalla ideológica. Y eso tiene consecuencias, incluso en el tema del «voto útil». Si los propias organizaciones y militantes pierden esa capacidad ¿Qué podemos exigirle a la clase trabajadora?

Donde más se nota la crisis ideológica es en la incapacidad para presentar una alternativa económica global a la del sistema. Has defendido la necesidad de establecer un «control público y social» de la economía ¿cómo concretarías esta propuesta?

Acabando con una serie de anatemas. Por ejemplo, el mantenimiento de garantías sociales no tiene porque depender simplemente de la viabilidad económica del sistema de Seguridad Social. Es una falacia intentar presentar cada mecanismo de redistribución de la riqueza social de una forma aislada de los demás. Si la Seguridad Social empieza a ser deficitaria porque realmente asuma y satisfaga todas las necesidades sociales existentes, para eso está el sistema fiscal. Así se permitiría destinar ingresos fiscales para evitar que el sistema de Seguridad Social entre en quiebra. Si ya hay una renuncia previa de todas las fuerzas de izquierda a inyectar recursos públicos a los sistemas de protección social, estamos cayendo en asumir las propias políticas liberales. Hay que apostar por alianzas económicas con países que tienen intereses que coinciden más con nuestras políticas y que poseen recursos energéticos. Y aplicar otras políticas de intercambio. Por ejemplo Cuba, es un país que se ha especializado en desarrollar recursos humanos: profesores, médicos… Si consiguiéramos que los medios de las sociedades más desarrolladas se utilizaran para corregir las desigualdades en los países del sur, se establecerían otras relaciones económicas que nos beneficiaría mutuamente. Lo que hay que cambiar es el intercambio basado únicamente en el valor de cambio, para pasar a otro basado en el valor de uso.

Y cómo cambias esa política, cuando la realidad es que quienes ejecutan en la práctica la actividad económica son un pequeño grupo de grandes multinacionales privadas…

Es otra falacia considerar «españolas» nuestras grandes multinacionales. Las sociedades anónimas no tienen patria ni bandera. El segundo gran paquete accionarial de Repsol está en manos de un fondo de inversión estadounidense. La mayor parte de su capital no es español. Pasa algo similar con Endesa o con los grandes bancos. El capital únicamente conoce de fronteras cuando les interesa, por ejemplo para el control de flujos migratorios. Es un error confundir los intereses de las grandes multinacionales de matriz española con los intereses de España. No tiene nada que ver. Éstas no toman las decisiones con criterios «patrióticos», si no que priman exclusivamente los beneficios.

IU siempre ha defendido el desarrollo del sector público ¿cómo se hace eso?

Las empresas, igual que se han privatizado se pueden volver a asumir por el sector público y eso ya está pasando en otros países como Ecuador, Bolivia y Venezuela. En España se han privatizado las empresas públicas rentables o después de sanearlas con dinero público. No se actúo así para desprender al sector público de aquello que le era deficitario, sino para repartirlas entre los grandes grupos económicos. Es fundamental que el sector público aplique lo que recoge la Constitución española, la planificación democrática de la economía. Que apueste por el desarrollo de nuevas tecnologías, lo que tiene que ir ligado a invertir en educación, a la reforma del sistema educativo, y a parar la privatización que se está haciendo de forma sostenida con dinero público a través de los conciertos.

Sin embargo, en IU hay una resistencia enorme a eliminar los conciertos con la privada…

Renunciar a un control público de la educación es poner en manos del capital la formación en valores de la ciudadanía y permitir que se haga negocio con un bien social como es el derecho a la Educación. La privatización educativa y sanitaria está ligada a la especulación del suelo. Además de ceder la labor educativa y sanitaria a la empresa privada, el Estado les facilita suelo público que les permite más ingresos a costa de los bienes sociales, llegando a dejar que se especule con esos suelos, por ejemplo, construyendo aparcamientos privados. En materia educativa es todavía más delicado, pues estamos dotando de recursos al gran «partido» de la derecha de este país, que es la iglesia católica, para que combata cualquier avance progresista.

También has hablado de defender el modelo de Estado Republicano, federal y unitario, en el que «todos los ciudadanos se sientan libres». ¿Te refieres al derecho de autodeterminación?

El derecho de autodeterminación debe ser reconocido a todos los pueblos. Hay un consenso universal de que eso deber ser así, desde la descolonización. Lo que no vale es reconocerlo en términos generales y no cuando nos toca a nosotros. ¿En qué condiciones debe ejercerse? En aquellas que garanticen que no ocasiona lesiones a los derechos de otros ciudadanos. Hoy en día existen modelos donde se ha regulado dicho ejercicio como es la doctrina del Tribunal Supremo de Canadá. El reconocimiento de ese derecho es justo y posibilita alcanzar acuerdos que permitan unir a pueblos en modelos federales. Desde la izquierda somos partidarios de que los pueblos se unan, no de que se dividan, que aúnen esfuerzos y desparezcan las diferenciaciones, muchas veces promovidas por el capital para dividir a los trabajadores, como pasó en la Primera Guerra Mundial. El modelo que corresponde a nuestro país es uno federal, con el que se puedan conciliar los derechos de los pueblos —que se le reconozca sus características culturales, históricas y políticas—, con el respeto a los derechos individuales y a los mecanismos de solidaridad entre las personas. Sentirse cómodo en ese Estado pasa porque uno sepa que si no funciona tiene derecho a separarse. Este modelo de libre adhesión sólo cabe en un marco democrático y republicano, donde no haya instituciones inamovibles como la monárquica, que además tiene una vinculación histórica con una determinada cultura que simplemente es una más de las que forman dicho Estado. Es obvio que la monarquía no va a aceptar el derecho de autodeterminación cuando ni siquiera reconoce el derecho a elegir al Jefe del Estado. Por otra parte, es contradictorio que en la Unión Europea se reconozca el derecho a Kosovo a separarse de Serbia y que en nuestro Estado no seamos capaces de reconocer tal derecho.

Tampoco en el proceso de paz nuestra dirección ha sido capaz de marcar distancias con el PSOE. Aboga por la unidad de los «demócratas», pero es imposible convencer fuera de Euskadi de la necesidad de respetar el derecho a la autodeterminación de la mano del PP, cuando ésta sería la mejor arma de la izquierda para separar a ETA de su base social…

En cualquier proceso de avance social los distintos actores hemos de dirimir nuestras diferencias mediante el diálogo. No se puede admitir el terrorismo como forma de hacer política. Pero este país lleva cuarenta años padeciendo la violencia terrorista, a pesar de todo tipo de métodos policiales y represivos, que pueden haber debilitado a ETA, pero que no han reducido el sector de la sociedad vasca que defiende su derecho a separarse de España. Ninguna medida de índole policial ha cambiado eso. Si la solución que pretende darle el Estado sigue siendo vista como una imposición por parte de un sector de la sociedad, lo único que se conseguirá es reforzar a los sectores independentistas y estimular la violencia contra el Estado y por la separación. Mientras no se le ofrezca a este sector de la sociedad un modelo en el que tenga derecho a separarse, el problema persistirá.

Hablas de la «confrontación interna» como uno de los problemas de IU. Claro que si esta confrontación fuese en términos políticos no habría problema, todo lo contrario…

La oposición y lucha de contrarios es imprescindible para hacer avanzar cualquier proyecto de cambio social, como lo defendían los clásicos. Cuando se apela a la dialéctica a lo que se está apelando es a la inexistencia de verdades absolutas, ha de haber tesis contrapuestas de las que surjan síntesis superadoras y que nos permitan avanzar. Hay que sustituir la confrontación como elemento de parálisis, por una confrontación política de ideas que nos permita alcanzar una síntesis dialéctica común de toda la organización, que nos permita presentar propuestas creíbles a la sociedad y que todos los militantes hagan suyas porque han participado en las decisiones. IU, o cualquier fuerza de izquierda transformadora, no puede funcionar con una disciplina ciega sino con el convencimiento de todos sus miembros.

Hablas de las dificultades de la dinámica de «mayorías y minorías» pero lo cierto es que los grupos institucionales, una minoría de la organización, detentan el poder efectivo. No se trata de que la militancia «pese más» sino que sea la «dueña» democrática de IU ¿qué medidas propones?

Hay que limitar el poder de los aparatos, que han hecho un gran daño a IU. Cuánto más se han ido reduciendo, más numantina está siendo la defensa de sus privilegios. Hay que hacer reformas estatutarias que limiten la presencia en los cargos públicos y garanticen la rotación en los órganos de dirección a todos los niveles. Se puede ser tan dirigente de IU en un Consejo Político Regional como en una Asociación de Vecinos. Necesitamos otro modelo de órganos de dirección, en los que la mayoría de miembros sean elegidos directamente por las asambleas de base, de forma que puedan ser sustituidos de forma permanente. No tiene ningún sentido que IU se defina como un movimiento político y social, y partidaria de la democracia participativa, y que los órganos de dirección estén reservados a una élite dirigente. Tenemos que tomar medidas que estimulen la participación, el flujo de la información, si queremos que IU funcione como un movimiento político y social y no como un partido clásico. El problema es que hay núcleos dirigentes que, sin decirlo, apuestan por convertir IU en eso. Lo que no tiene sentido es apostar por una Asamblea donde se vaya a sustituir una dirección por otra, sin operar los cambios estructurales necesarios.

Propones una nueva coordinación colegiada como un mejor método de funcionamiento. ¿Pueden cambiar de hábitos quienes llevan décadas empleando métodos burocráticos?

La clave para la supervivencia de IU es que en esta próxima Asamblea consigamos que la militancia tome en sus manos la dirección del proyecto. Hay que acabar con la consideración de determinados dirigentes como estructurales, que llevan siéndolo desde hace veinte años o más, y que parece que tienen un derecho eterno a seguir siéndolo. Si ahora no se produce esa participación de la militancia para conseguir la renovación en las formas de trabajar y en la composición de los órganos —y no es un problema de edades, sino de oxigenación de la organización—, no saldremos de esta situación. La dirección colectiva, en lugar de un coordinador, ni es la panacea ni va a evitar determinadas confrontaciones. Lo que puede hacerlo es el trabajo colectivo de dichos órganos. Tenemos tres años hasta las próximas elecciones, debemos tomarnos esta asamblea como el inicio de un proceso de recuperación y adoptar un método tan sano como hacer una asamblea todos los años, donde se dé la voz a la militancia y valoremos como van las cosas. No se trata de encontrar la piedra filosofal para cualquier situación, sino de tomar las medidas adecuadas para este momento y, si no lo hacemos, esta organización perderá más credibilidad, en primer lugar, entre sus militantes, y, en segundo lugar, ante la sociedad.

Nuestra mayor dificultad, precisamente, es llegar a esa capa de militantes, la mayoría, que no participan en la actividad cotidiana. ¿Cómo podemos convencerles de que participen, que no va a pasar lo que decía Lampedussa, «cambiarlo todo, para que nada cambie»?

Nunca habíamos estado tan mal como ahora, y ante una situación excepcional hay que tomar medidas acordes. No va a motivar a la militancia que al final vayamos a una Asamblea pactada entre los barones de esta organización, donde el debate le sea hurtado a la militancia por una Comisión que, en lugar de preparar esa asamblea, caiga en la tentación de determinar sus conclusiones. Es vital una movilización de los militantes y cuadros de IU para romper las dinámicas de poder y manejos entre barones y familias, en torno al reparto de cargos y puestos institucionales. Seguir con esos métodos es pan para hoy y hambre para mañana, y nos llevarán a desaparecer. Ahora, todavía conservamos una importante presencia autonómica, municipal y social, que nos puede permitir salir de esta situación si hay ese revulsivo interno.

Por cierto, los compañeros se ha quejado del criterio de incluir en la comisión 10 federaciones, dejando al resto fuera. Parece lo lógico que o entran todas o ninguna ¿Qué te parece?

Se está primando a los mayores aparatos de IU, en lugar de los distintos puntos de vista o realidades. Las federaciones pequeñas tienen menos recursos, pero más mérito porque es evidente que están ahí por convencimiento, pues hay poco que repartir. De hecho, están creciendo en votos y quizás refleje esa actividad militante. Esas federaciones deben estar representadas en la comisión, de lo contrario no reflejaría la realidad de nuestra organización.

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«Hace falta una revolución en IU»

Mayo 8, 2008 · Dejar un comentario

Entrevista a Alberto Arregui

Jordi Escuer / Nuevo Claridad

Alberto Arregui es miembro de la Permanente Federal de IU y miembro de la redacción de Nuevo Claridad. Tras las elecciones se ha opuesto a la Comisión elegida en la Presidencia Federal. En esta entrevista recogemos su valoración de los resultados electorales y la crisis de IU.

¿Cómo ves la situación de IU tras los resultados electorales de IU del 9-M?

Los resultados de las últimas elecciones muestran una crisis de IU que nos sitúa en el límite de nuestras posibilidades de supervivencia como proyecto político. No es sólo una crisis electoral, ni ha aparecido como un rayo en un cielo azul, es un paso más, pero un paso cualitativo, en un proceso de crisis permanente de nuestra organización que viene deslizándose hacia este desastre desde las elecciones de 1996.

¿Crees que el bipartidismo, la injusta ley electoral y/o el papel de los medios de comunicación explican el retroceso de IU?

La crisis de IU claro que puede justificarse con la propaganda bipartidista, el papel de los medios de comunicación, la ley electoral… pero estos factores siempre han existido en menor o mayor grado, y darles un carácter absoluto sólo nos llevaría a proclamar la imposibilidad de construir una alternativa anticapitalista, y claro, desde esa perspectiva sólo nos quedaría ser “exigentes e influyentes” con la socialdemocracia (como ha hecho un sector de la dirección de IU estos años), o incluso abrazar la fe neoliberal (como ha hecho públicamente Angel Pérez).

Nuestra tarea no consiste en justificar unos malos resultados sino que tenemos que estudiar y comprender los procesos sociales y políticos de fondo, y sus efectos en la sociedad. Asimismo debemos valorar si nuestra actuación política ha tratado de hacer frente a la presión a favor del sistema, que domina la sociedad, o nos hemos dejado arrastrar por ella. ¡No se ha tratado de un “tsunami bipartidista”, irresistible, inevitable e imprevisible! Más bien ha sido un oleaje que ha barrido nuestra costa durante años, y las direcciónes de IU -tanto federal como de las federaciones principales- en lugar de ponerle remedio ha dejado cada vez más debilitada la organización, en lugar de prepararse para luchar contra el bipartidismo (que desde luego existe), se ha debilitado en todos los frentes, en el de las alternativas políticas, en el de la movilización y en el de la militancia de base. Porque si fuerte es la caída de votos, más fuerte es, proporcionalmente, la caída de actividad de nuestras organizaciones de base.

¿Cómo caracterizas la crisis que padece IU?

Debemos decirlo claro: ¡la crisis de IU es, ante todo, una crisis de dirección! Pero usando el término dirección en su sentido más amplio: quienes han compartido las tareas de dirección y determinado las decisiones de IU en la última década en el ámbito federal. Necesitamos direcciones que sumen, que multipliquen la fuerza de la organización, y hasta ahora hemos tenido direcciones que restan, que desgastan. Y no es sólo una cuestión de Gaspar Llamazares, o de la dirección federal. Es mucho más amplio; el nivel de burocratización se ha reproducido y a veces es más penoso aún a escala local (como en el caso patético de la ciudad de Madrid).

Es también una crisis de incapacidad de análisis político: se dijo que los resultados de las elecciones municipales demostraban la fortaleza y recuperación de IU, cuando era todo lo contrario. Se han buscado tablas de salvación en la entrada en los gobiernos de Euskadi y Catalunya, o en pactos municipales, para «tocar poder» a cualquier precio.

Es una crisis, en definitiva, que muestra el fracaso de un concepto de hacer política, siempre determinados por la política del gobierno del PSOE, siempre profesionalizados, sometiendo la organización a los grupos institucionales, contando con las bases sólo para las campañas. Y es una crisis agravada por una dirección que ha sido incapaz de dar la voz a la militancia, de garantizar la democracia interna. Los derechos de los militantes han sido violados incluso en sus aspectos más elementales en casos flagrantes como Madrid, Asturias, Salamanca…y, como broche final, la dirección federal se unió a esta praxis antidemocrática de algunas direcciones regionales y pretendió torcer la voluntad de la militancia del País Valenciano, abriendo un capítulo más de crisis interna en la víspera de la campaña electoral y empezando una purga en la Permanente Federal.

¿De dónde puede venir el impulso vital que cambie la dinámica descendente en la que parece atrapada IU?

IU muestra una dirección, en sentido amplio, totalmente agotada, y sólo una revolución interna, desde las Asambleas de Base puede dar a este proyecto el aire fresco que necesita. Un cambio de abajo a arriba, en el sentido más literal de la expresión: todos los implicados en la política de IU en los últimos años deben apartarse de cualquier cargo dirigente en la organización, y poco a poco, también, de los cargos públicos.

Sólo de estas organizaciones de base puede venir la recuperación de IU como lo que es: la expresión de una necesidad política, de un arma de lucha contra el sistema, no podemos admitir que IU sea un apéndice crítico de la socialdemocracia, ni una plataforma para llevar a las instituciones a políticos que viven de esto.

¿Cuál crees que debería ser el eje político de esa revolución interna?

La definición anticapitalista, por la transformación socialista de la sociedad, la planificación democrática de la economía a través de la propiedad social de los principales medios de producción y financieros debe constituir la columna vertebral de la política de IU. No puede ser una declaración a guardar en un cajón. Tiene que impregnar nuestra política cotidiana, por ejemplo exigiendo la nacionalización de los sectores financieros y de los grandes monopolios empresariales, de forma inmediata. O exigiendo la existencia de empresas públicas de la vivienda, oponiéndonos a financiar la enseñanza privada o la sanidad privada con un sólo euro público, y tantas otras cosas.

Pero no basta con eso, debemos acompañarlo con una renovación de todos los equipos de dirección y con una estricta democracia interna. Está en los estatutos de IU, pero casi nadie lo cumple: la asamblea es el marco de donde deben partir las decisiones, de abajo hacia arriba. Ahora es justo al revés. Esa sería la revolución: todo el poder a las asambleas.

En la reunión de la Presidencia votaste en contra de la composición de la Comisión que debe preparar la próxima Asamblea Federal, ¿por qué?

Porque es un apaño entre los de siempre que deja a la base al margen. Si se dice que en la Comisión tienen que estar las Federaciones representadas no es aceptable que estén unas sí y otras no. O todas o ninguna. Sin embargo solo estarán 10.

IU no puede ser una unión de reinos de taifas, tal como sucede en la actualidad, ni puede aceptar que las direcciones apoltronadas, de dos o tres federaciones fuertes, «se pongan de acuerdo» para controlar la organización. IU tiene que ser una auténtica organización federal, con verdadera solidaridad interna, además de asumir su defensa de un Estado federal, plurinacional y republicano.

¿Por dónde empezarías tú esa revolución interna que preconizas?

Los censos deben limpiarse de abajo a arriba, el sistema es sencillo: se abre un período de inscripción para la participación en la Asamblea Federal, con una firma presencial y el abono de una cuota extraordinaria para sufragar este proceso.

Exigimos una renovación completa de las direcciones y de los representantes en las instituciones y que se aplique una severa incompatibilidad de cargos públicos con cargos de dirección en la organización. Los grupos institucionales deben trabajar no sólo de acuerdo, sino bajo la dirección de los órganos de IU en sus ámbitos territoriales. Debemos acabar con los privilegios de una élite. Os pongo un ejemplo: alguien puede no venir nunca a los órganos de dirección a trabajar y discutir, pero sí dispone de un cargo público, por ejemplo alcaldesa de una ciudad o portavoz de un grupo institucional, hace declaraciones a la prensa diciendo lo que quiera acerca de IU, sin someterse a ningún control democrático. Esto, además de lo que supondría de deslealtad, sería trasladar el esquema burgués de «la democracia» a la vida política en IU, y es inadmisible.

¿Crees que esa revolución interna puede garantizar el futuro de IU?

En última instancia, la crisis de IU es un resultado de los procesos en la sociedad, especialmente tres. En primer lugar la vuelta al capitalismo en los paises del Este de Europa, la vieja URSS y China, que ha tenido un efecto desmoralizador y ha agudizado la crisis ideológica de la izquierda. A esto debemos unir, algo relacionado, un largo período de auge económico capitalista que ha llevado a muchos dirigentes de la izquierda —incluida IU— a «aceptar» el capitalismo como el único sistema posible. Y en tercer lugar la falta de movilizaciones sociales, en gran medida como consecuencia de los anteriores factores objetivos y subjetivos.

Por tanto, en definitiva, sólo de la movilización en la sociedad, de los jóvenes, de las mujeres, de las familias obreras, puede venir un cambio social en el que podamos basarnos para poder convertirnos en una fuerza decisiva. Por supuesto, la condición es recuperar la confianza en la transformación socialista de la sociedad. Todo esto no se hace en un par de días, pero es una necesidad ineludible.

La condición previa para ello es la movilización interna, una verdadera revolución en IU, un cambio que coloque la lucha por la transformación social por delante de cualquier otro interés, que no frustre todas las energías y esperanzas depositadas en IU, sino que sea capaz de convertir el apoyo social que aún tenemos, de casi un millón de votos, en una palanca poderosa de transformación social.

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Propuesta de Julio Anguita sobre Izquierda Unida.

Abril 14, 2008 · Dejar un comentario

IU: un proyecto político en vías de extinción

Los resultados electorales del 9 M no han hecho otra cosa que evidenciar lo que ya era un hecho; IU no tiene más entidad política que sus siglas; una marca devaluada en el mercado electoral y mediático sin incidencia alguna en ningún sector social. La casi total pérdida de representación en el Parlamento no es otra cosa que un ajuste con la realidad.

El naufragio de IU comenzó a acentuarse cuando fue evidente para la opinión pública que estaba ante una organización carente de identidad específica y propia y por ello incapaz de fijar siquiera un mínimo estable de respaldo y apoyo.

Muchas cosas han cambiado en España y en el mundo desde que fue fundada el 27 de Abril de 1986, pero hay dos fundamentales: las consecuencias de la desaparición de la URSS y el giro de CCOO hacia un sindicato de servicios que comparte con UGT los favores de la administración. Y al hablar de las consecuencias quiero remarcar que me refiero a cómo estos hechos han sido vividos, cómo han sido introyectados en lo personal y en lo colectivo y cómo terminaron derivando hacia posiciones del borrón, cuenta nueva y superación de la fractura de 1920. En unos meses se borraron de la memoria la historia más inmediata y las evidencias del día a día político y sindical.

Precisamente su aparición como fuerza política venía a resítuar un espacio político en torno a dos ejes alternativos: El Programa como referencia para las relaciones con los demás y las otras formas de hacer política como el sello de una nueva alianza con la sociedad y especialmente con los sectores más dinámicos y avanzados de la misma. Estas dos características hacían del nuevo proyecto una entidad que pretendía crear instrumentos de intervención social en la política y en la actividad social desde posiciones orientadas a lo que vino en denominarse la Construcción de la Alternativa. Desde fuera vinieron pronto las operaciones dirigidas a insertar a la nueva fuerza dentro de la dinámica que el nuevo orden mundial preconizaba. El harakiri del PCI, la deriva hacia ese ejemplo de Iniciativa per Catalunya junto con las andanadas mediáticas en torno a las diversas denominaciones de la Casa Común las cuales contaban con grandes y sucesivas cabezas de puente en el interno de IU, marcaron con el estigma de la crisis permanente a la nueva organización. Desde entonces IU ha estado debatiéndose entre la consolidación de su manera específica de ser y la llamada hacia lo inerte: la homologación con el status político buscando en él la legitimidad y la normalización.

A pesar de las dificultades IU se desarrolló y avanzó electoralmente. Eran los tiempos del 14 de Diciembre, la Propuesta Sindical Prioritaria y la Iniciativa Sindical de Progreso. También eran los tiempos de un PSOE que evidenciaba la corrupción, el crimen de Estado, las privatizaciones, las desregulaciones y la beautiful people. El hecho de que a pesar de estos escándalos el PSOE mantuviera un suelo electoral muy alto debió servir de advertencia acerca de que el trabajo preferente de IU debiera hacerse en el seno de la sociedad, de las organizaciones obreras, de los colectivos alternativos y culturales. Era aquí donde el Movimiento Político y Social mostraba su necesidad de ser y trabajar.

Las alianzas y acuerdos con CGT y USO en torno a las 35 horas reiteraban la lección; IU no debía tener más referente sindical que el marcado por las luchas de cada día, los programas y las alternativas. IU sólo podía avanzar a partir de entonces si ella misma creaba y ampliaba el terreno sobre el cual su rareza política podía enraizarse, crecer y hacer cambiar el entorno. Instalarse en la lógica de cualquier fuerza parlamentaria y desde luego en la del PSOE y su discurso bifocal, era la muerte anunciada.

Dudando entre qué camino escoger o lo que es peor, picoteando de unos y otros, las características de IU comenzaron a difuminarse y la confrontación interna entre visiones parciales e interesadas del proyecto se multiplicó, se transformó en una serie de luchas endogámicas por razones más cercanas a las listas electorales que a otra cosa.. Y puestos en ese camino, optando por la vía de la lucha exclusivamente institucional los Estatutos, la democracia interna, la ética y la honestidad política que hacía tiempo venían degradándose empezaron a gozar de unas largas vacaciones. Recordemos las diferencias en cuanto a contenidos, alianzas estables, rigor y claridad entre el debate sobre Mäastricht y los otros muchos que le han seguido.

En el seno de IU comenzó a abrirse paso de nuevo la vieja idea de ser diferentes y diferenciados sin abandonar tampoco el rol que el PSOE y sus influencias habían montado en torno al bipartidismo; IU quiso ser la otra cosa pero dentro de un orden. En función de ello el viejo lema del discurso rojo, verde y violeta pasó a ser la denominación de una nueva entidad, el proyecto eco-socialista. Y de nuevo el viejo proyecto confederal de las Izquierdas Periféricas como posibilidad de frenar la caída electoral y crear una confusión calculada que sirviera las diferentes y a veces contrapuestas clientelas electorales.

En los últimos años, y ya en plena pendiente, los síntomas de muerte se han multiplicado: la supuesta federalidad ha sido sustituida por taifatos y cuotas de poder (aunque este problema venía de muy lejos), los grupos enfrentados nunca han constituido alianzas estables sino aleatorias y en función de las mejores tajadas en cada lista electoral. Quiero decir que nuestro proyecto de Estado Federal Solidario no ha sido aplicado en nuestra organización. Creo también que su existencia es tan ignorada como la Alternativa Energética, los 11 puntos o los análisis (y propuestas consiguientes) hechos sobre la UE.

Y lo que desde luego constituye un dogal para la asfixia total es la deuda que sin ingresos medianamente importantes, puede ser la puntilla que acelere la agonía.

¿Hay solución?

Desde hace varios años vengo diciendo que el proyecto de IU tal y como se está desarrollando, estaba muerto y que debíamos prepararnos para ese acontecimiento. No creo que con asambleas ordinarias, métodos clásicos y prácticas rutinarias se salga de esta, al menos como una fuerza política mínimamente estructurada, con una cierta solidez y como proyecto para el Estado Español. Las siglas podrán continuar durante algún tiempo en las CCAA y en las Administraciones Locales, pero irán siendo sustituidas paulatinamente por alianzas electorales de creciente color localista sin más aspiración que ser una bisagra recompensada con cicatería por el PSOE.

No, no hay razones ni siquiera indicios de una recuperación o de una posibilidad de remontar la deblacle, en ningún sitio. No nos engañemos con las lecturas de males menores, de avances sobre el mismo ladrillo o de pruritos en dar lecciones magistrales. Los resultados han sido malos, pero si además se presentan como victorias siguen siendo malos y además acompañados de la ceguera. Aquí y por ahora, no valen las comparaciones entre el ciego y el tuerto. El pesimismo con el que vemos la situación está más que fundamentado; no sólo por la curva decreciente de los procesos electorales sino por algo mucha más grave que eso: la degradación de la vida política, orgánica e incluso de relaciones personales en el seno de la organización. Creo que confiar en que la Asamblea venidera sirva para solucionar el problema es un ejercicio de candor. Hay un proyecto o si queréis una aspiración, a hacer de IU un trasunto confederal de una formación eco-socialista de viejísimo cuño en cuanto las relaciones de la misma con la sociedad y la opinión publicada. Las llamadas desde los medios de comunicación a la renovación, la apertura a la sociedad y a la izquierda plural acompañadas de la satanización de las siglas PCE ( como si los almuédanos de este mensaje no fueran en su mayoría también del PCE) forman parte de una técnica que hemos sufrido demasiadas veces en IU y en esta casa. Frente a esto no hay proyecto alternativo; hay cenáculos, movidas, alianzas que flor de un día, han durado lo que han tardado la confección de las listas. Es más, las invocaciones a palo seco a conceptos y expresiones como Movimiento Político y Social, Elaboración Colectiva o Democracia han sido manidos incumplidos cuando no prostituidos y será difícil limpiarlos de tantas excrecencias e impurezas.

Y sin embargo

Sobre esta tierra yerma parece casi imposible cultivar nada viable, serio y con pretensiones de durabilidad y muchísimo menos de ser instrumento de liberación social. Sólo hay un punto de posible regeneración que viene dado por la constatación de dos realidades:

1ª- El campo de acción para una fuerza política como la que pretendió ser IU es tan vasto como un océano. En él se inscriben movimientos de todo tipo que pretenden con sus luchas y sus actividades hacer bueno aquello de que “Otro mundo es posible”. Pero hace falta una organización política que respetando esos movimientos y trabajando lealmente con ellos realice una labor que demuestre como la intervención política no es otra cosa que la intervención de la sociedad para hacer de la Política sinónimo de Transformación social.

2ª- SOBRE LOS TRABAJADORES Y ASALARIADOS SE CIERNE, SO PRETEXTO DE LA CRISIS, UNA DE LAS MAYORES AMENAZAS DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. LA RECESIÓN ES UN HECHO. EL PARO AUMENTA. LOS GOBIERNOS EUROPEOS CLAMAN POR REBAJAS SALARIALES Y LA FLEXI-SEGURIDAD ES YA UN PROYECTO CUYA APLICACIÓN SE PRESENTA COMO INEXORABLE. MILLONES DE HOMBRES Y MUJERES VAN A SOPORTAR UNA AGRESIÓN QUE LOS CONDENARÁ A SITUACIONES DE PRECARIEDAD, EXCLUSIÓN Y MARGINACIÓN EXTRAORDINARIAS. AHÍ ESTÁ LA DERECHA; NO NOS CONFUNDAMOS POR LAS SIGLAS.

Esta situación a la que los trabajadores y asalariados se van a ver abocados y dentro de ella los colectivos más débiles (mujeres, jóvenes, pensionistas, etc) nos exige, nos clama y nos obliga so pena de traición a nuestra historia y al legado de tantos luchadores, a cambiar radicalmente y Esta coyuntura que se avecina puede y debe ser el agente externo que provoque lo que aún pueda quedar de vivo y nos convoque para sellar una alianza de compromisos en torno a la REFUNDACIÖN de IU.

Y esta Refundación sólo es posible desde un previo acto personal, intransferible y de compromiso a comenzar de cero que se condense en una atmósfera colectiva de voluntad interventora con los mecanismos políticos y las actitudes de una nueva práctica militante. Sin esto que debe ser preceptivo, no se podrá poner en marcha el resto. Estoy llamando a la responsabilidad y a la aceptación sin límites de unas reglas de juego democráticas y del resultado que del debate surja. La propuesta

La Asamblea federal próxima debe hacer en dos fases.

Primera fase

Desde el acuerdo en la necesidad de volver a empezar a causa de la excepcionalidad del momento, se imponen los siguientes pasos o fases:

1º- La Refundación de IU no puede hacerse en clave endogámica, sería un comienzo estéril. Es preceptivo hacer una Convocatoria abierta a colectivos, personas, ex –militantes, etc para comenzar un proceso ( que puede tener varias denominaciones) por el cual se debatirán y fijarán los ejes, compromisos y características de la nueva IU.

2º- Y ello implica como prenda de cambio y de nuevo comienzo la renovación de al menos el 50% de todos los órganos de dirección, desde la Federal hasta la agrupación básica con las condiciones y plazos que se fijen, pero antes de la primera parte de la Asamblea. Aquellos que hemos ejercido de responsabilidades durante años deberíamos pasar a una segunda fila y desde allí dar el rendimiento, el apoyo y la lealtad a las nuevas direcciones.

3º- Desde este momento la primera parte de la Asamblea debate y desarrolla los puntos y ejes que estructurarán a IU. A mi juicio son los siguientes:

3.-1 IU, Movimiento Político y Social Organizado que fija su objetivo en la permanente Construcción de la Alternativa a la sociedad, el Estado, la cultura existente y los valores dominantes. La superación del Capitalismo tendría como proyecto inmediato de trabajo la consecución de los objetivos que ya marcamos en IU: Una sociedad de Pleno Empleo de calidad. Una Economía desde la óptica del Desarrollo ecológicamente sostenible. Una Protección Social plena. Reparto del Trabajo. Y junto a ello las acciones de política económico-fiscal necesarias para ello.

3.-2 Democracia Radical en IU. Publicidad permanente de los censos de militancia y libre acceso para quien quiera consultarlos. Reglamentos que fijen con precisión la publicidad de los acuerdos orgánicos hacia la militancia, que regulen el régimen se sesiones, deliberaciones y acuerdos así como la información previa y documentada en cada sesión. Revocación de los cargos públicos por las asambleas competentes u órganos competentes que los eligieron como candidatos en las elecciones. Elección de direcciones tras la presentación de un programa del que rendirán cuenta en las sesiones habilitadas para ello. Finanzas claras, transparentes y co-responsables. Militancia efectiva según posibilidades.

3.-3 Elaboración Colectiva. Esta seña de identidad no es sino la aplicación en el marco de lo concreto de la alianza social en torno a objetivos, métodos y valores. Sin que los ciudadanos participen en la elaboración de las soluciones para sus problemas no habrá nunca conciencia de la realidad, sus límites y el papel que la Democracia tiene en el cambio social. Pero la elaboración colectiva no es la creación de un gabinete de asesores que elaboran papeles para los cargos públicos es básicamente un mecanismo de participación democrática en las decisiones de IU, es un mecanismo de aportación e intervención en las líneas de actuación de la actividad política y social y también en las políticas a realizar en las instituciones. Las Áreas como un mecanismo de elaboración (pueden haber otros más) deben ser organizadas de tal manera que los militantes y dirigentes participen en ellas habitualmente. En las elaboraciones que sobre ellas hemos en IU hay material suficiente para concretar su organización, funciones y participación política.

3.-4 IU es una fuerza política de carácter federal. Y esta apuesta que proviene de nuestra concepción del Estado no significa otra cosa que otra forma de concebir el acuerdo de un Estado unitario que busca su cohesión desde el consenso el acuerdo, la atribución clara de competencias, funciones y responsabilidades. La federalidad es incompatible con los taifatos. Una idea debe quedar clara: la federalidad es un reconocimiento a la diversidad pero en el marco de una visión común de la Transformación social. La transitoriedad de Estados , nacionalidades y entes territoriales ante la concepción de un mundo nuevo, solidario y sin fronteras debe estar siempre presente.

4.-4.- Escrupulosa legalidad. Una fuerza política que se pretenda democrática debe guiar sus actuaciones internas y su funcionamiento por el respeto y ejercicio de la legalidad. Estatutos, reglamentos, régimen de sesiones y toma de acuerdos deben ajustarse totalmente a las reglas de juego estatuidas libre y soberanamente por el colectivo. Las comisiones de Garantías no pueden ser concebidas con órganos para salir del paso cuando no como cementerio elefantes. Es inadmisible que los Estatutos sufran cambios para legalizar acciones o situaciones que contradicen abiertamente los principios éticos y políticos de IU.

4.-5.- IU no puede definirse por una serie interminable de adjetivos. La aceptación y desarrollo de los DDHH en sus tres generaciones, la asunción en la teoría y en la práctica de otras aportaciones a la causa de la plena emancipación humana es una seña de identidad irrenunciable para cualquier organización que pretenda ser revolucionaria o transformadora. Desde hace muchos años explicitamos que nuestro discurso es rojo, verde y violeta. No sigamos añadiendo adjetivaciones al sustantivo fundamental. Asumamos la historia del movimiento obrero y los nuevos proyectos de liberación. IU es un proyecto de Izquierda, sin más.

4.-6.- IU no tiene más referencias sindicales que las derivadas de las alianzas coincidencias y movilizaciones que en cada momento puedan producirse El Programa estratégico, la coincidencia táctica, la acción puntual o la coyuntura favorable para una movilización acorde con los intereses de los que aspiramos a representar, es la única pauta para cualquier tipo de relación política y sindical.

4.-5.- IU se define como una organización republicana. La condición republicana de IU no es una mera adjetivación para la galería. La organización debe fijar en sus Estatutos, discurso y práctica política su decidida voluntad de que la III República española sea una realidad mediante el acuerdo activo, la participación democrática y la divulgación ciudadana de los valores, ética y contenidos de la Constitución de la III República. Nuestro republicanismo no está hecho de nostalgias sino de proyectos para hoy. El desarrollo de esta decisión implica una serie de actuaciones, formas de trabajo y expresiones públicas que sin caer en estridencias gratuitas manifiesten firme, serena e inequívocamente nuestra entidad y nuestra propuesta a la ciudadanía. En consecuencia uno de los trabajos de IU debe ser colaborar y aportar en la puesta en marcha del proceso constituyente de la III República.

Una vez que estos puntos hayan sido discutidos, asumidos y sistematizados en una única Tesis político- organizativa la primera parte de la Asamblea los aprueba y pone en marcha el desarrollo de los mismos.

Segunda fase. Una vez que la primera fase haya sido culminada se procederá a la convocatoria de la segunda. En ella se ratificarán lo hecho como desarrollo de la primera y se aprobará una Tesis político-organizativa para los años siguientes hasta la próxima Asamblea. Pretendo con esta distinción separar lo que para mí constituye una invariante, los principios de IU que no pueden estar siempre al albur de cualquier Asamblea, de las líneas políticas y programas que constituyen el mandato para casa Asamblea específica. En esta segunda fase las direcciones deben, con el mismo método que la anterior, proceder a su renovación en un 25% de lo que anteriormente no se renovó y al porcentaje o casos particulares que se estimen conveniente de los anteriormente renovados. Los Estatutos deberán fijar los años de duración de los mandatos.

Esta es mi opinión y mi propuesta. Sé que al hacerla puedo levantar suspicacias incluso escándalos pero creo que es la única manera de poner en pie una necesidad.

Comité Federal del PCE 12 de abril del 2008

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Sobre la situación de Izquierda Unida y la próxima Asamblea Federal

Abril 10, 2008 · Dejar un comentario

Unión de Juventudes Comunistas de España / jueves, 10 de abril de 2008

1. Los resultados electorales han reabierto la sempiterna crisis en IU. Poco se puede añadir a lo que todas y todos sabemos. Son los peores resultados de nuestra historia. Y nuestros referentes están peor que nunca. Esta situación es peor que la de 1982 o 2000. Hay menos Partido, menos sindicalismo de clase y menos movimientos sociales.

En 1982 el Partido pudo reagrupar sus fuerzas en la estrategia de la convergencia política y social gracias al empuje del movimiento anti-OTAN y sin haber perdido su influencia sindical. En 2000, IU pudo vivir del cuento de la lechera por la movilizaciones contra la guerra, la LOU, la huelga del 20-J o el Prestigie, pensando que esa potencia movilizadora se transformaría mecánicamente en apoyo electoral sin mediar la intervención política organizada y unitaria de los instrumentos de lucha.

Este no es el fracaso de una persona o de un equipo, sino de una política que ha sido aplicada por muy distintas personas y equipos. A ellos en su conjunto les corresponde la responsabilidad.

Si Izquierda Unida se encuentra en una crisis de proyecto, entonces la autocrítica debe ser enérgica, profunda y afectar a todas las instancias, especialmente las que más responsabilidad han asumido por su condición de principal fuerza dentro de IU. Otra cosa sería falsear el debate.

Políticamente, lo hemos dicho ya todo: no hay espacio electoral para la estrategia del compromiso histórico, de ser el apoyo por la izquierda de la alternancia. Eso fomenta el bipartidismo, más, que cualquier debate electoral a dos.

A ello también ha influido otra nefasta política de comunicación. Si con Anguita, el interés de El Mundo y ABC era dar presencia a IU para erosionar al PSOE, con Llamazares PRISA ha dado minutos y páginas a IU para que viviera de la ilusión de un trato preferencial que ha acabado por revelarse un abrazo del oso.

Poco que decir a cerca de la Ley Electoral: la misma ley dio a IU 21 escaños en 1996, con un 10’4 %. Seguía siendo injusta, pero al menos, nosotros habíamos hecho los deberes y no nos dedicábamos a echar balones fuera a los tsunamis o leyes pactadas desde la transición. Tenemos que dejar de vivir de la ilusión de que el PSOE reformará la ley cuanto más amables seamos con ellos cuando es justo al revés: cuanto más cerca estemos del PSOE más irrelevantes seremos y menos necesidad habrá de de reformar la ley.

Dada esta situación, es imprescindible volver a empezar. Desde el principio. Zambullirnos en lo social desde nuestra estrategia política. Huir de cualquier tentativa de mantener lo poco que queda del status quo interno, de la inercia de seguir en las mismas. Sólo desde el impulso de la militancia podremos salir de esta situación. Si esperamos que el impulso salga de las instancias mediadores, sean federaciones o lo que sean, volveremos a equivocarnos. Eso es lo que ha destruido IU. Eso, y creer que construir la alternativa es negociar un par de leyes con el PSOE u obtener dos ministerios.

Sin querer ser pesimista, las cosas están lejos de haber tocado fondo. Podemos ir peor. Las contradicciones no se han manifestado con la suficiente contundencia y violencia como para que se dé una rectificación profunda, estratégica, organizativa y personal.

Es agotador repetirlo, pero lo haremos una vez más: ninguna solución saldrá del acuerdo entre aparatos. El pacto de las federaciones, el acuerdo entre aparatos, barones, jefes de capilla o como sea que se llame a la continuidad de los errores podrá arroparse por enésima vez de un discurso alternativo, obrerista o lo que toque, pero no pasará de ser lo que es: un reparto de la miseria.

La celeridad en la convocatoria de la IX Asamblea, los movimientos en prensa y las declaraciones de unos y otros confirman el pronóstico. Se quiere ir a una Asamblea atada y bien atada.

2. Esa no es nuestra opción. Nuestra opción es aquella que permita un debate a fondo, estratégico y democrático. Un debate sin tabúes ni cortapisas ni, sobre todo, que quiera ser punto y final. La próxima Asamblea debería cerrar el proceso de descomposición y abrir el de recomposición sobre la base política de la construcción de la alternativa al neoliberalismo en forma de III República con Democracia Participativa. Es decir, una Asamblea que reciba el único mandato de abrir un largo proceso constituyente, para lo que deberíamos contar con una dirección unitaria e integradora. Un proceso que trascienda la IU actual, que abra una nueva convergencia.

Condición indispensable para iniciar cualquier proceso de reconstrucción el fin del estado de sitio interno en IU, acabar con la permanente interinidad en la que está embutida la organización desde la VIII Asamblea. Es imprescindible para recuperar la normalidad interna y la credibilidad la readmisión de todas las y los expulsados, señaladamente nuestros camaradas de Salamanca y Asturias.

En este contexto, las y los comunistas (PCE y UJCE) deberíamos afrontar ese debate con el máximo grado de cohesión, nacida de un debate orgánico. Es absurdo que las y los comunistas vayamos a cohesionarnos con la pluralidad política y social dentro y fuera de IU sin estar nosotros mismos cohesionados ya de entrada.

Las y los comunistas debemos tener una línea estratégica que sepa articularse en las realidades concretas y que posea la necesaria flexibilidad táctica. Esa flexibilidad debe ayudar al objetivo, no sustituirlo, y reforzar el perfil de los comunistas como sujeto dentro de IU como movimiento político y social.

No debemos perder nunca de vista lo más esperanzador, y es que hay espacio social y político más que de sobra como para poner en pie un proyecto alternativo al neoliberalismo. Y perspectivas de lucha en el horizonte. Pero hay que tomar consciencia de los cambios operados en lo social. La necesidad de afrontar las nuevas problemáticas sociales y ser capaces de convertirlas en subjetividad creadora, transformadora, revolucionaria.

En definitiva, las tendencias y condiciones objetivas están ahí, muertas de risa, esperando a que alguien las organice y las convierta en potencia creadora, a que se intervenga políticamente sobre ellas para recomponer al sujeto revolucionario.

Como UJCE tenemos un buen bagaje teórico y práctico para enfrentarnos a esta coyuntura. Pero necesitamos instrumentos aglutinadores, convergentes, de elaboración colectiva (como fue IU) e instrumentos de impulso, hegemonía, vanguardia y vertebración (como debería ser el PCE).

Lo que nos toca es seguir en la calle construyendo movimiento juvenil combativo que luche contra la precariedad, que sirva de base real para la convergencia alternativa. A la hora de criticar una práctica que ha fracasado por su carácter destructivo, hay que oponerle otra práctica creadora. Eso es lo que podemos aportar a un proyecto de convergencia política y social: estar en situación, estar en los movimientos sociales, conocer su realidad.

Sin rechazar otras opciones, como es la de impulsar desde la cohesión con el Partido un movimiento que posibilite la recuperación real del proyecto, vamos a seguir trabajando sobre nuestro discurso, desarrollándolo, aplicándolo y contrastándolo con la práctica a través de la acción política.

Extracto del Informe Político aprobado por unanimidad en el CC de la UJCE del pasado 29 de marzo.

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Izquierda unida se abstendrá en la investidura de Zapatero: ¿Hemos aprendido la lección?

Abril 10, 2008 · Dejar un comentario

Manuel Monereo Pérez | 09-04-2008 | Artículos de Opinión

Resulta increíble que una fuerza que se califica a sí misma de transformadora, alternativa y pacifista, se abstenga la investidura de Zapatero cuando practica este practica una política militar atlantista y guerrera.

El único diputado de Izquierda Unida se abstendrá en la investidura de Zapatero por decisión de la Permanente de la organización. El avance parece enorme: del sí a la abstención. El voto “no” fue rechazado por razones que ya son muy conocidas. La primera y fundamental, no coincidir con el Partido Popular. La segunda, más sofisticada, parte de interpretar que los votantes de IU han conseguido un gran éxito al impedir que el PP gane y que verían muy mal que coincidiéramos con la derecha. La tercera es más interna: la abstención es el punto medio de la organización y, por lo tanto, el que consigue mayor consenso.

Hasta aquí todo normal y las argumentaciones son las que se vienen sucediendo, al menos, en los últimos cuatro años. Hay un pequeño problema: IU ha obtenido los peores resultados electorales de su historia y se encuentra política y organizativamente al borde de su desaparición. Sin embargo, lo más significativo es que una fuerza como IU se pueda abstener en un debate tan importante y unos momentos en los que el modelo de crecimiento se encuentra en crisis, la inflación se dispara y elparo aparece como una amenaza real para miles de hombres y mujeres. Es más, IU ha realizado una campaña electoral criticando duramente las propuestas socioeconómicas del Partido Socialista, denunciando el giro delgobierno de Zapatero a la derecha y anunciando nuestra oposición más resuelta. Eso sí, se añadía que esta vez queríamos ministerios y que optaríamos por una vicepresidencia de sostenibilidad ecológica.

Lo que resulta increíble para una fuerza que se califica a sí misma de transformadora, alternativa y pacifista, es que nos abstengamos en la investidura de Zapatero cuando practica una política militar que incrementa sustancialmente los gastos de defensa, nos mete en la guerra de Afganistán y que, sin complejos, acaba de aprobar el despliegue del llamado “escudo antimisiles de la OTAN” y la ampliación a nuevos miembros de una organización presuntamente defensiva dirigida a contraponerse a un Pacto de Varsovia que ya no existe.

No puede extrañar que esta política se relacione con la aprobación del tratado de Lisboa que profundiza en el carácter neoliberal del proceso de integración y que anuda la dependencia de nuestro continente a los intereses del imperio norteamericano.

Abstenerse ante un marco político así definido pone de manifiesto hasta qué punto ha avanzado la disolución política, organizativa y moral de IU. Si algo nos enseñó Julio Anguita en aquello de “programa, programa y programa” era que la autonomía (en positivo y a la ofensiva) de IU, se basaba en una propuesta colectivamente elaborada y defendida públicamente con orgullo y con dignidad. Programa significaba el consenso de la propia organización en torno a valores y principios, un pacto con los y las votantes y el fundamento de cualquier política de alianzas. No se pactó con el PSOE de Felipe González porque no estábamos de acuerdo con la política que realizaba y porque no era posible una convergencia programática sin traicionar los propios principios de IU. La autonomía de IU se fundaba en nuestra capacidad para sintetizar una propuesta y defenderla con coherencia. Votar en tal o cual sentido solo y fundamentalmente por no coincidir con una u otra formación política siempre pensamos que era un error y nos condenaba a la subalternidad.

Para muchos esta herencia tiene que ser recuperada en la próxima Asamblea de Izquierda Unida.

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